La Selección regresa al Felipe

Zaragoza se engalana con el mejor baloncesto español

Ricky Rubio se erigió como el hombre más querido del combinado nacional, que llenó el pabellón hasta la bandera.
Los aficionados han disfrutado de una gran jornada con la Selección Española
photo_camera Los aficionados han disfrutado de una gran jornada con la Selección Española

Que pare el mundo del baloncesto en Zaragoza no sucede todos los días, y como suele pasar en todas las grandes citas, los aragoneses han respondido con nota. Con un 10, más bien. Porque a primera hora de la tarde ya se veían las camisetas, generalmente con el sello de Ricky a la espalda, auténtico levantador de masas. Familias, equipos enteros y grupos de amigos numerosos que se citaban en los bares para alegrar la entrada han ambientado un Príncipe Felipe que se vestía de gala y presentaba lleno hasta la bandera..

Quedaban dos horas para el encuentro, pero ya para entonces, los colores rojigualda teñían los aledaños del pabellón. Aparcar se hacía difícil hasta en los vericuetos de alrededor, aquellos que únicamente en día de partido los coches toman los huecos de alguna caravana despistada. Y con el paso de los minutos, los previsores se alegraron de haberlo hecho frente a los que apuraban la hora o, simplemente, estiraron los quehaceres. Al fin y al cabo, Zaragoza tenía un día señalado en el calendario para muchos.

Y entre ellos, detrás de ese gusto por el baloncesto se encontraba una historia. Con la apertura de puertas, un joven que había recibido las entradas de regalo por San Valentín; una familia directa de tierras riojanas u otra de La Muela. Los más pequeños eran quienes motivaban en muchas ocasiones un desplazamiento a pesar de ser, como decía un padre, “día de escuela”. En el paseo que daba la vuelta al Felipe, hasta bufandas de la U.D. Barbastro recordando su gesta contra el Almería y el F.C. Barcelona que se aposentaban bajo el cartel del pabellón. El sello y el recuerdo había que llevarlo a cualquier territorio.

De ahí, a las hermanas Boned, Lucía y Ana, de familia con tradición de baloncesto como pocas. Ana llevaba la camiseta de Ricky Rubio no solo puesta, sino también en el corazón. Y Lucía, a pesar de hallarse recién operada de la rodilla (lesión que, por supuesto, llegó jugando a basket), se armó con las muletas dirección al Príncipe Felipe. Junto a ellas, todo el equipo, Basket Aragón, como no podía ser de otra manera. 

También merecen su reconocimiento los que llegaron a Zaragoza con distintivos de Letonia. Para kilómetros, los suyos. Hay que reconocer que se dejaban sentir y mucho en los aledaños y en el propio estadio.

RECIBIMIENTO Y ENTRADA

A continuación, recibimiento a los autobuses y choque de manos protocolario. Todos ellos con las banderas españolas al cuello y a la cintura; ni que decir tiene la elástica de La Familia. Cerca de 300 personas que se aposentaban en torno a las vallas y acompañaban al equipo. Y sí, podía haber más, pero alguno se perdió por el camino en la parada técnica del bar y la cervecita. Una situación que merecía mención aparte, porque quien ha visto a los alrededores del Felipe cualquier jueves y quién los veía este. Cosas de España y sus tradiciones, que no se escapan de ningún ámbito.

Pero todos fueron puntuales y enloquecieron absolutamente al escuchar los nombres de Ricky Rubio y de los maños Carlos Alocén y Jaime Pradilla. El pabellón estaba considerablemente lleno mucho antes del salto inicial, lo que era significativo por la forma en que se afrontaba una cita para el recuerdo. Al fin y al cabo, ver a la Selección Española en el Príncipe Felipe no sucedía todos los días. Así que la grada, donde no cabía casi un alfiler, siempre supo que tocaba disfrutar de una jornada de alegría.