Los vecinos de La Jota, hartos de las vallas y los pisos sin entregar: "Ya vale la broma"
Vallas por doquier, un carril bici a la espera de ser estrenado y un bloque de viviendas que aguarda a sus inquilinos. Esa es, en líneas generales, la estampa que se puede ver cada día en el entorno del barrio de La Jota más próximo al Tercer Cinturón. Aunque allí hay proyectadas cerca de 800 viviendas, más de medio centenar fueron ya terminadas hace unos meses, pero sus propietarios siguen a la espera de que les entreguen las llaves.
La situación, que ya ha sido denunciada anteriormente en algún medio de comunicación, no ha pasado tampoco desapercibida en redes sociales, donde cada cierto tiempo los vecinos de la zona trasladan su malestar en un grupo de Facebook. "¿Alguien sabe cuándo van a inaugurar toda la zona nueva o vamos a tener que empezar a tirar vallas? Esto es una vergüenza", comentaba enfadado un usuario.
"La culpa la tienen varios factores. Bastante cabreados estamos los que no podemos entrar a vivir", aseguraba otra usuaria y, al parecer, propietaria de una de las viviendas que, a día de hoy, permanecen sin ser entregadas. Precisamente, uno de esos "factores" sería que la compañía eléctrica no habría dado todavía suministro a la zona y, por lo tanto, ni los pisos ni las zonas comunes del edificio cuentan con luz.
"Yo creo que todo va unido. Cuando esté todo solucionado darán los pisos y abrirán los accesos", confiaba otra usuaria. En cualquier caso, otros vecinos de la zona han perdido ya la paciencia tras tanto tiempo de espera y comentaban: "Toda la razón, yo creo que ya vale la broma".
A decir verdad, no es para menos. Y es que, la urbanización de esta zona -antes un descampado utilizado por los vecinos para aparcar sus vehículos- ha supuesto la pérdida, por el momento, de plazas de aparcamiento. No solo en la calle Manuel Viola, donde se están llevando a cabo las obras, sino también en la calle Mariano Malandía que conectará con las nuevas urbanizaciones y las nuevas vías que ya se han levantado. Habrá que esperar, con más paciencia si cabe, que transitar por ellas sea más pronto que tarde una realidad.