El patrimonio aragonés es un conglomerado majestuoso, que emociona a todos los turistas que visitan sus terrenos. Desafortunadamente, no todos ellos han podido sobrevivir de la mejor manera al paso del tiempo, y tal es el ejemplo de monumentos como el castillo Al-Marya de María de Huerva (Zaragoza) o la serrería El Bural de Ardisa, pertenecientes a la Lista Roja del Patrimonio de la Asociación Hispania Nostra.
Asimismo, una de las grandes maravillas arquitectónicas de Calatayud, su Conjunto Fortificado Islámico, también pertenecía a este listado desde el año 2008. Su estructura no cesaba en desmoronarse, y sus murallas y torres eran testigos silenciosos de un pasado glorioso que parecía desvanecerse.
Sin embargo, todo se queda en el pasado. Y aunque estaba hasta hace poco en la ruina, ya no es así. Tras años de dedicación, esfuerzo y una inversión de más de 4,3 millones de euros, este emblema bilbilitano ha sido retirado de la Lista Roja en este 2025 y ha pasado a la Lista Verde; es decir, se ha convertido en un bien parcialmente recuperado (fuera del riesgo de desaparición), reconocido y con una nueva puesta en valor de lo que representa.
Por ello, ante este hito en la transformación del recurso patrimonial y turístico bilbilitano, en este artículo vamos a contarte todo lo que necesitas saber sobre el Conjunto Fortificado Islámico de Calatayud, desde su origen y evolución hasta su estado actual.
UN LEGADO PERTENECIENTE A LA RECONQUISTA
El Conjunto Fortificado Islámico de Calatayud es el más antiguo de su época en España, y cuenta con la categoría de Bien de Interés Cultural. Este se construyó como un sistema defensivo para proteger la ciudad y un punto estratégico entre Zaragoza, Toledo y Córdoba. Su origen se remonta a un periodo entre los siglos VIII y IX, y se documenta su existencia en el año 862, durante el emirato de Muhammad I. Está compuesto por cinco castillos y una extensa muralla que en su día representaron un ejemplo imponente de la arquitectura militar islámica.
A lo largo de los siglos, la fortaleza fue testigo de conquistas, batallas y transformaciones, pero su importancia nunca disminuyó. Sin embargo, el paso del tiempo y la falta de conservación lo llevaron a un deterioro progresivo que ponía en peligro su existencia.
Los cinco castillos del Conjunto Fortificado Islámico
A continuación, vamos a repasar la formación de los cinco castillos, pensados para conformar un gran conglomerado defensivo y habiendo sobrevivido, a duras penas, a la erosión del tiempo.
El Castillo Mayor
El Castillo Mayor es de grandes dimensiones, unos 100 por 50 metros aproximadamente y construido con fábrica de tapial y piedra. Se compone de dos recintos amurallados y varias torres. El estado de conservación es de ruina aunque algunos elementos fueron reconstruidos en el siglo XIX por las tropas francesas. En las cercanías se conserva la denominada puerta emiral por datar de la época del emir Muhammad I, en arco de herradura.
El Castillo de Doña Martina
El Castillo de Doña Martina es el único que usa grandes bloques de piedra, aunque otras partes están realizadas en mampostería. Tiene planta ovalada, adaptándose a la loma en la que se encuentra; se aprecian los muros del amurallamiento exterior, así como los arranques de torres y otras fortificaciones.
El Castillo de la Torre Mocha
El Castillo de la Torre Mocha se sitúa al lado del Castillo Mayor y se compone de un recinto amurallado más una torre de planta octogonal e importante desarrollo en altura. La fábrica es de mampostería.
El Castillo Real
El llamado Castillo Real se encuentra al sur del Mayor y entre estos se sitúa el recinto de la Longía. El castillo se compone actualmente de una muralla que lo rodea en su totalidad. Por su parte, el recinto de la Longía se compone de una serie de torres, algunas mejor conservadas que otras y de las murallas que unían el Castillo Mayor con el Real.
El Castillo de la Peña
El Castillo de la Peña se encuentra situado en el extremo suroeste del conjunto, enlazado históricamente por las murallas con las demás fortificaciones. Del castillo como tal solo queda la planta y algunas cámaras excavadas en la roca, que constituirían los sótanos de la fortaleza. No obstante, el castillo fue arrasado, se cree que entre los siglos XII y XIV, para construir encima de él la iglesia de la Virgen de la Peña, situada en una colina. Este templo responde así a dos momentos constructivos: uno del siglo XII, fecha de su fundación y otro en el siglo XVI, en el que se reforma el conjunto, dándole su apariencia actual en estilo mudéjar.
RENACIMIENTO DE ROJO A VERDE
Cuando en 2008 Hispania Nostra incluyó al Conjunto Fortificado Islámico en su Lista Roja, la alarma fue evidente. Sin intervenciones urgentes, Calatayud corría el riesgo de perder un elemento esencial de su historia. Por ello, durante los últimos seis años, se han realizado restauraciones con un enfoque integral, combinando la conservación arquitectónica con la mejora del entorno urbano y natural.
Se han llevado a cabo más de quince intervenciones, destacando la restauración del torreón este, la fachada de la Torre Albarrana y el lienzo de la muralla del Recinto de la Torre Mocha. Además, se ha reconstruido el lienzo norte del Castillo Mayor, se ha mejorado el acceso al Castillo de la Torre Mocha y se han habilitado senderos y miradores para permitir visitas. También se han renovado varias calles adyacentes, creando una vía de acceso urbanizada y embelleciendo el entorno.
Las actuaciones no se han limitado a la infraestructura. El Ayuntamiento, junto con colectivos locales, ha promovido actividades divulgativas para dar a conocer la historia, función y valor de este conjunto. Ahora, con la inversión del 2% Cultural por valor de 2,4 millones de euros, se dará inicio a la recuperación del Castillo del Reloj, consolidando este proceso de revitalización.
De esta forma, el Conjunto Fortificado Islámico de Calatayud ha renacido, dejando atrás la sombra de la ruina y convirtiéndose en un orgullo para los bilbilitanos. Su recuperación no solo ha salvado un patrimonio invaluable, sino que también ha demostrado que, con esfuerzo y compromiso, la historia puede volver a brillar. Hoy, estas murallas cuentan una historia de lucha y renacimiento, recordándonos que el pasado, cuando se protege, se convierte en un puente sólido hacia el futuro.




