Incómoda escena la vivida este miércoles en la Audiencia Provincial de Zaragoza en el juicio por el doble intento de asesinato a un padre y su hijo durante un tiroteo vivido en el barrio de Torrero en el verano de 2023. Jesús Rafael Hernández Dual, alias el Paletas, descerrajó hasta siete tiros de pistola desde su coche y a plena luz del día por unas supuestas rencillas previas entre familias. El Paletas, protagonista indiscutible de la jornada y que se enfrenta hasta 27 años de cárcel, se ha mostrado ante los magistrados como una persona fuera de sí, llegando incluso a intentar autolesionarse con las esposas. Asistido por un psicólogo, su defensa ha intentado suspender el juicio al considerar que su representado tenía una considerable discapacidad. Ante la negativa de los jueces, testigos y policías han descrito la brutalidad del crimen: “Fue un ataque sorpresivo, brutal, como si de una ejecución se tratara”.
Antes si quiera de que la magistrada Nicolasa García, de la Sección Tercera, diera paso a las partes para preguntarle, el Paletas ha comenzado a gritar y lanzar verborrea llegando incluso a negar lo sucedido. “No es cierto, el mal me lo hicieron ellos a mí”, ha respondido a la jueza al ser inquirido si sabía por qué estaba hoy en sala. “Quiero que me ejecuten en Madrid delante de toda España, para que vean el racismo que hay”, ha seguido el procesado en un incipiente estado de enajenación, teniendo que ser tranquilizado por un psicólogo que no se ha separado de él en todo el juicio y custodiado por dos agentes de Policía Nacional.
“Me tratan mal en la cárcel y me quitan la medicación. No puedo suicidarme por mi religión, así que me ejecuten”, ha continuado el Paletas, quien sufre de una enfermedad mental grave. “Yo no puedo defender así a mi cliente. No todo vale, señoría” ha llegado a manifestar su letrado defensor ante el tribunal. Una vez el Paletas se ha tranquilizado, ha comenzado la retahíla de preguntas, cuestiones y testimonios para rememorar aquella violenta mañana del 28 de julio de hace dos años, donde dos personas casi pierden la vida. Y quizás haya sido eso lo que no quería afrontar el acusado, pues las testificales se preveían duras.
Sucedió cuando José F. G., alias el Chiqui, se encontraba descargando la compra del coche junto a su mujer, su hijo de once años y su otro hijo mayor, quien padece de hemiparesia. Con el maletero abierto y delante del portal de su casa, el número 51 de la calle Lasierra Purroy, en Torrero, la familia se vio asaltada cuando el Paletas apareció montado en un Citroen Picasso y dijo “¡Chiqui me cago en tus muertos!”, antes de disparar al patriarca por la espalda mientras aminoraba la velocidad de su vehículo. Al Chiqui aún le dio tiempo de girarse para ver la cara de su agresor (que iba provisto de peluca, diadema y gafas de sol), aunque solo para recibir más tiros en el abdomen antes de caer desplomado. Su hijo mayor también recibió al menos dos tiros más, en su pierna y brazos buenos.
“NOS HA ROTO LA VIDA, TENGO MIEDO DE QUE SALGA Y VENGA A MATARME”
“Nos ha roto la vida, tengo miedo de que este hombre salga de la cárcel y venga a matarme otra vez”, ha dicho el Chiqui ante los magistrados. A consecuencia de la balas, pasó doce días en la UCI más otra semana de hospitalización. Provisto de una prótesis reemplazable, alega tener secuelas físicas como mentales. “Cada vez que veo un coche acercarse hacia mía recuerdo lo que sucedió”, ha señalado el patriarca. “Es él quien me disparó, el mismo”, ha asegurado su hijo ante las preguntas del fiscal en referencia a si el Paletas fue quien ejecutó los disparos. “Lo de los tiros se me queda hasta que me muera, ahora me caigo cada dos por tres”, ha dicho la misma víctima.
“Al escuchar los disparos me tiré al suelo pensando que habían matado a mi marido y a mi hijo”, ha apuntado la matriarca, quien sostiene que todos los miembros de la familiar, incluido el menor que presenció los hechos, tienen trauma después de lo sucedido. Es por eso que las acusaciones particulares, en manos de los abogados Alejandro Giménez Planas y Octavio Sesma, solicitan hasta 12 años de cárcel por cada intento de asesinato y tres años más por tenencia ilícita de armas. La Fiscalía interesa una suma total de 22 años de prisión y una indemnización que asciende hasta los 100.000 euros.
“NO HA SIDO UNO, LE HE PEGADO TRES MOCHAZOS”
En su defensa, el Paletas ha mantenido que él “no disparó al hijo, solo al padre y a las piernas”. Asimismo y a preguntas de su abogado, Fernando Pamos de la Hoz, ha mencionado una reyerta que tuvo lugar meses antes del tiroteo en el Parque Grande José Antonio Labordeta de Zaragoza y que sería el motivo que le habría conducido a hacer lo que hizo. “Iba con mi mujer paseando y me asaltaron con varas tres hombres, uno de ellos el Chiqui”, ha sentenciado el Paletas.
Tras disparar a padre e hijo, el acusado huyó con su mujer e hijos a Lérida. “Me quería ir a mi país, a Cataluña”, ha esgrimido. El Grupo de Homicidios, a cargo de la investigación, pronto le encontró en un hotel de Balaguer, donde finalmente fue detenido. A través de escuchas telefónicas, el imputado llegó a confesar los hechos (“No ha sido uno, han sido tres mochazos”, llegó a manifestar en una conversación con un familiar), y aunque nunca se encontró el arma del crimen, fueron encontradas vainas del mismo calibre en su casa, junto a una escopeta lista para disparar.

