Pont d´Espagne se encuentra al final de una estrecha carretera de 7 kilómetros que parte de la ciudad balneario de Cauterets, en la entrada del Parque Nacional. Desde aquí remontamos por el valle de Marcadau siguiendo un magnífico sendero a través de un tupido bosque de coníferas, hasta el refugio de Wallon (1865 metros), situado en el Pla de la Gole, desde donde se contempla la cadena fronteriza, destacando las cumbres de la Grande Fache y el pico Falisse.
Wallon es uno de los numerosos refugios guardados que gestiona el Club Alpino Francés en toda la cordillera pirenaica, facilitando enormemente la práctica del montañismo y especialmente, la realización de travesías, algunas tan conocidas como la GR-10 que recorre toda la vertiente francesa del Pirineo, desde el Cantábrico al Mediterráneo.
Al día siguiente, y remontando siempre el río que viene de la cabecera del valle de Marcadau, alcanzamos el puerto del mismo nombre, a 2.578 metros, en medio de un frío intenso y una cerrada niebla que nos dificulta encontrar el camino de descenso en la vertiente española.
Pasamos muy cerca de los ibones de Pecico, sin poder admirar por causa de la niebla la agreste vertiente sur de la Fache. Pronto llegamos al ibón alto de Bachimaña, convertido en un embalse en cuyos alrededores se acumulan los restos de las viejas obras hidráulicas, totalmente abandonados, creando un lamentable aspecto visual que desmerece de la belleza del entorno. A pesar de las buenas palabras de la administración hidráulica correspondiente, de las declaraciones de buenas intenciones e incluso de convenios firmados y normas legales, el impacto ambiental sigue sin repararse y la restitución de este territorio no llega.
CAMINO DEL BALNEARIO DE PANTICOSA
Desde Bachimaña la senda desciende en zig-zag para salvar la fuerte pendiente por la que cae la Cascada del Fraile. Siguiendo el curso del río Caldares por debajo de la oxidada telesilla de carga que se utilizó en la construcción de los embalses superiores, adentrándonos en la parte mas encañonada del barranco, entre pequeñas cascadas y pozas, nos situamos en un pequeño mirador desde el que se contempla el Balneario de Panticosa.
En pocos minutos encontramos, a la entrada del mismo, el refugio Casa de Piedra, a unos 1.650 metros de altura. El Balneario se encuentra en un emplazamiento extraordinario junto a un pequeño ibón, a unos ocho kilómetros de la localidad de Panticosa, rodeado por un altivo circo de cumbres entre las que sobresalen Argualas y Garmonegro, superiores a los 3.000 metros.
Encontramos un balneario con un cierto aspecto de decadencia, pálida sombra de lo que fue en su tiempo, un centro termal de referencia en España. Edificios abandonados, construcciones que precisan una profunda rehabilitación, estructuras metálicas de edificios inconclusos, y algunos comercios y servicios que todavía funcionan y amortiguan la vida lánguida de este singular conjunto monumental.
Este estado de cosas parece que, por fin, va a cambiar en los próximos años. Una importante iniciativa empresarial de signo aragonés ha conseguido reunir en una misma mano todas las propiedades del Balneario, cerrando asimismo un acuerdo con el Ayuntamiento de Zaragoza, propietario de algunas instalaciones, y con la Federación Aragonesa de Montaña para resolver el contencioso surgido en torno al refugio Casa de Piedra.
La nueva propiedad del Balneario incorporará también a su patrimonio el edificio del Refugio, y a cambio colaborará, financieramente hablando, con la Federación para construir uno nuevo, junto a los ibones de Bachimaña. El Balneario tiene por fin un proyecto serio y viable de recuperación integral a medio plazo, de proporciones urbanísticas adecuadas a su identidad histórica, respetuosa con su fisonomía secular, que supondrá un auténtico revulsivo para el Alto Aragón.
El nuevo complejo, en el que han comenzado las obras, mantendrá su carácter de gran centro termal y de reposo, sirviendo de núcleo de importantes actividades turísticas a lo largo de todo el año. El Balneario puede ser un ejemplo de una infraestructura bien gestionada desde la perspectiva de un desarrollo compatible con la conservación del medio natural.
El tercer día afrontamos una larga y dura etapa que nos permitirá conocer de cerca el macizo de Vignemale. Dejamos el Balneario por un camino que en numerosas revueltas remonta hacia el este, alcanzando el ibón inferior de Brazato. Esta parte de itinerario coincide con el GR-11 o senda española transpirenaica, balizada con marcas blancas y rojas.
LA BELLEZA OLVIDADA DEL VALLE DEL RÍO ARA
Tomando la dirección nordeste llegamos al ibón alto de Brazato y enseguida al collado debajo del pico Baciás, a 2.578 metros de altura. El descenso por el barranco de los Batanes pasa junto a pequeños y solitarios ibones, contemplando la empinada Canal de Cerbillona que desciende a lo largo de toda la vertiente occidental del macizo de Vignemale, y que se despliega ante nuestra vista como un magnífico telón de fondo mientras perdemos altura progresivamente hasta alcanzar el valle del río Ara.
Tras cruzar el río, abandonamos el GR-11, que desciende a nuestra derecha hacia Bujaruelo, remontando el valle hacia el circo que cierra su cabecera. El valle del Ara es uno de los más olvidados del Pirineo, posiblemente debido a la vecindad del más conocido y popular de Ordesa. Eso hace que sea muy poco visitado, lo que permite disfrutar de la tranquilidad y soledad de unos parajes que no desmerecen en belleza de otros más divulgados. Una dura subida por terreno inestable nos deja en el Collado de las Oulettes (2.600 metros), en la frontera hispano-francesa, desde donde divisamos por primera vez la vertiente norte del macizo calcáreo de Vignemale, conocido por los españoles, a veces, como de Comachibosa.
Un descenso por terreno más confortable nos permite alcanzar el refugio de las Oulettes de Gaube, a 2.151 metros de altura. Confieso que la vista de la gran cara norte de Vignemale, desde la terraza situada delante de la puerta del refugio, es la que más me gusta de toda la cordillera pirenaica. Puede parecer arriesgado hacer una afirmación de estas características cuando el Pirineo atesora lugares tan maravillosos, entre los que sería muy difícil establecer una jerarquía estética.
EL HECHIZO DE LAS OULETTES
Pero como sucede hablando de literatura, de la buena literatura, cada uno tiene sus preferencias, y siempre que he estado en las Oulettes, la impresión que ha despertado en mí esta vertiente norte es de absoluta fascinación y hechizo.
Puedes pasar todas las horas del día simplemente hipnotizado, contemplando esta sinfonía armónica de glaciares, séracs, paredes de roca, aristas y corredores que cambia con la luz a lo largo de la jornada. Aunque la recesión glaciar está también causando aquí sus estragos, esta cara norte todavía conserva su carácter alpino y confiere a Vignemale un rango extraordinario que atrae a escaladores y montañeros de todo el mundo, que quieren desafiar la verticalidad, para alcanzar cualquiera de las cumbres de este lado del macizo: Pique Longue, Piton Carré, Punta Chausenque, Petit Vignemale y Clot de la Hount.
Iniciamos temprano nuestra siguiente etapa, siguiendo el GR-10 en dirección hacia Gavarnie. El camino sube en cómodos zigzags en dirección sureste, dejando a la izquierda un sendero que sube al Col d’Araillé. Pasa muy cerca de la espectacular cascada de séracs del glaciar del Petit Vignemale, alcanzando finalmente la Hourquette d’Ossoue (2.734 metros), un collado desde el que se divisa el próximo refugio de Bayssellance.
Desde la Hourquette tenemos a un tiro de piedra la cumbre del Petit Vignemale. Decidimos ascender hasta ella siguiendo las trazas de un sendero que atraviesa un terreno calizo más o menos descompuesto y algunos neveros. En una hora, aproximadamente, estamos en el punto culminante, pudiendo apreciar desde más cerca la larga arista que lleva a la Pique Longue y a nuestra izquierda el magnífico glaciar de Ossoue.
Este glaciar es el más largo de los Pirineos, presenta forma de lengua, tiene grietas espectaculares y ocupa un amplio circo rodeado de cumbres por encima de los 3.000 metros, que van desde esta del Petit Vignemale donde nos hallamos, hasta la del pico de Montferrat. Este glaciar tiene un carácter único en toda la cordillera y debe atravesarse toda su longitud si se pretende hacer la ascensión por la vía normal a la Pique Longue.
Bayssellance es el refugio guardado más alto de los Pirineos. Con sus 2.651 metros de altura ha visto pasar a generaciones enteras de montañeros que quieren conocer estos lugares tan bellos. He conocido siempre al mismo guarda desde hace más de veinticinco años. Es un hombre extraordinariamente afable, que al frente de un pequeño equipo gestiona admirablemente esta vetusta instalación y que sirve una cuidada comida para reponernos del cansancio físico. Conserva además una extraordinaria memoria que le permite acordarse de los nombres de los que por allí vamos con una cierta asiduidad, cada tres o cuatro años. Desde Bayssellance las puestas de sol sobre el macizo de Monte Perdido, que cierra la vista hacia el valle de Ossoue, son inolvidables.
Bayssellance va a experimentar una profunda remodelación para modernizar sus instalaciones, sin perder su carácter sobrio e histórico. La red de refugios del Club Alpino Francés en el Parque Nacional tiene una media de más de treinta y cinco años, sin que se hayan realizado hasta la fecha significativos esfuerzos de acondicionamiento para satisfacer tanto los requisitos medioambientales que hoy son exigibles, como los requisitos de confort que los montañeros reclaman.
La situación es hoy paradójica. Francia, la gran pionera del montañismo, se dotó durante el siglo pasado de una espléndida red de refugios, especialmente en Alpes y Pirineos. Ello ha hecho de este vecino país la catedral de los deportes de montaña, con millones de aficionados a andar por sus innumerables valles y cordilleras. En España la construcción de refugios ha progresado mucho más lentamente, pero al haberse materializado un importante plan de construcción de este tipo de infraestructuras deportivas en la última década, nos encontramos con una red de refugios de mucha más calidad que la francesa.
La empresa PRAMES, coparticipada por la Federación Aragonesa de Montañismo, instituciones públicas y entidades financieras, ha gestionado los sucesivos planes de refugios en Aragón, desde el año 1990 en adelante. Todavía queda un largo trecho que recorrer hasta completar un red eficiente.
Aragón ha sido además una Comunidad Autónoma pionera a la hora de regular las condiciones que deben reunir este tipo de instalaciones. Un Decreto del Gobierno de Aragón de la primavera de 1995 sirve hoy de referencia, no sólo para los nuevos proyectos, sino también para la adecuación de los anteriormente construidos. PRAMES ha tenido además algunas iniciativas fundamentales en el vigente plan de refugios, el tercero, que se inició en 1999: ha elaborado un Sistema de Gestión Medioambiental para fomentar el uso sostenible de los recursos naturales en los refugios, mediante el establecimiento de paneles solares, depuración de aguas residuales, construcción de microcentrales para abastecimiento de electricidad, recogida y reciclado de residuos y establecimiento de elementos de ordenación de flujos de visitantes.
Algunas personas han cuestionado en los últimos tiempos la construcción de nuevos refugios en el interior de los espacios naturales protegidos e incluso han pretendido poner en cuestión la rehabilitación de algunos que, como el de Góriz, presentan un grado notable de obsolescencia. Desconocen que la importante red de refugios en los parques nacionales de montaña en otros países de Europa no ha causado afecciones dignas de mención.
LA DECLARACIÓN DE LOS PICOS DE EUROPA
En España se han dado algunos avances importantes. El más significativo, la llamada Declaración de Picos de Europa, suscrita en mayo de 2001 por el Organismo Autónomo de Parques Nacionales y las Federaciones Española y Autonómicas de Montaña. En un documento de consenso se ha recogido explícitamente el objetivo de encuadrar a los refugios como infraestructuras clave para el desarrollo del montañismo y para servir de ejemplo de relación armónica entre el hombre y la naturaleza. De la Declaración cabe destacar tres puntos:
Primero.- Los refugios son base para la práctica del montañismo y tienen la consideración de equipamiento deportivo y de servicio público. Además de sus funciones deportivas y de apoyo a la seguridad, los refugios deben ser puntos de información y de difusión de los valores de los espacios protegidos. Las actividades vinculadas al refugio respetarán en todo momento la normativa sectorial y territorial de aplicación, acorde con los objetivos y principios inspiradores de los Parques.
Segundo.- Los refugios situados en el interior de los Parques han de constituir un modelo de gestión de infraestructuras en el medio natural, extensivo a otras áreas de montaña. Ello implica conseguir una captación de recursos ambientalmente satisfactoria, un uso racional de las energías, una minimización de los residuos producidos y su reciclaje y evacuación, y unos sistemas de saneamiento y mantenimiento adecuados.
Tercero.- Los refugios deberán estar integrados en el paisaje y respetar el patrimonio cultural de la zona. Se incorporará a los diseños constructivos y de funcionamiento el criterio de mínimo impacto visual y acústico, debiendo ser sometidos a un análisis de su incidencia ambiental.
Retomando nuestra travesía, el quinto y último día comenzamos desandando el camino hasta el refugio de las Oulettes. Desde aquí, seguimos descendiendo, ahora en dirección norte, dejando a nuestra espalda el macizo de Vignemale, por un excelente sendero que sigue todo el hermoso valle de Gaube hasta el lago del mismo nombre.
Este lago, de un azul intenso, es uno de los lugares que sufre una mayor presión masificadora, ya que un telesilla en servicio permite acceder desde el Pont d’Espagne. En nuestro caso, cruzamos el desagüe del lago por un pequeño puente y tomamos un sendero en las proximidades de una cantina de montaña, para evitar el telesilla, descendiendo por un agradable bosque hasta el punto donde comenzamos nuestra travesía. Apenas hemos terminado nuestra aventura de hoy y ya soñamos con volver a la terraza de las Oulettes y descubrir extasiados, como si fuera la primera vez, la visión siempre mágica de la impresionante cara norte de Vignemale.
Wallon es uno de los numerosos refugios guardados que gestiona el Club Alpino Francés en toda la cordillera pirenaica, facilitando enormemente la práctica del montañismo y especialmente, la realización de travesías, algunas tan conocidas como la GR-10 que recorre toda la vertiente francesa del Pirineo, desde el Cantábrico al Mediterráneo.
Al día siguiente, y remontando siempre el río que viene de la cabecera del valle de Marcadau, alcanzamos el puerto del mismo nombre, a 2.578 metros, en medio de un frío intenso y una cerrada niebla que nos dificulta encontrar el camino de descenso en la vertiente española.
Pasamos muy cerca de los ibones de Pecico, sin poder admirar por causa de la niebla la agreste vertiente sur de la Fache. Pronto llegamos al ibón alto de Bachimaña, convertido en un embalse en cuyos alrededores se acumulan los restos de las viejas obras hidráulicas, totalmente abandonados, creando un lamentable aspecto visual que desmerece de la belleza del entorno. A pesar de las buenas palabras de la administración hidráulica correspondiente, de las declaraciones de buenas intenciones e incluso de convenios firmados y normas legales, el impacto ambiental sigue sin repararse y la restitución de este territorio no llega.
CAMINO DEL BALNEARIO DE PANTICOSA
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Alto Valle de Macardau |
En pocos minutos encontramos, a la entrada del mismo, el refugio Casa de Piedra, a unos 1.650 metros de altura. El Balneario se encuentra en un emplazamiento extraordinario junto a un pequeño ibón, a unos ocho kilómetros de la localidad de Panticosa, rodeado por un altivo circo de cumbres entre las que sobresalen Argualas y Garmonegro, superiores a los 3.000 metros.
Encontramos un balneario con un cierto aspecto de decadencia, pálida sombra de lo que fue en su tiempo, un centro termal de referencia en España. Edificios abandonados, construcciones que precisan una profunda rehabilitación, estructuras metálicas de edificios inconclusos, y algunos comercios y servicios que todavía funcionan y amortiguan la vida lánguida de este singular conjunto monumental.
Este estado de cosas parece que, por fin, va a cambiar en los próximos años. Una importante iniciativa empresarial de signo aragonés ha conseguido reunir en una misma mano todas las propiedades del Balneario, cerrando asimismo un acuerdo con el Ayuntamiento de Zaragoza, propietario de algunas instalaciones, y con la Federación Aragonesa de Montaña para resolver el contencioso surgido en torno al refugio Casa de Piedra.
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Lago de Brazatos |
El nuevo complejo, en el que han comenzado las obras, mantendrá su carácter de gran centro termal y de reposo, sirviendo de núcleo de importantes actividades turísticas a lo largo de todo el año. El Balneario puede ser un ejemplo de una infraestructura bien gestionada desde la perspectiva de un desarrollo compatible con la conservación del medio natural.
El tercer día afrontamos una larga y dura etapa que nos permitirá conocer de cerca el macizo de Vignemale. Dejamos el Balneario por un camino que en numerosas revueltas remonta hacia el este, alcanzando el ibón inferior de Brazato. Esta parte de itinerario coincide con el GR-11 o senda española transpirenaica, balizada con marcas blancas y rojas.
LA BELLEZA OLVIDADA DEL VALLE DEL RÍO ARA
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Cabecera del Valle del Ara |
Tras cruzar el río, abandonamos el GR-11, que desciende a nuestra derecha hacia Bujaruelo, remontando el valle hacia el circo que cierra su cabecera. El valle del Ara es uno de los más olvidados del Pirineo, posiblemente debido a la vecindad del más conocido y popular de Ordesa. Eso hace que sea muy poco visitado, lo que permite disfrutar de la tranquilidad y soledad de unos parajes que no desmerecen en belleza de otros más divulgados. Una dura subida por terreno inestable nos deja en el Collado de las Oulettes (2.600 metros), en la frontera hispano-francesa, desde donde divisamos por primera vez la vertiente norte del macizo calcáreo de Vignemale, conocido por los españoles, a veces, como de Comachibosa.
Un descenso por terreno más confortable nos permite alcanzar el refugio de las Oulettes de Gaube, a 2.151 metros de altura. Confieso que la vista de la gran cara norte de Vignemale, desde la terraza situada delante de la puerta del refugio, es la que más me gusta de toda la cordillera pirenaica. Puede parecer arriesgado hacer una afirmación de estas características cuando el Pirineo atesora lugares tan maravillosos, entre los que sería muy difícil establecer una jerarquía estética.
EL HECHIZO DE LAS OULETTES
Pero como sucede hablando de literatura, de la buena literatura, cada uno tiene sus preferencias, y siempre que he estado en las Oulettes, la impresión que ha despertado en mí esta vertiente norte es de absoluta fascinación y hechizo.
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Glaciar del Petit Vignemale |
Iniciamos temprano nuestra siguiente etapa, siguiendo el GR-10 en dirección hacia Gavarnie. El camino sube en cómodos zigzags en dirección sureste, dejando a la izquierda un sendero que sube al Col d’Araillé. Pasa muy cerca de la espectacular cascada de séracs del glaciar del Petit Vignemale, alcanzando finalmente la Hourquette d’Ossoue (2.734 metros), un collado desde el que se divisa el próximo refugio de Bayssellance.
Desde la Hourquette tenemos a un tiro de piedra la cumbre del Petit Vignemale. Decidimos ascender hasta ella siguiendo las trazas de un sendero que atraviesa un terreno calizo más o menos descompuesto y algunos neveros. En una hora, aproximadamente, estamos en el punto culminante, pudiendo apreciar desde más cerca la larga arista que lleva a la Pique Longue y a nuestra izquierda el magnífico glaciar de Ossoue.
Este glaciar es el más largo de los Pirineos, presenta forma de lengua, tiene grietas espectaculares y ocupa un amplio circo rodeado de cumbres por encima de los 3.000 metros, que van desde esta del Petit Vignemale donde nos hallamos, hasta la del pico de Montferrat. Este glaciar tiene un carácter único en toda la cordillera y debe atravesarse toda su longitud si se pretende hacer la ascensión por la vía normal a la Pique Longue.
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Glaciar de Ossoue |
Bayssellance va a experimentar una profunda remodelación para modernizar sus instalaciones, sin perder su carácter sobrio e histórico. La red de refugios del Club Alpino Francés en el Parque Nacional tiene una media de más de treinta y cinco años, sin que se hayan realizado hasta la fecha significativos esfuerzos de acondicionamiento para satisfacer tanto los requisitos medioambientales que hoy son exigibles, como los requisitos de confort que los montañeros reclaman.
La situación es hoy paradójica. Francia, la gran pionera del montañismo, se dotó durante el siglo pasado de una espléndida red de refugios, especialmente en Alpes y Pirineos. Ello ha hecho de este vecino país la catedral de los deportes de montaña, con millones de aficionados a andar por sus innumerables valles y cordilleras. En España la construcción de refugios ha progresado mucho más lentamente, pero al haberse materializado un importante plan de construcción de este tipo de infraestructuras deportivas en la última década, nos encontramos con una red de refugios de mucha más calidad que la francesa.
La empresa PRAMES, coparticipada por la Federación Aragonesa de Montañismo, instituciones públicas y entidades financieras, ha gestionado los sucesivos planes de refugios en Aragón, desde el año 1990 en adelante. Todavía queda un largo trecho que recorrer hasta completar un red eficiente.
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Refugio de Bayssellance |
Algunas personas han cuestionado en los últimos tiempos la construcción de nuevos refugios en el interior de los espacios naturales protegidos e incluso han pretendido poner en cuestión la rehabilitación de algunos que, como el de Góriz, presentan un grado notable de obsolescencia. Desconocen que la importante red de refugios en los parques nacionales de montaña en otros países de Europa no ha causado afecciones dignas de mención.
LA DECLARACIÓN DE LOS PICOS DE EUROPA
En España se han dado algunos avances importantes. El más significativo, la llamada Declaración de Picos de Europa, suscrita en mayo de 2001 por el Organismo Autónomo de Parques Nacionales y las Federaciones Española y Autonómicas de Montaña. En un documento de consenso se ha recogido explícitamente el objetivo de encuadrar a los refugios como infraestructuras clave para el desarrollo del montañismo y para servir de ejemplo de relación armónica entre el hombre y la naturaleza. De la Declaración cabe destacar tres puntos:
Primero.- Los refugios son base para la práctica del montañismo y tienen la consideración de equipamiento deportivo y de servicio público. Además de sus funciones deportivas y de apoyo a la seguridad, los refugios deben ser puntos de información y de difusión de los valores de los espacios protegidos. Las actividades vinculadas al refugio respetarán en todo momento la normativa sectorial y territorial de aplicación, acorde con los objetivos y principios inspiradores de los Parques.
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El Petit Vignemale desde Bayssellance |
Tercero.- Los refugios deberán estar integrados en el paisaje y respetar el patrimonio cultural de la zona. Se incorporará a los diseños constructivos y de funcionamiento el criterio de mínimo impacto visual y acústico, debiendo ser sometidos a un análisis de su incidencia ambiental.
Retomando nuestra travesía, el quinto y último día comenzamos desandando el camino hasta el refugio de las Oulettes. Desde aquí, seguimos descendiendo, ahora en dirección norte, dejando a nuestra espalda el macizo de Vignemale, por un excelente sendero que sigue todo el hermoso valle de Gaube hasta el lago del mismo nombre.
Este lago, de un azul intenso, es uno de los lugares que sufre una mayor presión masificadora, ya que un telesilla en servicio permite acceder desde el Pont d’Espagne. En nuestro caso, cruzamos el desagüe del lago por un pequeño puente y tomamos un sendero en las proximidades de una cantina de montaña, para evitar el telesilla, descendiendo por un agradable bosque hasta el punto donde comenzamos nuestra travesía. Apenas hemos terminado nuestra aventura de hoy y ya soñamos con volver a la terraza de las Oulettes y descubrir extasiados, como si fuera la primera vez, la visión siempre mágica de la impresionante cara norte de Vignemale.