“Todo el mundo habla del “yo estuve”, “yo vi aquel partido”, “vi a Arrúa”… pero no de La Romareda, de su nacimiento. Que lo tiene”. Casi 70 años después, el Real Zaragoza se despide de su casa, de su Municipal tal como lo conoce. Ese que nació para acoger los partidos de un equipo campeón, admirado en toda Europa. Y cuya chispa nació del zaragocismo.
Los sencillos terrenos de labranza se convirtieron, poco a poco, en un escenario de grandes gestas del Real Zaragoza. Por otra parte, las edificaciones y la ampliación de la gran ciudad puso fin a todo campo de agricultura. A estas alturas, nada es como entonces.
Ángel Aznar, historiador y expresidente del Real Zaragoza, cuenta para Aragón Digital los orígenes de un estadio a la postre histórico. “Yo nací en 1947 y La Romareda es del 57. Vivía en la calle de los Estudios, enfrente de la quesería (Bar Estudios). De niño me llevaron a vivir a unas casas de sindicatos al lado de Salesianos. Allí conocí a los que cuidaban los terrenos de La Romareda antes de que fuese un estadio”, cuenta.
La pregunta, por tanto, es qué había en lo que hoy es La Romareda. Y la respuesta es sencilla: todo campo. Quienes cuidaban esos terrenos se dedicaban a la labranza. “Les llamaban los patateros”, explica Aznar, recordando que vivían en una era con casas. Justo donde está el Hospital Clínico Lozano Blesa.
El Real Zaragoza, claro está, hasta el 57 jugaba en Torrero. Pero a pesar de que en su origen los terrenos y campos de patatas desconocían lo que posteriormente sería La Romareda, ya se dejaba adivinar algo.
“La Romareda ahora ha sufrido lo mismo que cuando se fundó. Hubo gente que quería el cambio y otros que no, pero aun así había mucha necesidad”, explica el expresidente e historiador.
El Real Zaragoza, el que surgió en 1932, cuando se fusionó con el Iberia, los avispas, se fue a jugar a Torrero. Y cuando se juntaron los dos equipos, se quedó pequeño. Las gradas eran “estratosféricas” y la gente de cierta edad no podía subir. Era complicado acudir al fútbol en determinados casos.
LAS PRIMERAS PIEDRAS
Ya en 1941, el presidente Francisco Caballero, a la postre alcalde de Zaragoza, observó que había problemas en Torrero, que se necesitaba un campo nuevo. De ahí data la primera maqueta, pero no se llegó a nada.
El siguiente paso fue en 1948, con Julián Abril. “Compró el campo de Torrero porque estaba alquilado y, cuando fue concejal, se hizo con los terrenos donde está La Romareda”, explica el expresidente. Ahí sí, por fin, se daba el primer paso.
Los datos de la compra fueron importantes. Se trataba de 80.000 m², de los que 30.000 fueron para La Romareda y el resto sería para ampliar la Feria de Muestras, actual Cámara de Comercio. Como curiosidad, esa zona de campos para labrar ya se denominaba Miralbueno.
Ahí quedaron… hasta que Cesáreo Alierta ocupó el cargo de presidente del Real Zaragoza en 1952. “Cuando llegó había graves problemas económicos. Para poder pagar hubo que vender Torrero por seis millones, cuando se había comprado por 1,5. Pudieron pagar… pero se quedaron sin campo”, sostiene Aznar.
En un inciso, Aznar resalta la importancia de los nombres. Cesáreo Alierta, Gómez Laguna, Alcalde Caballero… todos son nombres de relevancia en la capital aragonesa. Con calles y reconocimientos.
¿Y SU NOMBRE?
Vendido Torrero, el Real Zaragoza se quedó sin campo. “Rápidamente, Cesáreo Alierta y el alcalde Gómez Laguna, a quien le gustaba el fútbol, iniciaron conversaciones para hacer La Romareda en un terreno ya comprado. Ahí empezó a funcionar la idea”, explica Aznar.
Conforme la idea fue avanzando y comenzaba a convertirse en una realidad, emergió un nuevo asunto: su nombre. Había muchas dudas “con respecto al nombre del nuevo campo en la zona de Miralbueno”. Y un semanario, Zaragoza Deportiva, “solicitó a que les enviasen propuestas”. Hubo cientos de ellas.
Las propuestas iban desde Agustina de Aragón o General Palafox hasta mantener Torrero… y ya hubo uno que dijo La Romareda. “Gómez Laguna dijo que era mejor no ponerle nombre de persona, sino de la zona. Y como pasaba por ahí la acequia de La Romareda, donde yo me he bañado, se utilizó”, recuerda. Como anécdota, Aznar remarca que “se discutió que el nombre fuese femenino”.
Por esta cuestión surgió una jota que se hizo popular. “Porque lo dice el alcalde, me llaman La Romareda; en siendo campo de fútbol, que me llamen como quieran”, decía la misma.
En 1957 se inauguró ante Osasuna, con resultado de 4-3 y un primer gol de Vila. Ese día, por supuesto, el estadio contó con la bendición, una jota y un saque de honor que ejecutó Gómez Laguna. A partir de ahí, llegaron los triunfos.
CURIOSIDADES
Como curiosidad, La Romareda es una obra de ingeniería complicada. Está perfectamente orientada y se tuvo en cuenta el movimiento del sol, el viento, la disposición más acorde, el cierre, la altura ideal para ello, el hundimiento…
De hecho, uno de los aspectos que le genera curiosidad al expresidente en el estadio portátil donde el Real Zaragoza tiene previsto jugar dos años es este. Está “sobre plano, sobre la tierra”, y “no está cerrado”, así que “a ver qué puede pasar”. Confía en que “no venga una ‘volada’ de cierzo y se lleve el balón al Ebro”.
Cuando Aznar fue a vivir a la zona de La Romareda, hizo un equipo con los del barrio. En él formó Angel Royo, que era de los patateros de la zona. De ahí salieron el expresidente y el lateral izquierdo del Real Zaragoza.
Y de ese Municipal, que apenas era un campo de labranza, se pasó a un lugar de gestas. De tumbar a los grandes. Normal, porque el Real Zaragoza era uno de ellos. Ahora, se dice adiós al estadio, dando paso a una nueva época de La Romareda…