Llega a Zaragoza el primer brunch balcánico: tradición rumana y sabores caseros desde 1,50 euros
Plaxinta ofrece en Zaragoza el primer brunch balcánico con placintas desde 1,50 euros y menú tradicional con embutidos, kéfir y chupito de orujo
Los brunchs se han convertido en mucho más que una moda. En Zaragoza, cada vez más locales ofrecen propuestas para quienes disfrutan desayunar sin prisa, con un café bien hecho y algo rico que combine dulce y salado. Pero hay un lugar que ha querido ir mucho más allá de los clásicos huevos benedict o las tostadas con aguacate.
Desde el pasado mes de abril, ha abierto en la capital aragonesa un local que no llega desde Londres ni Nueva York, sino directamente desde las costumbres más auténticas de Rumanía. Ubicado en el barrio Jesús, Plaxinta, un pequeño establecimiento que trae a la ciudad una experiencia diferente: el primer brunch balcánico de Zaragoza.
Aquí, el desayuno se vive como un momento de encuentro, con recetas caseras, una anfitriona cercana y sabores que no se encuentran en ningún otro sitio. Y todo con precios ajustados, atención amable y ese ambiente que te hace sentir como en casa.
LAS PLACINTAS, LA MASA QUE CUENTA UNA HISTORIA
Las placintas son el alma del local. Este plato hecho a base de masa fina y crujiente, horneada al momento, tiene siglos de historia. Ya se cocinaba en tiempos de la antigua Roma y hoy es uno de los platos más representativos de Rumanía y Moldavia.
En Plaxinta, se sirven en versiones dulces —como manzana con canela, requesón con eneldo, queso fresco con limón o mermelada de frutas— y saladas —con carne, verduras, embutidos ahumados, patata o col—. Cada unidad cuesta solo 1,50 euros, por lo que es fácil probar varias o compartir entre varios comensales.
Además, todos los jueves hay una edición especial para los más curiosos: la plăcintă de pulpo encebollado, que se acompaña con caña o copa de vino.
EL BRUNCH RUMANO COMPLETO: MÁS ALLÁ DE LA MASA
Además, si se quiere vivir la experiencia completa, lo mejor es pedir el menú Balkan Brunch. Por 15,99 euros, incluye un plato combinado abundante y lleno de sabor, servido como se haría en cualquier casa de campo rumana.
El plato lleva una selección de embutidos ahumados (salami, chorizo, tocino y cabezada), huevo duro, queso teta y una mezcla de hortalizas frescas como cebolla, tomate, pepino y rabanitos. Todo acompañado de una taza de leche fermentada tipo kéfir (lapte bătut) y, como marca la tradición, un chupito de orujo para empezar.
Este brunch no solo alimenta, también sorprende. Es una forma de descubrir la riqueza cultural y gastronómica de un país del que proceden muchos de nuestros vecinos, aunque rara vez se visibilice su cocina. Aquí se hace con orgullo y generosidad.