Eduardo Sacheri: “Al gobierno argentino no le importó mandar a sus jóvenes al infierno de las Malvinas”

Eduardo Sacheri posa con su libro para la presente entrevista. Foto: Pilar Álvarez
El autor presentó el pasado jueves en la Librería Cálamo su novela "Qué quedará de nosotros"

"¡Vamos que estos hijos de p... mataron a nuestros pibes, nuestros amigos, nuestros vecinos. ¡No podemos perder!". Esa fue la arenga que Maradona lanzó a sus compañeros antes de enfrentarse a Inglaterra en el Mundial de 1986. Cuatro años habían pasado desde el fin de la guerra de las Malvinas, pero Argentina no había olvidado. Hoy tampoco lo ha hecho. Eduardo Sacheri confiesa que su idea era escribir una única novela sobre la guerra de las Malvinas. Al conocer la enorme diferencia de perspectiva entre cómo se vivió el conflicto en Buenos Aires y en las islas, se vio en la necesidad de dividir la historia. “Qué quedará de nosotros”, primera parte del relato centrada en los soldados, ya se puede leer en España. Habrá que esperar para disfrutar de “Demasiado lejos”, que narra la visión de las familias en Buenos Aires. Un conflicto desconocido para la sociedad no argentina, pero que continúa latente más de 40 años después en el país sudamericano, a pesar de que la lucha tan solo duró 74 días.

PREGUNTA: “¿Qué quedará de nosotros?” es una pregunta que probablemente se haya realizado en muchas guerras de la historia.
RESPUESTA: La guerra de las Malvinas no fue una excepción. Este libro cuentan los detalles y vivencias de este conflicto, que sucedió entre Argentina y Gran Bretaña en 1982. Esas islas llevaban ya 150 años en manos británicas y el gobierno militar argentino las recuperó por la fuerza, Gran Bretaña reaccionó, y de ahí surgió una guerra que se alargó todo el otoño y que costó casi 1.000 vidas en total. Yo he decidido narrarla desde la pequeñez de algunos soldados, es decir, no desde el punto de vista de los grandes líderes, sino desde los detalles de la infantería. 

P: “Qué quedará de nosotros” es la otra perspectiva de “Demasiado lejos”, su otra novela sobre esta temática. ¿Cuándo se dio cuenta de que se necesitaban dos libros en vez de uno para englobar este conflicto?
R: En realidad mi plan era escribir una sola novela que juntase tanto la perspectiva de lo que sucedía en las islas como lo que sucedía en Buenos Aires. Por un lado estarían los soldados y por otro sus familias en Argentina, pero la idea era que todo formara parte de la misma historia. Sin embargo, me di cuenta que era demasiado diferente la vivencia real de lo que vivían los soldados de lo que imaginaban en Buenos Aires. Era una época sin internet y sin redes sociales, y el gobierno militar de la Argentina podía tergiversar muy fácilmente lo que estaba pasando, sobre todo porque la población estaba muy entusiasmada con el hecho de haber recuperado las islas. Por la disparidad entre los dos mundos, decidí separarlo. No es que haya primera parte y segunda parte, de hecho, hay países donde salió primero “Demasiado lejos”. El lector puede leerlas ambas o si lo prefiere solo una, porque son independientes. 

Era una época sin internet y sin redes sociales, y el gobierno militar de la Argentina podía tergiversar muy fácilmente lo que estaba pasando

P: ¿Cuáles son las principales diferencias entre los argentinos que vivieron la guerra en Argentina y los que la vivieron en Malvinas?
R: Más allá de lo evidente, como el frío, el hambre y el mal abastecimiento de las tropas, también hay una diferencia a la hora de percibir la realidad o estar viviendo una fantasía. Los soldados perciben la realidad de que ese conflicto armado es imposible de ganar, mientras que la población civil en Argentina vive en un cuento de hadas. Esta gente está motorizada por el gobierno militar, pues convence de que Argentina está ganando la guerra y los ingleses van a ser derrotados. Hasta que las tropas se rindieron, la sociedad argentina vivía en una gran ficción.

Eduardo Sacheri presentó su novela en la Librería Cálamo. Foto: Pilar Álvarez

P: Miles de argentinos viajaron a las Malvinas con ilusión creyendo que la soberanía de ese territorio estaba ya recuperada. ¿Era consciente el gobierno argentino que mandaba a muchos de sus jóvenes a un infierno?
R: Yo creo que primero no fue consciente y luego no le importó. En un primer momento, el gobierno militar confiaba en una solución negociada. Argentina pensaba que Gran Bretaña no iba a embarcarse en una recuperación militar. Ahora bien, cuando las negociaciones en las Naciones Unidas fracasan, la mediación de los Estados Unidos no sirve y Margaret Thatcher envía la flota, parece que se puede afirmar que al gobierno argentino no le importó mandar a sus jóvenes al infierno de las Malvinas.

P: El gobierno argentino mostró un enorme interés por las Malvinas.
R: En Argentina, hace muchos años que ese reclamo existe, el reclamo de soberanía sobre las islas. Muchos años antes de 1982 ya existía. Y es un reclamo generalizado, es decir, a la sociedad argentina le importa realmente ese tema. No es algo que inventara la dictadura militar. Lo que sorprendió fue la operación militar, el desembarco en las islas, la rendición de las tropas británicas... Pero la idea tenía un gran apoyo por parte de la mayoría de la sociedad argentina, de hecho, permitió al gobierno militar tomar aire político porque el régimen vivía una situación de oposición social. Cuando fracasa el sueño, el problema regresa redoblado. 

P: Parece que los líderes fueron demasiado optimistas al enfrentarse a una potencia como la británica.
R: Sin duda fueron muy optimistas. Demasiado optimistas y demasiado desaprensivos luego. Lo que pasa es que hubo un punto en el que no podían retroceder, porque la sociedad no se lo hubiera perdonado. Si los militares hubieran decidido retirarse de las islas antes de enfrentar la guerra, la sociedad tampoco los hubiera perdonado. Se produce esa situación paradójica en la que en realidad la sociedad se termina perjudicando porque sus hijos son los que intentan enfrentar la guerra. 

La sociedad se termina perjudicando porque sus hijos son los que intentan enfrentar la guerra

P: Hace unos meses dijiste: “Durante casi tres meses en Argentina no se hablaba de otra cosa que no fuera la guerra de las Malvinas, pero después del 14 de junio de 1982 hablamos de todo menos de la guerra”. ¿Por qué?
R: Hay una sensación de incomodidad culposa. Sin apoyo popular, los militares argentinos hubieran desembarcado pero no habrían podido pelear. Todos sabemos que los militares de la dictadura fueron responsables de la guerra de Malvinas, pero a la sociedad argentina le resulta incómodo asumir que ella también fue responsable en la guerra. La gente exigió a los militares que se quedaran y eventualmente que pelearan y ganaran la guerra. 

P: Las heridas siguen latentes a pesar de que hayan pasado más de cuarenta años del conflicto.
R: Creo que las familias de los caídos tienen un dolor que no se va a arreglar nunca, porque sus hijos, sus novios o sus hermanos quedaron en las islas. Y además perdimos la guerra, o sea que la sensación es de sacrificio inútil, que todavía es más difícil de asumir. Y los sobrevivientes de la guerra quedaron con huellas, obviamente. Ahora bien, a la sociedad argentina le siguen importando las Malvinas, eso no ha cambiado con respecto a 1982.

P: ¿De qué manera quieres que vea la gente “Qué quedará con nosotros”?
R: Pensando sobre todo en un lector no argentino, me gustaría que reflexionara sobre qué es ser soldado en una guerra. Es una experiencia que afortunadamente en Occidente llevamos sin experimentar muchas décadas. Nuestros abuelos o nuestros bisabuelos tenían una noción mucho más próxima a lo que es una guerra. Me parece que si a un lector no argentino le permite asomarse a esa dimensión humana y a esa dimensión trágica de la guerra por mí estaría muy bien.