Explicar lo ocurrido este sábado en Gijón no fue fácil para Fran Escribá. Ir venciendo durante todo el choque y sellar las tablas por dos errores individuales en el 86 y en el 97 no es fácil de digerir, y más, cuando el Sporting había ganado todos sus partidos en Gijón y los blanquillos iban a romper esa racha. El primer tanto vino tras una pérdida en la salida de balón y el segundo llegó tras un error incomprensible del guardameta Poussin, que le robaron el balón tras echárselo al suelo para sacar, prácticamente con el tiempo cumplido. "Mi primera obligación es ayudar a Poussin y apoyarle. Había hecho un partido muy serio y muy bueno, había estado muy seguro en un campo con mucho centro lateral y había blocado muy bien, sin dar segundas acciones", comentó en rueda de prensa Escribá, quien pese al error apoyó a su portero.
No obstante, el fallo no es más que una clara muestra de la desconexión que sufrió arquero francés al final del encuentro y no es fácil mirar para otro lado. "Había hecho un partido muy bueno demostrando el nivel que todos esperamos. Lo que no esperábamos era un fallo de estas características", subrayó el técnico, que añadió que "mi primera obligación es reforzarle y decirle que todos nos equivocamos. Han sido dos semanas muy duras para todos. Yo doy la cara porque no me importa, pero es difícil cuando todo lo que habías planificado había salido bien y un gol como este nos fastidie todo. Especialmente por la gente, porque se vuelven más fastidiados que contentos".
Es complicado entender cómo el Real Zaragoza dejó escapar los tres puntos en un campo en el que nadie lo había logrado esta temporada. Con dos goles bajo la manga y apenas cuatro minutos reglamentarios (sin contar los hasta nueve de descuento), el partido parecía abocado al triunfo maño, pero un nuevo escollo apareció en el camino del león. "Es el clásico partido que tiene una explicación muy sencilla, pero es incomprensible. A quien le cuentes el partido y le digas que empataste a dos y que incluso pasaste los dos últimos minutos con la sensación de que si nos caía un tercero era para cortarse las venas, pues no te lo crees", dijo Escribá, visiblemente hastiado con el resultado.
Al final, el míster considera que "controlamos muy bien el partido y fuimos superiores la mayor parte del tiempo. El choque estuvo siempre más cerca de que marcáramos nosotros que ellos". De hecho, la principal arma del Sporting fue el centro lateral, los cuales para el técnico "no tenían claridad". El problema vino tras "una pérdida de balón en el 84 que significó el primero y el segundo es sencillo de explicar pero a su vez es inexplicable". De todas formas, el entrenador valenciano quiere mirar hacia adelante y sostuvo que "aunque ahora sea imposible verlo, hay que sacar una lectura positiva, sobre todo del nivel del equipo cuando estamos concentrados".
Ante la pregunta de cómo se ha tomado este duro empate el vestuario y cómo se encuentra Poussin, el técnico ha querido hacer una llamada a la tranquilidad: "El vestuario es muy sano y muy bueno y Gaetan es un tío muy querido, un chico excelente y un profesional espectacular. La sensación de los compañeros es la misma que la mía, apoyarle", remarcó Escribá, que admitió que "todos estamos fastidiados pero hay que hacerlo. Debe estar tranquilo. Lo que no te mata te puede hacer más fuerte y esa es una de las ideas. Él tiene que corregir cosas, como todos los que nos hemos equivocado hoy en algún momento".
LA 4-3-3 Y MAIKEL MESA EN SU SITIO
Más allá del resultado, el Real Zaragoza hizo un buen partido. El gran culpable de ello fue la formación y la alineación de Escribá, que contó con Maikel Mesa en la media punta acompañado por Marc Aguado y Jaume Grau como pivotes. "Mi dibujo era un 4-3-3. Había puesto a Marc por detrás por el movimiento de Gaspar, que abandonaba mucho la banda para luego aparecer por dentro. Marc, aparte del criterio con balón, tenía la misión de controlar la segunda línea. Luego, con Jaume y Maikel apretamos a sus dos medios, Cristian y Roque. Creo que lo hicimos bien", detalló el técnico en primer lugar.
En relación a esto, Escribá matizó que "Roque estuvo más fuerte en la primera y en la segunda lo corregimos bien. Siendo conscientes de que ellos iban a jugar con defensa de cuatro, sabíamos que nuestros extremos rápidos iban a apretarlos arriba. El dibujo nos permitió tener mas control del juego, con gente de calidad, y sobre todo el caso de Maikel que llega con peligro en esa posición como hacía en el Albacete". Al final para Escribá, "en la pizarra salió perfecto durante ochenta y tantos minutos y luego, se estropeo por errores que nos han costado dos puntos que ya teníamos", acabó.