Andorra: La travesía de los picos Casamanya

Andorra es conocido como el País de los Pirineos. Es, en efecto, un pequeño país de apenas 500 km2 de extensión y unos 66.000 habitantes, ubicado en plena cordillera pirenaica entre Francia y España. Asociado fundamentalmente con la práctica del esquí alpino y como lugar de compras a buen precio, olvidamos que también atesora un buen número de cumbres de casi tres mil metros de altura, valles e ibones. Los picos de Casamanya se emplazan estratégicamente en el corazón geográfico de Andorra y su travesía nos permite captar la esencia de lo que la naturaleza significa para este país.

Vea aquí el mapa de esta travesía
Orográficamente hablando, Andorra está configurado por un sistema fluvial de dos ríos principales, el Valira Oriental y el Valira Norte, que son como las dos ramas de una Y. Su unión forma el río Valira, que es tributario, en dirección sur, del Segre. Las dos ramas citadas configuran los dos grandes valles y la red de carreteras del país. Las cumbres de Casamanya hacen precisamente de divisoria de aguas y para iniciar su travesía, en dirección sur-norte, nos dirigimos en coche hasta el Coll de d’Ordino (1983 m), en la carretera que une los dos valles de referencia, ya mencionados.

El camino, siempre en dirección norte, se interna en el bosque y asciende suavemente hasta un pequeño claro en la collada de les Vaques (2100 m), lugar desde el cual el panorama gana en belleza y amplitud. Cuando alcanzamos la zona de pastizales alpinos, la pendiente se hace más pronunciada. La progresión en cómodos zigzags es rápida y pronto llegamos a la antecima, donde todavía sobrevive algún pequeño nevero –estamos a finales de junio- y encontramos pastando un rebaño de ovejas.

La cumbre de Casamanya

La inmediata cumbre de Casamanya Sur (2740 m), coronada por un enorme monolito de piedras, nos ofrece una dilatada vista de las principales montañas andorranas, y de otras cumbres vecinas del Pirineo catalán, desde la Pica d’Estats, por un lado, hasta la Sierra de Cadí por el otro. Este macizo calcáreo, por su emplazamiento geográfico en el centro de este pequeño país, es un excelente mirador y uno de los lugares más accesibles para el aficionado montañero.

UN COPRINCIPADO PARA EL ESQUÍ Y LA VENTA A BAJO PRECIO

En la cima tenemos ocasión de departir ampliamente con un joven andorrano, estudiante universitario en Lérida. Comparte nuestra visión crítica con el tratamiento global de la política de montaña que hemos percibido en Andorra. Este extraño país, un Coprincipado entre el obispo de la Seu d’Urgell y el Presidente de la República francesa, no se ha dotado de una Constitución propiamente dicha y de unas estructuras políticas de democracia parlamentaria hasta hace muy pocos años. Fuera de la Unión Europea, ha basado su desarrollo económico en los últimos treinta años en la venta a bajo precio de muchos productos, fruto de sus características de puerto franco, y en la proliferación masiva de centros de esquí, que no han dejado de expandirse.

Vista de la Pica d´Estats

Hoy Andorra se nos ofrece como la antítesis de lo que hay que hacer en el Pirineo. El urbanismo desaforado ha quebrado el encanto y la armonía de los pequeños pueblos de montaña. Edificios de más de siete plantas son aquí habituales y el abigarramiento de casas e instalaciones de todo tipo producen un desgarro estético irreparable. Y no puede achacarse, como coartada, a la importancia que el turismo tiene en la estructura económica andorrana. También el valle de Arán ha conocido un auge meteórico en el mismo tiempo, y el desarrollo urbanístico ha sido más respetuoso con el entorno.

Desde la cumbre de Casamanya se aprecian las cicatrices al descubierto de las numerosas estaciones de esquí, cuyos planes de ampliación no parecen terminar nunca. Junto a este afán de ocupar más y más hectáreas para la práctica del esquí, es casi desconocida una política equilibradora de espacios naturales protegidos. Un pequeño Parque natural, el de Sorteny, que hoy recorreremos, es todo el botón de muestra. No queremos este porvenir para el resto de nuestro Pirineo. No nos sirve este modelo de desarrollo insostenible y creemos que otras alternativas son posibles para preservar este inmenso legado natural y su biodiversidad, el patrimonio cultural, las actividades agropecuarias tradicionales, el turismo sostenible a lo largo de todo el año, también el esquí bien concebido en su desarrollo urbanístico –ligado a los núcleos de población tradicionales-, la artesanía, el potencial de las nuevas tecnologías de la comunicación.

Vertiente norte de Casamanya

Todo ello, adecuadamente conjugado con el impulso institucional imprescindible y con la participación democrática de la población local, puede garantizar un futuro de progreso y bienestar para los montañeses y la conservación de ecosistemas de incalculable riqueza medioambiental. Nos alegra, por ello, comprobar que las tareas de concienciación, de movilización social responsable, de educación ambiental, no son inútiles y que también en el corazón de Andorra es posible encontrar jóvenes que aman a su tierra y que no quieren optar por continuar esta política de tierra quemada, y que quieren que, en su día, sus hijos puedan disfrutar de los paisajes maravillosos que aún sobreviven.

UN PARAÍSO EXQUISITO Y MULTICOLOR

Proseguimos la travesía de la cresta de Casamanya, cumbre del Mig (2725 m) y cumbre Norte (2752 m), e iniciamos el descenso por una canal de rocas inestables que exige prestar atención, hasta el Coll d’Arenes, y desde allí, continuamos por el cordal que, en dirección nordeste lleva hasta el pico de l’Estanyó. En un pequeño collado, a 2763 m. de altura, abandonamos la aérea cresta que termina en la citada cumbre, tomando una pronunciada bajada, por terreno descompuesto, hacia el lago de l’Estanyó, en la cabecera del valle del mismo nombre. Un buen sendero sigue paralelo al cauce del río.

Flores en el Parque Natural de Sorteny

Nos encontramos en esta parte de la travesía en el Parque Natural de Sorteny, un espléndido paraíso para la flora de alta montaña, un escaparate multicolor extraordinario que despliega sus galas más exquisitas en este final de la primavera. Terminamos la excursión en el refugio de Sorteny (1969 m), en el mismo lugar donde nace una pista forestal que nos conduce a la carretera general de acceso a la estación de esquí de Ordino.

El retorno a España nos sumerge de nuevo en un paisaje altamente urbanizado, que contrasta vivamente con los rincones maravillosos que hemos encontrado en la alta montaña andorrana. Pensamos que las cosas deberían haberse hecho de otra manera y que hoy Andorra, sin perder un ápice de su potencial turístico, podría haber sido un escaparate ejemplar de cómo aprovechar los recursos naturales de forma equilibrada. El manido argumento de que no había otra posibilidad de futuro que no fuera la explotación intensiva del paisaje y de la nieve, no es válido.

RECURSOS NATURALES Y PROGRESO ECONÓMICO

Cala Macarelleta, en Menorca

Hay experiencias suficientemente contrastadas de cómo una gestión sostenible puede compatibilizar conservación de los recursos naturales y progreso económico. Menorca es un ejemplo paradigmático de buen hacer que nos indica que otra política turística es posible sin matar la gallina de los huevos de oro, y esta política, que podría haberse implementado también en Andorra, es merecedora de los más altos reconocimientos internacionales.

Toda la isla de Menorca ha sido declarada por la UNESCO como Reserva de la Biosfera, poniendo de manifiesto su carácter único y sorprendente, su magnífico estado de conservación, su desarrollo armónico, con un paisaje en el que es fácil encontrar naturaleza en estado puro, calas paradisíacas a las que sólo se accede caminando, bosques de pino mediterráneo, aguas prístinas de excelente calidad. Un lugar en el que uno –amante de la montaña y de la soledad- se reconcilia con el mar y su entorno.

Monumento arqueológico

En Menorca se han conjugado admirablemente la conservación y los intereses turísticos. Los pueblos, de preciosas casas encaladas de blanco, mantienen una tipología urbanística respetuosa con la tradición secular. Los yacimientos arqueológicos configuran un rico patrimonio cultural que se integra perfectamente en el paisaje y que constituyen un recurso turístico de primer orden, bien gestionado y conservado. Con un censo de residentes que no llega a los 70.000 habitantes –como Andorra- y con un alto grado de estacionalidad turística, la población autóctona se esfuerza para ofrecer al turista la calidad de vida de que disfruta a lo largo del año. Hay que reconocer que es un lujo poder disfrutar de un medio que, en gran parte, se nos muestra fiel al pasado y prácticamente incólume.

Los habitantes de Menorca son ahora los primeros cómplices de esta política que gira alrededor del desarrollo sostenible. La oposición a proyectos urbanísticos había sido hasta hace unos años, exclusiva de algunos grupos minoritarios que veían peligrar una riqueza casi siempre irreemplazable. Ahora, en cambio, es unánime el deseo de proseguir por la senda de esta nueva cultura de la sostenibilidad que ha merecido el aplauso de la UNESCO. Entre Áreas Naturales de Especial Interés y Áreas Rurales de Interés Paisajístico, -figuras de conservación contempladas en la legislación balear de espacios naturales protegidos-, hay un total de 19 espacios catalogados que conforman una red de ecosistemas de indudable importancia. Y esto no es sino la plasmación de una voluntad decidida de preservar el patrimonio natural y cultural.

Puesta de sol en Son Bou

Cuando hemos caminado por valles y montañas fascinantes, cuando hemos quedado extasiados ante unas puestas de sol inolvidables en cualquier parte del mundo, cuando hemos admirado boquiabiertos, como niños, bosques impenetrables y flores delicadísimas, cuando hemos sido testigos del vuelo majestuoso de un quebrantahuesos, cuando hemos conocido a gentes amables pero preocupadas por un porvenir incierto, y cuando hemos visto las amenazas que penden sobre esta obra extraordinaria de la naturaleza y sus criaturas, cuando hemos sentido la espada de Damocles del desarrollismo salvaje sobre esa obra, hemos tenido miedo. Pero tenemos, al mismo tiempo, la esperanza de que la razón del desarrollo sostenible, de la movilización social y de las políticas ambientales responsables, hagan del siglo XXI un tiempo en el que la huella humana sea respetuosa con este pequeño planeta que habitamos. Y entre el miedo y la esperanza, hay que optar por la esperanza.