La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Zaragoza ha escuchado este lunes dos relatos irreconciliables. De un lado, el de un hombre acusado de agredir sexualmente a su entonces esposa mientras dormía y de causarle lesiones meses después en el domicilio familiar. Del otro, el de una mujer que ha descrito en un duro testimonio cómo despertó entre lágrimas y dolor, sin entender qué estaba ocurriendo. La Fiscalía y la acusación particular piden once años de cárcel por un delito de agresión sexual y otro de lesiones, mientras que la defensa reclama la absolución ante unos hechos que jamás sucedieron tras casi 20 años de relación.
El acusado, O. B. B., ha sido el primero en declarar. Ha respondido a las preguntas de la Fiscalía y de su abogado, rehusando contestar a la representación legal de la denunciante. Ha negado de forma tajante los hechos y ha sostenido que “no pasó nada parecido” a lo que se recoge en los escritos de acusación. Según su versión, la relación se rompió tras la separación y la marcha de su expareja a Madrid con el hijo común. Ha reconocido un periodo de consumo de alcohol y drogas, del que asegura haber salido, y ha atribuido la denuncia a un conflicto surgido en pleno proceso de divorcio. “Yo adopté una actitud pasiva”, ha insistido.
Después ha llegado el turno de la denunciante. Su declaración ha sido larga, entrecortada en varios momentos por el llanto, y seguida con atención por magistrados, las partes, y la audiencia pública. Ha situado el primer episodio en octubre de 2023. Con la voz entrecortada por momentos, relatado que, tras volver de fiesta, se quedó dormida sin desvestirse y que despertó con un fuerte dolor en la zona vaginal, llorando, mientras su marido realizaba actos sexuales sin su consentimiento. Ha explicado que le pidió que parara varias veces y que logró apartarse para refugiarse en otra habitación. No denunció entonces. “Tenía miedo y vergüenza”, ha dicho. “Vergüenza de que quien dormía a su lado fuera”, según su relato, "quien la había agredido".
La mujer ha descrito también un segundo episodio en mayo de 2024, cuando, tras descubrir conversaciones del acusado con otras mujeres y con contenido sexual explícito, este la agarró con fuerza de los brazos durante una discusión, causándole hematomas. Ha explicado que dejó de intentar hablar de lo ocurrido porque siempre recibía la misma respuesta: que era “demasiado sensible y que estas cosas pasaban en todos los matrimonios”. Los psicólogos que la atendieron han confirmado que presenta síntomas compatibles con un trastorno de estrés postraumático y que, en las evaluaciones realizadas, su relato fue coherente y sincero. Otras periciales han analizado fotografías de los hematomas, compatibles con un agarre violento en brazos y muñecas.
En sus conclusiones, la Fiscalía ha mantenido la acusación por agresión sexual y lesiones y ha solicitado diez años de prisión por el primer delito y uno por el segundo, además de quince años de alejamiento, ocho de libertad vigilada y una indemnización que asciende a 18.200 euros. La acusación particular, ejercida por la abogada Ana María Ruíz Velilla, ha elevado la petición de responsabilidad civil hasta los 25.200 euros y ha reclamado medidas de alejamiento más amplias. La defensa, a cargo del letrado Enrique Trebolle, ha insistido en la absolución del acusado, subrayando que la pareja continuó conviviendo y tuvo un hijo tras los hechos denunciados.

