Culmina la crecida controlada del Ebro para movilizar más de 18.000 toneladas de sedimentos

Embalse de Mequinenza durante la crecida controlada. Foto: CHE
Por primera vez se ha iniciado con sueltas del río Cinca en el embalse de El Grado (Huesca) y de los ríos Noguera Pallaresa y Segre en el embalse de Camarasa (Lérida)

La Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) ha culminado la crecida controlada en el tramo bajo del Ebro con su desembocadura en el mar esta madrugada, una operación que por primera vez desde 2003 se ha iniciado con sueltas del río Cinca en el embalse de El Grado (Huesca) y de los ríos Noguera Pallaresa y Segre en el embalse de Camarasa (Lérida), como consecuencia de “un año hidrológico favorable” propiciado por las últimas lluvias. La previsión es haber arrastrado más de 18.000 toneladas de sedimentos, la cifra que se alcanzó en la última operación.

La avenida procedente del Cinca, Noguera y Segre llegó el miércoles al embalse de Ribarroja, con un caudal de 550 metros cúbicos por segundo. Así, el jueves durante ocho horas (entre las 08.00 y las 16.00) se realizó una nueva crecida abriendo las compuertas de Mequinenza, Ribarroja y Flix vertiendo 1.400 m3/s, “el máximo que se puede dar sin generar daños”. Desde allí se desplazó a Tortosa para desembocar finalmente en el Mediterráneo de madrugada.

Estas operaciones tienen como objetivo “movilizar los micrófitos y los sedimentos aguas abajo” para preservar los ecosistemas de los ríos garantizando caudales generadores que permiten regular la estructura geomorfológica, evitar la colonización de las riberas por especies arbóreas y transportar sedimentos y materia orgánica. Además, forman parte del Plan Hidrológico del Ebro y de la estrategia Gisdhe de gestión integral de sedimentos.

El jefe de planificación de la CHE, Miguel Ángel García Vera, ha explicado que se realizan dos crecidas controladas al año, siendo la anterior el 31 de enero, y que generalmente se limitan al tramo Mequinenza-Ribarroja-Flix. Como novedad en esta crecida, además de comenzar en los embalses de “más arriba”, se ha bajado el embalse de Ribarroja cuatro metros con respecto al régimen normal, para estudiar si permite un mayor arrastre. “Son las dos ideas principales que hemos manejado y estamos intentando ver que efecto tienen en el tránsito de sedimentos”, ha señalado.

Embalse de Ribarroja durante la crecida. Foto: CHE

SE SUPERARON LOS NIVELES DE TURBIDEZ EN EL EMBALSE DE RIBARROJA

Para recopilar datos, analizarlos y obtener resultados se han desplegado distintos equipos de investigación formados por profesionales de las empresas Spesa, Trasga y de las Universidades de Lleida, Valencia, Politécnica de Cataluña y Politécnica de Madrid. Así, se han encargado de medir la profundidad de las bases de los embalses (barimetrías) para ver la evolución de la erosión, además de medir los parámetros de turbidez en distintos puntos, coger muestras y analizar la evolución del agua en tiempo real. También se ha contado con el apoyo de satélites como Sentinel, que permiten monitorizar con secuencias de imágenes la evolución de las aguas.

Como ejemplo de la magnitud de la operación, Vera ha explicado que en el embalse de Ribarroja se superaron los parámetros de turbidez que son capaces de medir los equipos usados por los profesionales como consecuencia de ese arrastre. “En Ribarroja de normal suele darse 20 ntu (mg/l) y el miércoles sobrepaso el límite de los aparatos que es 1.000 ntu en la zona de la cola (Mequinenza). Eso es una buena señal”, ha indicado.

Una vez ya concluida la operación, que comenzó el martes cuando se comenzaron a verter en los embalses de El Grado y Camarasa durante 12 horas 400 metros cúbicos por segundo y 120 m3/s respectivamente, la Confederación va analizar los resultados y sacar conclusiones de cara a las próximas crecidas. “Si el año hidrológico sigue siendo tan bueno la crecida de primavera la podremos hacer asumiendo las conclusiones de esta”, ha concluido el jefe de planificación.