Gustavo Rodríguez: “Escribir sobre la muerte me ayuda a estar preparado para ella”

Gustavo Rodríguez habla sobre su última novela, "Mamita"
"Mamita" es un recorrido por la memoria colectiva y familiar de un país silenciado
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Leer a Gustavo Rodríguez (Lima, 1968) es alcanzar picos de sensibilidad. Con su tono íntimo y familiar, el escritor posee la capacidad de escribir sobre temas crueles (como el abuso hacia los pueblos indígenas), a la vez que relata lo más personal de su madre o de sus abuelos. Este legado es la base de “Mamita”, un recorrido por la memoria colectiva y familiar de un país silenciado. 

Su trayectoria literaria comenzó con la publicación de su primer libro, “Cuentos de fin de semana”, en 1998. Influenciado por la narrativa de Julio Cortázar, Jorge Luis Borges o Juan Rulfo, encontró su propio camino, que le valió para alzarse con el Premio Alfaguara de Novela en 2023. Ahora, promociona internacionalmente “Mamita”, su última novela, con parada en Zaragoza. 

PREGUNTA.- Tiene una extensa trayectoria y sus primeros escritos surgieron de historias de su madre, de su abuela, incluso de su profesor “Martos”, que marcó su destino. ¿La sensibilidad de su novela aumenta si el relato es personal y próximo?
RESPUESTA.- En el caso de “Mamita”, sí. Con el título ya se puede intuir que el libro habla de sentimientos a lo grande. Toda literatura tiene rasgos autobiográficos, incluso si se escribe fantasía, se puede dotar a un dragón de la personalidad de alguien que el autor conozca. En “Mamita” lo autobiográfico es lo más asaltante y el mayor reto fue gestionar muy bien los sentimientos para que, aun siendo auténticos, tampoco estén desbordados y no caigamos en la cursilería. 

"La vulnerabilidad me hace ser más afectuoso y tener una comunicación más honesta y transparente, lo que termina trasladándose a mi literatura"

P.- Dice que su registro es más “la épica doméstica, los afectos”. ¿De dónde viene esa preferencia? ¿Siempre ha sido así?
R.- Con el tiempo he ido encontrando cuál es mi registro o con cuál me siento más cómodo. Esto, probablemente, tenga que ver con la noción de que, cuanto más mayor eres mayor, menos te interesa impresionar a nadie; es decir, cuando eres más joven, tratas de ponerte una coraza, una disfraz para quedar mejor ante los demás. 

Mostrarse vulnerable cuando eres joven es terrible. Con los años he aprendido que mostrar esa vulnerabilidad me hace más fuerte incluso, porque me hace ser más afectuoso y tener una comunicación más honesta y transparente con los demás, lo que termina trasladándose a mi literatura. 

P.- Este libro surge casi de una obligación, de un deber por escribir la historia de sus antepasados. ¿Por qué ahora? 
R.- Probablemente porque a mi madre se le acababa el tiempo. Si no lo hacía ya, no sabía cuándo más iba a cumplir con ese encargo autoimpuesto, tengo que confesar. Uno siempre puede escribirle a su madre, incluso 20 años después de su muerte, pero yo me había impuesto la tarea de hacerlo mientras esté viva. 

Me ha llevado décadas encontrar el registro adecuado para esta historia. Hace diez años intenté escribir esta historia: investigué, indagué, pero me salió un tono de novela histórica que no era el mío. Lo mío es más eso, la épica doméstica, los afectos cercanos.

"Quitar la memoria a una nación es deshumanizarla"

P.- La memoria tiene un sentido doble en su novela. Por un lado, la que va desapareciendo de la madre, y por otro, la que se ha silenciado por parte del pueblo indígena…
R.- Todos estamos hechos de memoria, pero los escritores de ficción nos debemos a ella. Si le quitas a un escritor su memoria, le quitas su forma de trabajo, y quitarle la memoria a una nación es deshumanizarla. Si mi novela, al tratar la complicada situación del gaucho en mi país, ayuda a darle visibilidad a las siete etnias que fueron devastadas, me sentiré más que honrado. Sobre todo porque esa devastación continúa hasta ahora en los países que son usados como campos de explotación, básicamente.

P.- Sobre esa realidad de la selva habla en “Mamita” y expone el genocidio que sufrió el pueblo indígena durante la fiebre del gaucho. ¿Por qué no se conoce apenas la realidad sobre esto?
R.- Estas atrocidades suelen ocurrir en los extrarradios del poder. Me imagino que ocurrirá en España, como en Perú, pero si ocurriera un asesinato en el centro mismo del poder y ese asesinato afecta a gente conocida, inmediatamente toda la prensa va a estar encima de eso haciendo escándalo. Pero si ocurre en el extrarradio con alguien humilde explotado por algún tipo de poder, pues eso ya no se mide con la misma vara. 

P.- La muerte también es un tema recurrente en sus novelas. ¿Cuánto le ha servido la literatura para afrontarla?
R.- Me ha ayudado mucho. De hecho, tengo la teoría de que en mis primeras novelas, usaba esas historias para tratar de entender mi pasado. Ahora, en mis últimas novelas, me adelanto a lo que creo que va a ocurrir en el futuro para curarme en salud y escribir sobre la muerte me ayuda a estar preparado para ella. 

"Mi literatura no es de desquite. Mi literatura busca comprensión"

P.- Todas las familias tienen cosas que callar y así lo muestra en la novela “autobiográfica”, como se ha referido a ella. ¿Cómo ha sido exponer las sombras de su familia?
R.- Tengo la infinita suerte de tener una relación muy sana con mi familia, mis seres queridos, mis amigos más cercanos. Por un lado, cuando sé que voy a utilizar como molde a una persona cercana para que sea personaje, hago una especie de control de riesgos: los involucro en la historia, les cuanto cómo va a ir, bromeo sobre eso… 

Por otro lado, mi literatura no es de desquite. Mi literatura busca comprensión, y mis seres cercanos entienden que me aproximo desde la ternura y la curiosidad. Jamás pretendo caricaturizarlos ni hacer escarnio de ellos y hasta ahora, la fiesta ha ido en paz, felizmente. 

P.- Casi me siento en la obligación de preguntarle por la influencia que ha tenido sobre su literatura y su persona, el hecho de crecer en la tierra de grandes nombres como Julio Cortázar, Isabel Allende o Mario Vargas Llosa, por nombrar algunos…
R.- Empecé a leer de adolescente a tres autores peruanos que son básicos: Julio Ramón Ribeyro, Oswaldo Reinoso y Alfredo Bryce Echenique, e inmediatamente después, empecé a leer a los autores del pre-boom: Borges o Juan Rulfo... A mis 18 años leí a los autores del boom específicamente latinoamericano y fueron los primeros autores que me dieron ganar de emular. 

Trataba de escribir como Cortázar o a Ribeyro cuando escribía mis primeros cuentos chapuceros de chiquillo. Quién sabe si siguiendo esos carriles seguros, encontré mi propio camino. 

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