Punto y final para el último juicio por asesinato en Zaragoza celebrado en la Audiencia Provincial antes de las vacaciones de verano. Un proceso rápido, limpio y meditado por todas las partes involucradas que ha culminado con la condena de doce años y cinco meses de cárcel para el autor del violento crimen ocurrido en el barrio de Las Fuentes la tarde del 21 de octubre de 2023.
El acusado, un hombre de 29 años que confesó los hechos antes si quiera de que la Policía diera con él, acuchilló hasta 85 veces a un vecino del barrio que horas antes le había invitado a su propio piso, donde estuvieron bebiendo cervezas en una sala habilitada para masajes hasta que la víctima “intentó agredirle sexualmente”, según la versión del autor confeso, de cuya brutal respuesta se acabó arrepintiendo según explicó en el juicio.
Ha sido precisamente su confesión la que ha rebajado considerablemente la condena a la que podría haberse enfrentado según lo tipificado en el Código Penal. Pero un acuerdo previo entre la Fiscalía y la defensa del acusado, en manos del abogado Carlos Estremera, condujo a una vista oral anormalmente ágil para este tipo de casos y que tuvo lugar hace ya dos semanas, cuando los nueves miembros del jurado declararon culpable Jhojan A. A. teniendo en cuenta la atenuante muy cualificada de confesión por una mayoría de seis a tres votos.
LA ATENUANTE DE CONFESIÓN, CLAVE PARA LA REDUCCIÓN DE LA PENA
Este hecho probado y que era favorable para el acusado ha supuesto la reducción en la pena privativa de libertad que recoge la sentencia dictada por el recién jubilado de la Sección Sexta, el magistrado Francisco Picazo. Si bien la horquilla variaba entre los siete años y medio hasta los quince años de prisión, el juez ha optado por imponer la cuantía que tanto el Ministerio Fiscal como la Defensa habían solicitado.
Es decir, doce años de cárcel por el delito de asesinato con la atenuante, y cinco meses complementarios por el delito de hurto, puesto que el acusado se llevó cuatro móviles, un patinete y una caja de perfumes de la casa de la víctima, situada en la calle Jaime Herrerín, tras cometer el terrible crimen. “Somos conscientes de la gravedad de los hechos y de la pérdida de vida humana”, manifestó el letrado defensor tras conocer la lectura del veredicto de culpabilidad del jurado popular emitido el pasado 23 de junio. Su representado también pidió perdón por sus acciones, y explicó cómo la sensación de culpabilidad le llevó a entregarse a la Policía.
El fallo también recoge una indemnización de 11.810 euros a los tíos de la víctima, un hombre de 48 años sin mujer ni hijos que vivía en el piso de sus padres, también fallecidos. Si bien estos familiares no se presentaron en la causa judicial como acusación particular, el juez sí les ha tenido en cuenta en materia de responsabilidad civil a la hora de dictar la sentencia.
EL CUERPO RODEADO DE SANGRE FUE ENCONTRADO DÍAS DESPUÉS
En cuanto al crimen, el cuerpo sin vida de la víctima fue encontrado varios días después de los hechos tras no responder a las llamadas de Servicios Sociales del Ayuntamiento ni tampoco abrir la puerta a la Policía Local. Semidesnudo y rodeado de un charco de sangre seca, se iniciaron las pesquisas hasta que el acusado confesó los hechos seis días después, lo que facilitó el esclarecimiento de lo sucedido.
“Llevaba varios días sin contestar llamadas y le habían dejado la bolsa de la compra colgada en el pomo de la puerta”, dijo uno de los agentes de Policía de Zaragoza que descubrió el cadáver en un piso de la calle Jaime Herrerín. Según la confesión del acusado, la víctima, a quien solamente conocía de vista, le invitó a subir a su casa tras parecerle que no tenía buen aspecto.
Y fue en una habitación con una camilla para masajes donde se ejecutó el crimen después de que ambos bebieran cerveza y escucharan música durante algunas horas. El acusado acabaría asestándole 85 puñaladas, casi la mitad de ellas en la zona del cuello.
El arma del asesinato, que originalmente se creía que era un cuchillo que apareció en el paragüero del piso, resultó ser un cristal roto fruto de un forcejeo previo entre agresor y víctima que desembocó en la fractura de una de las puertas de una vitrina que había en el habitáculo, volcándose también la camilla y otros objetos de la habitación, como una caja llena de preservativos. De esta manera, quedó probado por unanimidad y según “la inspección ocular y las declaraciones de los médicos forenses” que fue un fragmento de cristal que el acusado cogió del suelo el arma final con la cual procedió a su ataque.
EL ACUSADO DIJO QUE LA VÍCTIMA INTENTÓ AGREDIRLE SEXUALMENTE
El posible móvil del crimen, según reveló también el acusado, sería un intento de agresión sexual por parte de la víctima, una vez estaban ya en el domicilio de Las Fuentes. “Estaba un poco perjudicado, borracho, se me echó encima e intentó agredirme sexualmente”, dijo durante su declaración Jhojan A. A. “Me manoseó las piernas y luego se puso más agresivo”, llegó a señalar, hasta que se produjo el forcejeo y posterior asesinato.
Tras darle muerte, el acusado deambuló por el piso apoderándose de cuatro teléfonos que la víctima tenía a su nombre, un patinete eléctrico y una caja de perfumes. Llegó a vender uno de esos móviles en una tienda de Zaragoza por 80 euros. Al ser preguntado por el motivo de su confesión, esgrimió: “Mi conciencia no estaba tranquila. Sabía que había hecho algo muy malo y tenía que pagar por ello”.



