La histórica Mercería El Siglo busca nuevo dueño en Zaragoza: reinvención como modelo de negocio

Con más de 60 años de historia y sirviendo como referencia en una zona comercial clave situada entre los distritos del Centro, Universidad y Delicias, La Mercería El Siglo cuelga el cartel de “Traspaso” pero sin intención de desaparecer
m4
photo_camera La Mercería El Siglo cuelga el cartel de “Traspaso” pero sin intención de desaparecer

Cuando Elena se hizo cargo de la tienda de su madre hace casi 20 años, la calle Cortes de Aragón no era la misma que ahora. El tranvía no existía. Tampoco había patines eléctricos circulando de un lado para otro. Muchas cosas eran diferentes en ese entonces. Lo que si recuerda Elena es a ella y a sus amigos corretear alegremente por uno de los barrios populares más céntricos de Zaragoza. Un barrio que ha ido transformándose bajo la atenta mirada de la Mercería El Siglo, que data sus orígenes en los años 30, cuando se construyó el edificio.

Con más de 60 años de historia y sirviendo como referencia en una zona comercial clave situada entre los distritos del Centro, Universidad y Delicias, La Mercería El Siglo (Calle Cortes de Aragón, 46) cuelga el cartel de “Traspaso” pero sin intención de desaparecer. Su dueña, Elena, con 46 años y dos hijos, necesita cambiar de etapa y dedicarse a otra cosa. Sin saber aún a qué, Elena no concibe la idea de que la mercería deje de serlo. Simplemente, ya no será suya. Pero el negocio continuará.

m8
La Mercería El Siglo se encuentra en la Calle Cortes de Aragón, 46

“El día que se jubiló mi madre cogí el testigo de la tienda, y yo la fui transformando haciéndola mía gradualmente”, relata Elena, la propietaria que traspasa la mercería. Poco tiene que ver esa tienda con la que hay actualmente, en pleno 2024. “El traspaso también es una opción. Porque ese desierto que pasa desde que abres hasta que ingresas el primer euro es mucho más llevadero si empiezas con un traspaso”, matiza Elena, que antes de liquidar, prefiere tener el género completo para quién venga después de ella y tome las riendas de Mercería El Siglo.

“La oportunidad de que alguien reciba el negocio en las condiciones que se lo doy, le va a permitir obtener ingresos desde el día en que suba la persiana”, señala Elena, que asegura que tras toda una vida dedicada a la atención al cliente en la mercería, necesita “cambiar de gente y de conversaciones”. Su intención es que el nuevo emprendedor o emprendedora siga adelante desde una sólida reputación y una clientela fiel.

“Las tiendas tienen que contar historias, eso es lo que hace especial al pequeño comercio”, remarca Elena. En la Mercería El Siglo tienen muchas historias con nombre propio y apellido. Antes de que su madre la comprara, allá por 1963, ya era una mercería. El edifico se remonta a los años 30, y Elena afirma que “fue una mercería desde que se levantó el edificio, mi madre siempre me lo ha dicho así”.

UNA MERECERÍA QUE SE REMONTA A LA GUERRA CIVIL

Paños higiénicos, compresas, batas de los colegios, cosmética, ropa de niño y hasta abanicos. Elena insiste en la idea de que el negocio va cambiando con los años y no hay por qué definirse bajo una sola etiqueta. “Quiero que la persona que me suceda en el negocio cree cosas, como una tienda de camisetas o algo por el estilo. El local puede no seguir siendo una mercería, pero hay espacio para un taller en condiciones”, ha señalado Elena, dueña de la Mercería El Siglo.

m7
Elena insiste en la idea de que el negocio va cambiando con los años y no hay por qué definirse bajo una sola etiqueta

“Para llegar y comprar e irse, los clientes ya tienen las grandes superficies. En el pequeño comercio buscan una atención más especializada, que no esté solo limpia . Tiene que ofrecer algo especial, más personal”, sentencia Elena, propietaria de la mercería. Está convencida de que el destino de su tienda es una persona que cree cosas, ya sean camisetas, adornos para el pelo o sus propios diseños de moda. Ella insiste en que hay espacio para hacer un taller y seguir creando. “Se pueden hacer diferentes cosas en el mismo espacio”, remarca la dueña del negocio.

“De mi tienda hasta la calle centro de Casablanca no hay ninguna mercería, pero es que tampoco la hay desde la esquina de Sangenis con la Avenida Madrid”, apunta Elena. Hay que saber reinventarse: en su mercería se han hecho charlas, presentaciones de libros, talleres, reuniones de tuperware y de termomix. “Es un negocio que cada vez hay menos. Es cierto que necesita de cierta personalidad. No son fáciles de llevar en el sentido de que hay mucho género. He trabajado con más de 5.000 referencias”, reconoce Elena, la propietaria.

EL CAMBIO SOCIO-CULTURAL DE LA CALLE CORTES DE ARAGÓN

“No quiero que el barrio se quede sin mercería”, se queja Elena, que se emociona cuando las clientas lamentan el inminente traspaso. Fundada originalmente durante la Guerra Civil, Mercería El Siglo ha sido testigo de los cambios y transformaciones de la ciudad a lo largo del tiempo. Alguna vez ha llegado un cliente contándole a Elena, la propietaria de la mercería, cómo él solía ir con su madre para comprar ropa para la guerra civil”.

Años atrás, Elena recuerda cómo su madre salía de la mercería detrás de su hermano y ella porque se escapaban para ver el escaparate de una tienda de televisores. Otras veces, su madre le mandaba a por merienda a la calle de al lado. “Eso ahora, con mis hijos, lo veo impensable”, cuenta Elena. “Mi madre incluso me mandaba a comprar tabaco, algo que ahora quedaría muy mal”, recuerda Elena entre risas.

m5
Elena admite que le encanta trabajar en el mostrador

En cuanto a planes de futuro, Elena primero quiere terminar con el asunto de su mercería, aunque a largo plazo, no se plantea abrir un negocio nuevo. Maestra de educación especial de formación y con un ciclo formativo de gestión socio-cultural, Elena espera abrirse camino entre algo nuevo pero sin perder el trato con la gente. “La educación de adultos es algo que podría ser una opción”, baraja Elena. Pero lo que tiene claro es que quiere seguir tratando con la gente, seguir conversando. “A mi el mostrador me vuelve loca”, admite Elena.