El "Pañuelico" rojo viste un año más al Torico, entre los vítores de miles de personas

Teruel ha vivido su momento más intenso y más emotivo del año. Poco han importado los más de 30 grados, y la puesta del Pañuelico al Torico ha hecho enloquecer a una plaza abarrotada de gente. La Vaquilla había empezado, los turolenses están de fiesta.

Teruel.- La plaza del Torico de la capital turolense ha acogido a miles de personas, todas pendientes de la columna que sustenta al animal que da nombre al lugar. Entre charangas y risas la gente aguardaba el momento en el que la encargada de vestir de fiesta al Torico, comenzara su ascenso por la torre humana. Ha sido entonces, cuando las voces se han hecho una y de Teruel provenía el rugido de la fiesta, el rugido de la Vaquilla.

Pasaban de las 16.30 horas y también de los 30 grados. La plaza, abarrotada de gente, se disponía a vivir su momento más mágico. Poco importaba de donde era cada una de las personas que allí se agolpaban, pues todas se encontraban pendientes de la figura más querida, del Torico de la plaza. Para hacer más llevadera la espera, docenas de cubos de agua se han lanzado desde las ventanas y balcones para refrescar del sofocante calor. Es el calor del verano, de la gente, de la fiesta.

Desde el Ayuntamiento se ha dado el pistoletazo de salida a la Vaquilla, el Campanico ha sonado y todos los presentes han acompañado a Rocío Féliz de Vargas, de la peña "El Puchero", la mujer encargada este año de colocar el pañuelo, rojo obligado e imprescindible de la fiesta. Por una de las calles, se entreveía la mano portadora del pañuelico y comenzaban a elevarse, más todavía, las voces de Teruel.

Posiblemente, la edición más rápida de todas, pero la columna humana se ha formado en un orden y armonía perfectos. La última persona en subir, y la más importante, ha hecho saltar y rugir a la plaza, cuando el pañuelico que llevaba en la mano ha pasado a vestir al Torico. Desde allí, y junto a la pequeña estatuilla, los portadores han respondido al bullicio con un saludo y las lágrimas de los turolenses han brotado de manera inevitable.

Pero finalizado el momento, nadie ha abandonado la plaza. Los cientos de personas allí congregadas han seguido pidiendo agua a los balcones y han seguido bailando. Este año, el grito más escuchado y unísono ha sido “que bote Teruel”, cantado mientras todos juntos botaban y saltaban de alegría.

Este año, al igual que el pasado, ha habido lluvia, y aunque caía desde lo alto, no era la que lanza las nubes. De nuevo eran los litros de alcohol que ha cambiando el blanco vaquillero de las prendas por el morado del vino. Pero, al igual que los cantos y gritos, el nuevo color ha llegado uniforme para todos, el color, el olor y el sonido de la plaza no eran los mismos que una hora antes.

Un sonido, el bullicio ensordecedor; un olor, el del vino derramado; un color, el del rojo vaquillero y el del sol; un sentimiento, la enorme alegría y la profunda emoción. Durante tres días más el Torico llevará el pañuelo rojo, el pañuelo de la fiesta, como un vaquillero más, el más emblemático y adorado. El Torico está de fiesta, Teruel vive su Vaquilla.