Los vecinos de Cadrete, desolados: "Es la segunda vez que el agua se lleva nuestra casa"
Recuperarse de una riada que se lleva por delante tu hogar, ese en torno al cual has construido tu vida y que está lleno de recuerdos, es complicado. Sin embargo, tener que pasar por una situación como esta en hasta dos ocasiones en cuestión de varios años es ya inimaginable. Por eso, muchos de los vecinos del entorno de la avenida Muralla de Santa Fe, todavía término municipal de Cadrete, prefieren no decir nada porque la emoción ya habla por sí sola.
Allí, los muros de algunas casas de las calles Pastriz o Manchones están directamente en el suelo. Los ladrillos se entremezclan entre el barro de lo que fue la riada de este pasado domingo en toda la ribera del Huerva. Y aunque como afirman algunos de los afectados no llovió tanto como en otras ocasiones, el desbordamiento del río y de algunos barrancos hizo que el agua cogiera tanta fuerza que arrasó todo a su paso.
"Es la segunda vez que perdemos la casa en cuestión de años. Mis padres también vivían en esta zona y jamás se había visto algo así. El problema vino cuando hicieron la autovía. Al estar en alto hace de presa o de dique y el agua cae con tantísima fuerza que baja descontrolada y se lleva todo", contaba visiblemente afectado uno de los vecinos del entorno.
A escasos metros, en el interior de uno de los negocios de la zona, la cafetería La Luna, su personal trabajaba sin descanso para sacar el barro. La valla del mismo había desaparecido y, en la parte exterior, las mesas y las sillas de terraza se amontaban entre ramas y palos arrastrados también desde el campo.
LA RESIDENCIA DE SANTA FE, TAMBIÉN ANEGADA
Bajando esta misma avenida se encuentra la residencia de ancianos de Santa Fe, uno de los lugares más afectados por este temporal. Allí casi un centenar de residentes se irán trasladando a lo largo del día hacia otros centros más seguros después de que anoche el agua llegase hasta la cintura de los servicios de emergencias en el patio exterior de la finca.
Mientras, los propietarios de viviendas cercanas a la propia residencia sumaban fuerzas para achicar cepillo en mano, y con la colaboración de los servicios de emergencias desplazados, todo el lodo que no dejaba distinguir las líneas de la carretera.