El Maestrazgo turolense: Travesía Molinos-La Cañada de Benatanduz

El GR-8 es un sendero clásico de los llamados de “Gran recorrido” que, a lo largo de la provincia de Teruel, recorre las sierras orientales del Sistema Ibérico, empezando en los Puertos de Beceite y terminando en la Sierra de Gúdar y Javalambre. Entre ambos lugares se encuentra la comarca del Maestrazgo por la que vamos a caminar durante tres días siguiendo un itinerario cómodo y bien señalizado entre las localidades de Molinos y la Cañada de Benatanduz, a través de pistas y senderos con una altitud media por encima de los 1000 metros. Esta zona altamente despoblada, con apenas 2.000 habitantes, es una mezcla sorprendente de paisajes y riqueza cultural, donde podremos observar restos de una agricultura basada en el aprovechamiento de los rincones más inhóspitos, que se sostiene gracias al complemento de las nuevas actividades surgidas en la última década en el sector servicios.

Vea aquí el mapa de esta travesía
Iniciamos nuestra travesía en Molinos, municipio que hoy día se ha convertido en un auténtico motor de desarrollo e impulsor de iniciativas para toda la comarca. Es un enclave turístico cada vez más atractivo que ha sabido poner en valor los recursos naturales de su entorno. Alcaldes imaginativos y dinámicos han sido los impulsores de políticas que se han traducido en acciones dinamizadoras en el conjunto del Maestrazgo. Allí surgió hace unos años el CEDEMATE (Centro para el Desarrollo del Maestrazgo de Teruel).

Al amparo de programas cofinanciados por la Unión Europea, en el marco de los llamados programas LEADER, se han materializado numerosas iniciativas emprendedoras en el campo del turismo activo, la agricultura, la artesanía y otras actuaciones creadoras de empleo que han permitido frenar la tendencia de despoblación progresiva. Hay esperanza para el Maestrazgo, surgen propuestas innovadoras, se aprovechan en este rincón de la periferia aragonesa las nuevas tecnologías de la comunicación, y como consecuencia, se abren expectativas para que los jóvenes puedan vivir aquí dignamente.

Entre Ladruñán y Villarluengo

En pocos lugares como éste se aprecia lo que supuso para España nuestra incorporación en 1986 a la hoy llamada Unión Europea. Las políticas de cohesión social y territorial han permitido atraer recursos financieros para llevar a cabo las acciones antes apuntadas. Caminando por estos lugares se refuerza nuestra identidad europeísta y sentimos la satisfacción de pertenecer a una realidad supranacional fuerte, vigorosa y democrática que permite contribuir al reequilibrio de comarcas como ésta.

Visitamos, en ruta hacia Ladruñán, las Grutas de Cristal, auténtica joya natural, y el Salto de San Juan donde encontramos un yacimiento de tumbas antropomórficas –una antigua necrópolis-, con magnífica vista panorámica del valle de Cuevas de Cañart. En esta pequeña aldea se conserva un importante conjunto histórico. Una anciana del lugar nos enseña con orgullo un antiguo horno de pan, hoy en desuso, mientras rememora su pasado en este paisaje adusto pero hermoso. Un desfiladero bastante impresionante, conocido como el Estrecho, nos lleva hacia Ladruñán, donde unos jóvenes han recuperado una vivienda para albergue refugio, pudiendo dormir y comer con una calidad y precio muy razonables.

UN PAISAJE MODELADO POR EL GUADALOPE

Puente sobre el río Guadalope

En La Algecira iniciamos una larga etapa hacia Villarluengo, a través de una de las zonas más agreste y salvaje del Maestrazgo, que nos permite contemplar el extraordinario paisaje modelado durante siglos por el río Guadalope, que discurre aquí por hoces y barrancos sorprendentes. Remontando el río encontramos ruinas de antaño gigantescas masías como la de Fonseca.

Pronto nos encontramos con un panorama desolador. Entramos en la zona que fue devastada en el verano de 1994 por el mayor incendio forestal que se ha conocido en Aragón. Días terribles en los que la meteorología se alió para calcinar más de treinta mil hectáreas. Las huellas de esta auténtica tragedia ecológica permanecerán durante décadas. Lo que antes eran grandes extensiones de bosque hoy son páramos en los que empieza a renacer la esperanza en forma de verdes brotes. Una tormenta seca fue el desencadenante en esa ocasión. Otras veces son las imprudencias humanas. Nunca serán suficientes los medios dedicados a prevenir y sobre todo a concienciar a todos de la importancia de proteger nuestros bosques. Bastan unas horas para acabar con una obra que la naturaleza ha diseñado en cientos o miles de años. La fauna, la flora, el arbolado, la armonía del paisaje, todo desaparece bajo el fuego, y con ello, la calidad de vida de estas gentes.

Chimenea de roca en el Nacimiento del río Pitarque

Cuando salimos de este territorio inhóspito y nos reencontramos con el bosque y la vegetación autóctona estamos cerca del cauce del río Guadalope, que cruzamos por un bonito puente, llamado del Vao. Desde aquí entre paredes y esbeltas agujas calcáreas ascendemos hasta el Puerto de Villarluengo en las inmediaciones del pueblo del mismo nombre. A unos 1.100 metros de altitud, Villarluengo está ubicado en un escarpe sobre el río Cañada. Es una población de origen medieval que cuenta con alojamientos turísticos donde podemos pernoctar. Tiene un emplazamiento estratégico controlando las confluencias de los ríos Guadalope, Cañada, Pitarque y Palomitas.

Aguja cerca de Pitarque

En nuestra última etapa seguimos en primer lugar el antiguo camino que une los núcleos de Villarluengo y Pitarque, pasando por la Loma Cerrallosa a unos 1.400 metros de altitud, con buenas vistas generales. Cuando atravesamos las calles de Pitarque descubrimos una arquitectura urbana tradicional y muy homogénea que apenas ha sufrido reformas modernas que rompan la armonía. El entorno goza de merecida fama por su riqueza paisajística, lo que es especialmente apreciable en el paraje conocido como Nacimiento del río Pitarque, que visitamos siguiendo un sendero bajo grandes acantilados que pasa junto a la ermita de la Virgen de la Peña.

En el Nacimiento encontramos unas grandes surgencias de agua que manan de la roca y que confieren un aspecto de idílica paz al conjunto natural. Retomamos el camino hacia La Cañada de Banatanduz, que nos permitirá una buena perspectiva desde lo alto de todo el cañón excavado por el río Pitarque, uno de los mejores miradores de todo el trayecto. Una sucesión de ramblas, vaguadas y pinares nos deja en el punto más alto de toda la travesía, el Peirón de los Santos Adones, a 1.600 metros. Un pilón de piedra en el collado nos sirve de referencia para iniciar el descenso hasta La Cañada de Benatanduz, un pequeño pueblo de apenas 60 habitantes, pero con un emplazamiento de extraordinaria belleza por lo contrastado del paisaje, que combina angostos barrancos y una planicie cultivada bajo la sierra de la Cañada.

Cañada de Benatanduz vista desde el Peirón

Toda la ruta realizada no sólo nos ha permitido descubrir un territorio rico en recursos naturales y unas gentes capaces de poner en marcha actividades compatibles con la conservación de los mismos, sino otras iniciativas igualmente importantes para el futuro de la comarca, que están hoy en pleno desarrollo. Me refiero al Parque Cultural del Maestrazgo que se articula como un elemento de identidad colectiva, que conjuga la interacción entre naturaleza, hábitat y patrimonio histórico. El Parque atesora una amplia herencia patrimonial en la que se combinan los yacimientos arqueológicos, los paleontológicos y valiosos ejemplos del gótico levantino, la arquitectura civil renacentista y el barroco. Es así como el Maestrazgo es hoy equivalente a ilusión, a futuro y a porvenir para unas personas que quieren seguir aquí porque aman a esta tierra.