La vuelta al Balaitús

Si consideramos la cadena fronteriza entre España y Francia, viniendo desde el Cantábrico la primera cumbre de más de 3.000 metros de altura que encontramos es el Balaitús. En realidad hay que hablar más bien de un macizo granítico formado por un conglomerado de crestas y contrafuertes de gran belleza, que protegen algunos de los glaciares pirenaicos más espectaculares, como el francés de las Néous. La ruta propuesta nos va a posibilitar el conocer en dos etapas todas las vertientes de este macizo mediante una travesía circular partiendo del lugar conocido como Porte d’Arrens (1.470 metros).

Vea aquí el mapa de esta travesía
Para llegar al punto de partida desde España, cruzaremos la frontera por el puerto del Portalet. Continuaremos por el Col del Aubisque hasta la población de Arrens-Marsous prosiguiendo por la pequeña carretera de montaña que termina en Porte d’Arrens, en el mismo límite del Parque Nacional de los Pirineos Occidentales. El camino atraviesa inicialmente un bosque de abetos y, tras bordear el encantador lago de Suyen, continúa en dirección sur siguiendo el Vallon del Gave d’Arrens por la margen derecha del río. Muy pronto nos llama la atención la extraordinaria calidad del sendero y la perfecta señalización del itinerario que lo hace inequívoco y evidente.

Sorprende el esfuerzo que desde hace décadas se viene haciendo en Francia para promocionar las actividades deportivas de montaña más populares: el senderismo, la travesía, la randonnée. En los parques nacionales –y éste que hoy atravesamos es un claro exponente- encontramos una excelente red de caminos mantenidos constantemente y adecuadamente balizados, junto con una buena red de refugios de montaña gestionados, buena parte de ellos, por una entidad de reconocido prestigio internacional como es el Club Alpino Francés.

Esta concepción de facilitar el uso público de la montaña sin menoscabo de los niveles de calidad y conservación, que son exigibles a un espacio natural protegido, contribuye a fortalecer la conciencia ciudadana acerca de la importancia de nuestros ecosistemas de montaña, pues sólo puedes amar y respetar la montaña si tienes la posibilidad de conocerla, de comprender que la naturaleza no está ahí para encerrarla en un tabernáculo inaccesible, sino para contribuir con criterios racionales a poner sus valores al alcance del disfrute ciudadano.

Pico de Tebarray

La montaña, tal como la conocemos hoy día, no es sólo fruto de la evolución geológica de los tiempos, sino también de la interacción del medio con las personas que viven en su entorno, cuyas actividades tradicionales han contribuido a su conservación. Ésta es la clave, a mi juicio, del concepto Parque Nacional o equivalente. Y en este itinerario lo apreciamos en toda su intensidad. Familias completas, gente de todas las edades recorriendo los numerosos itinerarios del entorno, lagos, collados, refugios, cumbres, contemplando el hermoso paisaje, practicando una saludable actividad física, combatiendo el estrés diario del medio urbano y laboral, admirando flora y fauna, fotografiando y, sobre todo, respetando este legado inigualable. La educación ambiental ha ganado muchos enteros y es indiscutible que hoy el Pirineo está mucho más limpio en la alta montaña que hace un par de décadas, que hay una actitud generalizada de recoger y retirar personalmente las basuras que se generan.

EL REFUGIO DE RESPOMUSO Y EL CIRCO DE PIEDRAFITA

Amanecer en el Circo de Piedrafita

Tras pasar por los lagos de Remoulis, superamos el tramo más angosto de la cabecera del valle para llegar al puerto de San Martín (2.295 metros), por donde entramos en la vertiente española. Descendemos al pequeño ibón de Campo Plano y más abajo aún alcanzamos el refugio de Respomuso a 2.200 metros de altura. Este refugio está emplazado estratégicamente en medio del llamado Circo de Piedrafita, con bellas vistas de un buen número de picos, tales como Frondellas, Grande Fache, Tebarray o Llena Cantal, cuya contemplación, al amanecer especialmente, es de las que no se olvidan.

Pero el contraste entre la cuidada parte francesa y este lado de la montaña es brutal y en cierto modo deprimente. Ya no se trata sólo de aspectos que para un montañero pueden ser secundarios, tales como la calidad de los senderos, se trata de los daños infringidos al paisaje y al medio por las grandes obras hidráulicas de los años 50 del pasado siglo XX.

La construcción de la presa de Respomuso u otras que abundan por los alrededores ha dejado una buena cantidad de chatarra oxidada, restos de teleféricos, muros de hormigón que para nada sirven, tuberías a la intemperie, barracones y edificios medio derruidos… pero ¿qué es todo esto? Una herida sangrante en el alma de todo el que lo contempla. Tiempos de ordeno y mando, en los que las técnicas, hoy plenamente asumidas, de la evaluación ambiental de las grandes infraestructuras y de la reposición y restitución de daños eran desconocidas.

Pero si aquello fue un atropello sin sentido a los pies del Balaitús, hoy hay mecanismos legales y soluciones técnicas para aliviar el impacto paisajístico de lo que se hizo mal y no sólo aquí, sino en otros lugares del Pirineo. Un convenio suscrito hace unos años por el Gobierno de Aragón y la Confederación Hidrográfica del Ebro para la restauración de todos estos espacios degradados espera pacientemente su ejecución y su correspondiente dotación presupuestaria. El entorno de Respomuso es uno de los que se propone para actuar. Su demora es ya difícilmente justificable y las autoridades tienen una grave responsabilidad moral con toda la sociedad y una deuda con las poblaciones más próximas al lugar, Sallent de Gállego en este caso.

EL VALLE SOLITARIO DE LOS LAGOS DE ARRIEL

Lagos de Remoulis

La segunda etapa de esta peculiar vuelta prosigue rodeando el ibón de Respomuso hasta las proximidades de la presa, donde tomamos un camino empedrado que bajo los picos de las Frondellas se interna en el solitario valle de los lagos de Arriel con vistas magnificas de los picos de Arriel, Palas y Balaitús. Alcanzamos, entre estas dos últimas cumbres, la brecha de Lavedan (2.615 metros) tras superar un terreno incómodo y abrupto, señalizado con hitos, de bloques de granito, canchales y neveros.

Nuevamente en Francia, el panorama es muy agreste y salvaje. La orientación norte facilita la persistencia de la nieve por encima de los 2.500 metros y la existencia de pequeños glaciares, con el de Pabat como más característico, si bien todos ellos en recesión notable. Descendemos por la cuenca de los lagos de Micoulaou y Batcrabère hasta alcanzar el refugio de Larribet (2.060 metros) donde podemos dar cuenta de una magnífica tabla de quesos del país. El paisaje a partir de este punto es más cálido, con la aparición de rododendros, arándanos y bosques, para cruzar el Gave d’Arrens junto a una cabaña, y enlazar así con el camino que nos llevó al puerto de San Martín, muy cerca del punto de partida de esta sorprendente travesía circular.