La ruta puede hacerse cómodamente en tres días partiendo del municipio altoaragonés de Torla y sigue un itinerario circular a través de magníficos senderos de montaña, perfectamente señalizados, incluyendo la ascensión a una cumbre de 3.000 metros de altura. Partimos de Torla siguiendo el llamado camino de Turieto bajo a lo largo de la margen izquierda del río Ara, el único río importante de montaña en Aragón que no tiene grandes obras de regulación hidráulica y que previsiblemente no las va a tener después de que se haya desestimado definitivamente la construcción del embalse de Jánovas por las serias afecciones medioambientales involucradas en su construcción. Éste es el signo más evidente de cómo la concienciación ciudadana en asuntos relacionados con la protección del medio natural ha ganado muchos enteros en las dos últimas décadas. Jánovas fue un pueblo expropiado hace 50 años para construir la presa correspondiente, sus gentes expoliadas, y todo ello sin mayores convulsiones sociales como consecuencia del contexto sociopolítico de la época. Hoy se ha impuesto el sentido común pero los daños causados a aquella generación y a sus descendientes son enormes cuando se contemplan las ruinas de aquel pueblo.
En todo esto pienso cuando llegamos al camino conocido como Turieto alto que nos introduce en el Valle de Ordesa a través de magníficos bosques, pasando muy cerca del monumento erigido en memoria de Lucien Briet, célebre pirineista de principios del siglo XX que trabajó por difundir el espacio pirenaico y las condiciones de vida de las gentes de su entorno.
Su colección de fotos de la época es bien conocida por los estudiosos del Pirineo y recientemente otro pirineista aragonés, José Luis Acín, ha recorrido de nuevo la ruta de Briet repitiendo las mismas tomas fotográficas y comparando así las transformaciones del medio natural y humano en un siglo.
El itinerario por Ordesa hasta llegar a la llamada Cola del Caballo nos permite contemplar una sinfonía de cursos de agua, cascadas, bosques perennes y caducifolios, grandes paredones y murallas calcáreas, y como telón de fondo las siluetas magníficas de Monte Perdido y Soum de Ramond. Un cómodo sendero muletero, o alternativamente la superación de unas clavijas en una faja rocosa, nos permite llegar al refugio de Góriz emplazado a unos 2.200 metros de altura.
Góriz es posiblemente uno de los refugios más frecuentados de todo el Pirineo. Durante los últimos 40 años diversas generaciones de montañeros, fundamentalmente españoles y franceses, han pernoctado en él, utilizándolo como punto de apoyo en sus travesías o ascensiones a las diversas cumbres de sus alrededores.
Este refugio ha estado en el candelero de los medios de comunicación como consecuencia de la decisión del ayuntamiento de Fanlo proponiendo su cierre provisional, alegando una serie de deficiencias de carácter urbanístico y medioambiental. La Federación Aragonesa de Montaña ya hace años que había propuesto al organismo gestor y responsable del Parque Nacional un proyecto de remodelación integral del refugio de Góriz en el que por una parte, se reduce el número de plazas del mismo, de las 96 actuales a 72, así como su adecuación a la normativa vigente aragonesa sobre Albergues y Refugios, incluyendo las infraestructuras necesarias para garantizar las condiciones higiénicas, potabilidad de agua y evacuación de residuos.
EL ÚNICO REFUGIO DEL PARQUE NACIONAL DE ORDESA
La actitud de las administraciones concurrentes en el Parque ha sido poco edificante para resolver un problema absurdo si se entendiera perfectamente que un refugio de montaña es una instalación deportiva que presta un servicio público, y que contribuye a facilitar el conocimiento del propio espacio natural protegido.
Los refugios de montaña tienen una tradición consolidada en el interior de todos los Parques Nacionales de Europa. El de Góriz es el único existente en el Parque Nacional de Ordesa. Dada la buena disposición mostrada por la Federación de Montaña para abordar su rehabilitación como gestora del mismo, resulta esperpéntica la situación administrativa del refugio. Quizás no se habría llegado a esta situación si el Gobierno de Aragón fuera el responsable de gestionar este Parque Nacional que se encuentra enclavado íntegramente en el territorio de su Comunidad Autónoma.
El montañismo ha jugado históricamente un papel claro en la preservación de las montañas y en la creación de un sentimiento de respeto hacia los espacios naturales, compatibilizando protección, uso y disfrute. Por esta razón se aprobó en Cangas de Onís en mayo de 2001 la “Declaración de Picos de Europa” en la que se recogen una serie de principios en relación con los refugios de montaña y los Parques Nacionales. En esta declaración cabe destacar la ratificación de las funciones deportivas y de apoyo a la seguridad que tienen los refugios así como su papel como puntos de información y de difusión de los valores de los Parques, instándoles a constituir un modelo de gestión de infraestructuras en el medio natural, extensivo a otras áreas de montaña.
LA BRECHA DE ROLANDO Y LA GRUTA DE CASTERET
Después de pernoctar en Góriz nos dirigimos hacia la Brecha de Rolando, magnífico tajo en la cadena fronteriza, no sin antes visitar la gruta helada de Casteret, con espléndidas estalactitas en su interior, y que requiere el uso de crampones y frontal de luz para caminar con seguridad. Desde la Brecha podemos en una hora subir a la cumbre del Taillón (3.144 m.), uno de los tresmiles más accesibles de todo el Pirineo, que nunca defrauda, con una vista muy extensa que incluye desde el macizo de Vignemale hasta las cercanas cumbres del Casco, Marboré y Monte Perdido.
De regreso a la Brecha descendemos, para pasar la noche, al vecino refugio de Sarradets, ya en Francia, tras haber atravesado los restos de lo que no hace muchos años era el pequeño glaciar de la Brecha, y que como consecuencia del cambio climático ha llevado a su práctica desaparición en los últimos 25 años.
Si en algún sitio la regresión glaciar es un parámetro indiscutible de las consecuencias de la intervención humana que ha llevado al cambio climático, la vertiente norte de esta parte del macizo pirenacio es una clara muestra de ello. Sarradets tiene un emplazamiento fantástico. Las puestas de sol sobre el circo de Gavarnie son indescriptibles cuando se incendia de rojo intenso toda la pared norte de la montaña.
En la última etapa regresamos a España a través del puerto de Bujaruelo, a 2.200 metros de altura, donde llega una carretera de montaña que hoy los franceses, con buen criterio medioambiental, han cerrado al tráfico. Hago esta observación porque durante años los habitantes de Torla, Broto y otros municipios cercanos han reivindicado una carretera por la vertiente española que empalmara con la ya descrita, con el argumento de que así se facilitaba un acceso a las estaciones de esquí del lado francés, sin considerar las complicaciones constructivas que entraña la difícil orografía, la complejidad de sus mantenimiento invernal y que, posiblemente, el futuro para poblaciones como las citadas viene más de la conservación y calidad del paisaje que del señuelo del esquí alpino en Francia.
Nadie puede ahora dudar que núcleos urbanos como Torla habrían desaparecido si no es por la presencia próxima de un Parque Nacional como Ordesa que ha contribuido claramente a elevar el nivel de bienestar y progreso de sus habitantes.
El descenso por todo el valle de Bujaruelo pasando junto a los restos de la ermita de San Nicolás nos deja de nuevo en el llamado puente de los Navarros, donde encontramos la carretera asfaltada de acceso a Ordesa por la que en un par de kilómetros llegaremos nuevamente a Torla. Habremos completado un periplo extraordinario, variado, rico en biodiversidad y paisaje, que nos ayudará a comprender la importancia de conservar lugares como éste, a conocerlos caminando y a trabajar para que su preservación signifique más calidad de vida para todos.
En todo esto pienso cuando llegamos al camino conocido como Turieto alto que nos introduce en el Valle de Ordesa a través de magníficos bosques, pasando muy cerca del monumento erigido en memoria de Lucien Briet, célebre pirineista de principios del siglo XX que trabajó por difundir el espacio pirenaico y las condiciones de vida de las gentes de su entorno.
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Valle de Bujaruelo |
El itinerario por Ordesa hasta llegar a la llamada Cola del Caballo nos permite contemplar una sinfonía de cursos de agua, cascadas, bosques perennes y caducifolios, grandes paredones y murallas calcáreas, y como telón de fondo las siluetas magníficas de Monte Perdido y Soum de Ramond. Un cómodo sendero muletero, o alternativamente la superación de unas clavijas en una faja rocosa, nos permite llegar al refugio de Góriz emplazado a unos 2.200 metros de altura.
Góriz es posiblemente uno de los refugios más frecuentados de todo el Pirineo. Durante los últimos 40 años diversas generaciones de montañeros, fundamentalmente españoles y franceses, han pernoctado en él, utilizándolo como punto de apoyo en sus travesías o ascensiones a las diversas cumbres de sus alrededores.
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Mar de nubes sobre Gavarnie |
EL ÚNICO REFUGIO DEL PARQUE NACIONAL DE ORDESA
La actitud de las administraciones concurrentes en el Parque ha sido poco edificante para resolver un problema absurdo si se entendiera perfectamente que un refugio de montaña es una instalación deportiva que presta un servicio público, y que contribuye a facilitar el conocimiento del propio espacio natural protegido.
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Brecha de Rolando |
El montañismo ha jugado históricamente un papel claro en la preservación de las montañas y en la creación de un sentimiento de respeto hacia los espacios naturales, compatibilizando protección, uso y disfrute. Por esta razón se aprobó en Cangas de Onís en mayo de 2001 la “Declaración de Picos de Europa” en la que se recogen una serie de principios en relación con los refugios de montaña y los Parques Nacionales. En esta declaración cabe destacar la ratificación de las funciones deportivas y de apoyo a la seguridad que tienen los refugios así como su papel como puntos de información y de difusión de los valores de los Parques, instándoles a constituir un modelo de gestión de infraestructuras en el medio natural, extensivo a otras áreas de montaña.
LA BRECHA DE ROLANDO Y LA GRUTA DE CASTERET
Después de pernoctar en Góriz nos dirigimos hacia la Brecha de Rolando, magnífico tajo en la cadena fronteriza, no sin antes visitar la gruta helada de Casteret, con espléndidas estalactitas en su interior, y que requiere el uso de crampones y frontal de luz para caminar con seguridad. Desde la Brecha podemos en una hora subir a la cumbre del Taillón (3.144 m.), uno de los tresmiles más accesibles de todo el Pirineo, que nunca defrauda, con una vista muy extensa que incluye desde el macizo de Vignemale hasta las cercanas cumbres del Casco, Marboré y Monte Perdido.
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Refugio de Sarradets |
Si en algún sitio la regresión glaciar es un parámetro indiscutible de las consecuencias de la intervención humana que ha llevado al cambio climático, la vertiente norte de esta parte del macizo pirenacio es una clara muestra de ello. Sarradets tiene un emplazamiento fantástico. Las puestas de sol sobre el circo de Gavarnie son indescriptibles cuando se incendia de rojo intenso toda la pared norte de la montaña.
En la última etapa regresamos a España a través del puerto de Bujaruelo, a 2.200 metros de altura, donde llega una carretera de montaña que hoy los franceses, con buen criterio medioambiental, han cerrado al tráfico. Hago esta observación porque durante años los habitantes de Torla, Broto y otros municipios cercanos han reivindicado una carretera por la vertiente española que empalmara con la ya descrita, con el argumento de que así se facilitaba un acceso a las estaciones de esquí del lado francés, sin considerar las complicaciones constructivas que entraña la difícil orografía, la complejidad de sus mantenimiento invernal y que, posiblemente, el futuro para poblaciones como las citadas viene más de la conservación y calidad del paisaje que del señuelo del esquí alpino en Francia.
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Valle de Ordesa |
El descenso por todo el valle de Bujaruelo pasando junto a los restos de la ermita de San Nicolás nos deja de nuevo en el llamado puente de los Navarros, donde encontramos la carretera asfaltada de acceso a Ordesa por la que en un par de kilómetros llegaremos nuevamente a Torla. Habremos completado un periplo extraordinario, variado, rico en biodiversidad y paisaje, que nos ayudará a comprender la importancia de conservar lugares como éste, a conocerlos caminando y a trabajar para que su preservación signifique más calidad de vida para todos.