Leonardo Padura nació en 1955 en La Habana (Cuba). Sus novelas policiacas protagonizadas por Mario Conde se han traducido a numeroso idiomas y le han llevado a recibir multitud de premios importantes. Ese reconocimiento mundial como novelista alcanzó su culmen en 2015, cuando fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras. Su nueva obra, “Morir en la arena” explica a la perfección los últimos cincuenta años de la historia de su país a través de un relato que bien podría haber sucedido.
PREGUNTA.- ¿Qué historia se narra en “Morir en la arena”?
RESPUESTA.- “Morir en la arena” es una historia que intenta hacer una especie de retrato del destino de mi generación en Cuba. Esa gente que llegan a los 60 años, se jubilan y se dan cuenta de que son más pobres que nunca. Para dinamizar este contexto, que es muy real, yo le puse un motor dramático. Los protagonistas son un hermano mayor que se llama Eugenio (Geni) y otro hermano menor que se llama Rodolfo. Geni mató a su padre, y va a salir de la cárcel 30 años después. Va a volver a la casa donde nació, vivió y asesinó a su padre, y donde sigue viviendo Rodolfo. Entonces estos personajes entran en crisis con esa posibilidad de regreso.
P.- ¿Estamos ante una historia real y personal?
R.- Es una experiencia que podría haber sido la mía, pero no. Afortunadamente yo he tenido posibilidades, no solo como persona sino también como escritor. Hace muchos años que tengo una editorial en España con la que publico mis libros. Además, tengo el enorme privilegio de que soy un escritor que puede vivir de sus derechos, eso es algo que que no ocurre con demasiada frecuencia. Mi experiencia ha sido diferente, pero soy un testigo de esa realidad y un partícipe de muchas de los efectos de esa realidad. En Cuba, lo que está ocurriendo, siempre entra en tu casa sin pedirte permiso. Puede entrar en forma de apagón o en forma de carencia de un determinado producto.
P.- En la novela devuelves a la palestra un conflicto desconocido en España: la participación de Cuba en la guerra civil de Angola. ¿En qué consistió?
R.- Es un tema que incluso en la literatura cubana ha sido poco abordada y que para los más jóvenes en Cuba es como algo que pasó en otro lugar. En el año 1975, cuando se produce la independencia de Angola, hay una situación interna muy convulsa y el gobierno de este país le pide ayuda a Cuba para garantizar el traspaso de poderes. Varios cubanos empiezan allí una larga permanencia que duró 14 años con distintos niveles de intensidad en la parte bélica. El conflicto termina en el año 89/90 y provocó la descolonización de Namibia y la desaparición del apartheid en Sudáfrica. Es decir, en el plano político fue un éxito, pero dejó muchas secuelas en el plano humano con muertes, mutilaciones y traumas de carácter psicológico.
P.-. La infancia de Rodolfo está marcada por este conflicto y por el asesinato de su padre a manos de su hermano. Es fácil pensar que los problemas comenzaron muy pronto.
R.- Los problemas surgen desde su propia infancia cuando Geni debe vivir con el padre violento y la madre pusilánime y Rodolfo queda bajo la protección de unos abuelos que son mucho más comprensivos y generosos. A partir de ahí empieza el paralelismo de dos vidas en el mismo espacio que después tiene incluso un elemento que simboliza su relación. Y es que hay un muro que divide esos dos sitios y que existe hasta el final de la novela.
P.- Se va a producir pues, el encuentro entre dos hermanos que sufrieron de forma distinta. ¿Cómo define esa charla pendiente entre ambos?
R.- Lo cierto es que esa charla no se produce. Son dos destinos paralelos, el de Geni marcado por la tragedia y el de Rodolfo por el dramatismo. Al final hay unos procesos de redención, un concepto muy importante en esta novela, pero son redenciones que llegan y se producen de forma muy diferentes, como el lector sabrá al final.
P.- Llama la atención el personaje de Aitana, hija de Rodolfo, pues representa a esos jóvenes cubanos sin ataduras. A su vez, ejemplifica la esperanza. ¿Hay esperanza de que todas las rencillas del pasado desaparezcan?
R.- Aitana es un representante de esa enorme diáspora cubana que no ha cesado y que en los últimos tres o cuatro años se ha incrementado. No creo que estos jóvenes tengan la varita mágica como para resolver la situación cubana. Creo que es muy complicada y ahí hace falta una capacidad muy grande para lograr aliviar la situación que se ha producido. Entre esas fuerzas también hay elementos de carácter de político internacional que han existido siempre. La relación de Cuba con Estados Unidos continúa siendo traumática y ahora lo es más con Trump. Sus políticas contra el sistema cubano se han incrementado, y aunque no va a derrocarlo, les hacen más difícil la vida a los ciudadanos de mi país.
P.- Se ha dado en muchas ocasiones el diagnóstico de la situación política y social de Cuba, pero hay pocos que se atreven a ofrecer una solución.
R.- Porque no es fácil. La solución es que se produzcan muchos cambios. En qué medida no lo sé porque no soy ni sociólogo ni soy político, ni mucho menos economista. Pero creo que lo primero que tiene que pasar es que haya una transformación de estructuras económicas que ahora mismo no funcionan. A partir de ahí puede ser que haya otros cambios políticos y sociales que logren que la realidad cubana no sea tan agresiva y tan deprimente como es ahora.
P.- Desde fuera da la sensación de que una parte de la sociedad cubana se ha quedado estancada en el pasado, ¿es así?
R.- No creo que se haya quedado estancada. Hay una parte que por costumbres, por capacidades o por posibilidades evoluciona menos pero la sociedad cubana ha evolucionado mucho. Lo que ocurre es que fuera de Cuba se tiene la impresión de que es una sociedad muy anquilosada porque al no haber cambios importantes en el sistema político-económico parece que no ha cambiado. Por ejemplo, hay un elemento que cambia muchísimo una sociedad que es un teléfono celular con conexión a Internet. Eso ha ocurrido en mi país en los últimos 10 años. O el mismo hecho de que los cubanos puedan viajar libremente al extranjero, eso ha propiciado esta diáspora de la que hablaba antes.
P.- ¿Con qué te gustaría que se quedara el lector de “Morir de arena”?
R.- Me gustaría que se quedara con la idea de que la redención es posible y el perdón es necesario. El perdón porque nos libera de cargas que a veces son lacerantes y la redención porque es un proceso también de liberación. La palabra redención significa la compra de la libertad de un esclavo, y creo que al redimirse algunos personajes, estos recuperan su libertad.


