PERFIL

Teresa Ribera, la vicepresidenta europea que supervisó el volantazo energético de Aragón

Ribera, Aliaga y Lambán en Andorra. Foto: Archivo
Ribera, que salió a gritos de Andorra en 2019 y volvió en 2022, será uno de los puntales verdes de Von der Leyen

Entre luchas intestinas, las del Partido Popular Europeo y el español, ha llegado el nombramiento de la todavía ministra socialista de Transición Ecológica, Teresa Ribera, como nueva vicepresidenta ejecutiva y comisaria de Competencia y Transición Verde de la Comisión Europea encabezada por Ursula von der Leyen. También se dibujó con fuego amigo, el del PSOE aragonés y Ferraz, su última ‘no visita’ a Zaragoza con motivo de las elecciones europeas el pasado mes de julio. Ribera lideraba la lista. Ella, responsable entre otras cuestiones de coordinar el amanecer de Andorra tras el desmantelamiento de la Central Térmica, o de dar luz verde más tarde al Clúster Maestrazgo, se cayó del mitin central en el tiempo de descuento. La sustituyó Pilar Alegría, de cuya relación política con Javier Lambán sobran las explicaciones a estas alturas.

Sin ella ni ninguno de los presentes saberlo, llegó un cierre simbólico a su relación con Aragón, aunque su salto al máximo nivel de la política europea difícilmente la separe de un territorio convertido en polo del despliegue de las renovables. Para bien o para mal, depende a quien se le pregunte. Es un hecho tanto el avance de la transición energética en la Comunidad durante su mandato ministerial (junio de 2018 hasta la actualidad) como que ha despertado reacciones de todo tipo en el arco parlamentario.

Endesa comunicó el cierre de la térmica de Andorra un mes de noviembre pero de hace seis años, siguiendo el testigo de Escatrón (Zaragoza) y la también turolense de Escucha. La compañía abogó por no invertir la cantidad requerida para adaptar la instalación a los estándares medioambientales de la Unión Europea, cifrados en cerca de 200 millones de euros. Se abría del todo el horizonte de la descarbonización, marcado también por la incertidumbre pese a la promesa de ofrecer alternativas a los trabajadores y el entorno, un sentir que se alargó hasta el apagón definitivo en 2020 y más allá.

Costó tiempo el relanzamiento. Hoy, el entorno ya dispone de una lista de proyectos en forma de parques eólicos y fotovoltaicos que lo visten después de la demolición de las cuatro torres de la central. Igual de complicado fue convencer, con varias visitas a Aragón de por medio, una de ellas, de alto voltaje, a la propia localidad andorrana. Fue en enero de 2019. La Guardia Civil tuvo que abrir paso entre los carteles de “Se vende” al presidente y la ministra. A Lambán no le tembló el pulso a la hora de pararse a hablar con los manifestantes. Ribera prometió que volvería y lo hizo en 2022 con inversiones a repartir entre 34 municipios en siete años desde entonces, gracias a un convenio con la DGA, y que acompasarían los 1.500 millones del Nudo Mudéjar. Faltaban unos pocos meses, hasta febrero de 2023, para que cayera el la chimenea de la térmica. Como tituló este diario, “de 343 metros a escombros en segundos”, no exentos de polémica. Las torres ya habían corrido la misma suerte.

Ribera es una de las supervivientes de la primera alineación ministerial de Pedro Sánchez tras la moción de censura contra Mariano Rajoy. Solo pueden decirlo ella, Margarita Robles (Defensa), María Jesús Montero (Hacienda), Fernando Grande-Marlaska (Interior) y Luis Planas (Agricultura). Durante el segundo Gobierno, ascendió a vicepresidenta tercera, cargo que ostentará hasta su salida rumbo a Bruselas. La más que evidente cercanía con Sánchez no ha sido un impedimento para la cordialidad institucional (y estratégica) con Lambán, protagonistas institucionales los dos de buena parte de los años de la Transición Justa.

“UN MONOLITO DE PROMESAS INCLUMPLIDAS”

Teruel Existe, todavía en la fase de movimiento ciudadano y cuando Tomás Guitarte ni siquiera era candidato al Congreso de los Diputados, participó en la multitudinaria manifestación de Andorra contra ambos. Cinco años después, la formación lleva por bandera en las Cortes que Aragón no sea un “territorio de sacrificio” y se opone frontalmente al Clúster Maestazgo, el último gran proyecto firmado por Ribera que sobrevuela la provincia turolense. Fuentes de la formación felicitan a la futura vicepresidenta de la Comisión y desean, en esta nueva etapa, que “corrija errores anteriores y promueva una transición que empodere a la ciudadanía, respete el paisaje y el territorio y frene los macroparques y la especulación”.

Con todo, dicen, “tiene un espacio en el monolito de las promesas incumplidas que se va a instalar en Teruel” a tenor de la declaración ambiental negativa de la autovía A-40 entre Teruel y Cuenca, el derribo del ‘skyline’ andorrano o el citado Clúster, “las dos últimas en colaboración con el Gobierno de Lambán”. “Nuestra presión parlamentaria en el Congreso y el Senado hizo que su equipo hiciese concesiones con acuerdos puntuales en favor del territorio que luego han defendido como propios”, sostienen, en alusión a apartados de la Ley del Cambio Climático y las ayudas a la eficiencia energética en las viviendas de los pequeños municipios, “saboteadas” a su juicio por el cuatripartito.

Manifestación en Andorra contra el cierre de la térmica. Foto: Archivo

No hace falta retroceder mucho en la hemeroteca para encontrar críticas hacia Ribera desde Vox. “Es la causante de la ruina de Teruel y del poco desarrollo que tiene Aragón”, declaró esta semana el portavoz en las Cortes, Alejandro Nolasco. Las quejas llevan el acento en su “fanatismo o dogmatismo climático”, una constante de los voxistas en esta clase de debates.

El Clúster Maestrazgo ha acabado por despertar reticencias en sectores que formaron parte del anterior Gobierno, los años del ‘boom’ de solicitudes para desplegar instalaciones de renovables. CHA y Podemos, por ejemplo, pero también Izquierda Unida, desde fuera. Arturo Aliaga, líder del PAR hasta la moción de censura de febrero de 2023, guarda también varias fotos junto a Ribera de sus días como número dos de Lambán y responsable de Industria. Con Izquierdo, se han alineado junto a socialistas y populares a la hora de pedir “respeto” a las competencias municipales y del Estado para no interferir.

Teresa Ribera y Jorge Azcón el pasado mes de abril. Foto: DGA

AZCÓN: EL NO AL TRASVASE Y LAS OBRAS PENDIENTES

El encuentro con el presidente Jorge Azcón del pasado mes de abril aparece en la foto fija de los últimos momentos de Ribera antes de ceder el testigo a su secretaria de Estado de Energía, Sara Aagesen. A medio camino entre el Plan Hidrológico Nacional de Vox, entonces apoyo del PP en la DGA, y la petición de Cataluña de aplicar medidas extraordinarias por la sequía, la ministra cerró la puerta al fantasma del trasvase del Ebro. “No se ha planteado ni una fragmentación en la gestión río ni una actuación que tenga por finalidad un nuevo volumen de agua trasvasable a otra cuenca dentro del mismo”, sentenció.

Azcón le puso deberes: reestudiar el embalse de Biscarrués, finalizar los proyectos de Almudévar, Mularroya o el recrecimiento de Yesa, implicarse en la limpieza del lindano en el río Gállego, respaldar el Plan Pirineos y, en definitiva, sentarse cara a cara en la siguiente Comisión Mixta de seguimiento del Pacto del Agua en la Aljafería. Ya no será con ella. Los interrogantes cambian de destinataria por primera vez desde el verano de 2018 con demandas mucho más antiguas en la cronología.