Adiós a Entaban: esta pastelería del barrio de Jesús cierra sus puertas tras más de 40 años
En los últimos meses, Zaragoza está viendo cómo los pequeños negocios de barrio cierran sus puertas. Aunque en algunos casos surgen nuevos establecimientos, la tendencia es clara: los comercios de proximidad están perdiendo terreno frente a las grandes superficies y cadenas. Este fenómeno no solo afecta a los comerciantes, sino también a los vecinos, que ven desaparecer locales llenos de historia y tradición, dejando un vacío difícil de llenar.
Uno de estos cierres es el de la pastelería Entaban, situada en el número 26 de la avenida de Cataluña, en el barrio de Jesús. Este acogedor local abrió sus puertas en 1980 y, durante más de cuatro décadas, ha sido un referente para los zaragozanos. Con momentos más fructíferos que otros, Entaban siempre ha destacado por la calidad de sus productos y el trato cercano que ofrecía a su clientela. Su cierre supone el adiós a un espacio que, para muchos, era sinónimo de dulces recuerdos y reuniones familiares.
La dueña de la pastelería, María Pilar García, con más de 40 años de experiencia en el sector, no esconde el cariño que siente por su oficio. “Es el más bonito del mundo y el más agradecido, porque que vendas una cosa hecha por ti y al día siguiente venga y te digan lo bueno que estaba, es algo que hace mucha ilusión”, comenta emocionada y añade que lleva aquí “media vida”.
La historia de la pastelería Entaban comienza en 1980, cuando Fernando Fernández Gil decidió abrir el negocio. María Pilar García, que por entonces ya formaba parte del equipo como empleada, fue testigo de los altibajos que vivió el local en sus primeros años. Aunque los comienzos no fueron fáciles, la calidad de los productos y el trato cercano a la clientela lograron consolidar su presencia en la zona.
Sin embargo, debido a las dificultades económicas, Fernando se vio obligado a cerrar el negocio en varias ocasiones. Fue hace casi 20 años cuando le ofreció a María Pilar la oportunidad de hacerse con la pastelería. Así, la actual dueña tomó las riendas del negocio y, con mucho esfuerzo, lo ha mantenido a flote, convirtiéndolo en un referente en el barrio.
Por su parte, su marido José Luis, aclara que la decisión de cerrar no responde a problemas económicos. “No cerramos porque vaya mal, sino por circunstancias médicas”. Desde el pasado martes, que fue cuando colgaron el cartel de “se traspasa”, han recibido varias ofertas para traspasar el negocio. “Hay gente interesada, pero no las pone”, señala en referencia al dinero. Sin embargo, explica que han fijado el precio de traspaso en 50.000 euros, una cantidad que consideran “justa” por el negocio tan establecido que dejan atrás.
"LO QUE SE VENDE AQUÍ ES CALIDAD"
A pesar del cierre, los propietarios de Entaban se sienten orgullosos de su legado. “Tenemos una valoración de 4,7 sobre 5. Lo que se vende aquí es calidad, no puedes vender en precio”, subraya José Luis. Comenta que, aunque en algunos productos, como las tartas, el precio puede ser algo más elevado que en otros lugares, pero que “muchos clientes prefieren pagar un poco más por productos que saben que son superiores”. “Igual nuestra tarta cuesta 10 euros más que la de otros sitios, pero ¿cuántas tartas se compran al año?”, reflexiona.
El adiós de Entaban refleja los sacrificios que los pequeños comercios deben afrontar, no tanto por la competencia de grandes superficies, sino por el desgaste físico y emocional que supone mantener un negocio durante tantos años. José Luis no duda en reconocer que el ritmo de trabajo es “muy elevado”. “Lo que no puedes meter es 16 horas diarias, es algo imposible a nuestra edad”, concluye.