Una mujer asesinada cada seis días: el dato que retrata 20 años de violencia machista en España
Una mujer asesinada cada 6,3 días desde 2003. Ese es el dato que resume, con una crudeza difícil de esquivar, más de dos décadas de violencia machista en España, desde que se tienen datos oficiales. El último informe del Consejo General del Poder Judicial vuelve a poner cifras a una realidad que no remite, y es que 49 mujeres fueron asesinadas en 2025 a manos de sus parejas o exparejas. Un goteo constante que responde a un patrón que se repite con una precisión inquietante.
El documento no solo cuantifica las víctimas, también ahonda en el escenario en el que se producen los crímenes. La mayoría de las mujeres asesinadas mantenían aún una relación con su agresor, lo que desmonta la idea de que el mayor riesgo llega tras la ruptura. Son relaciones en curso, muchas veces marcadas por el control, la dependencia o el miedo, donde la violencia crece sin ruido hasta que estalla. Y lo hace, casi siempre, en un entorno cotidiano, en la mayoría de casos en el hogar, seguido del entorno laboral o la propia calle.
Pero hay un dato que atraviesa todo el informe y que explica, en parte, por qué la violencia sigue siendo tan letal. La mayoría de las víctimas no había denunciado. No estaban dentro del sistema. No había órdenes de alejamiento, ni seguimiento policial, ni medidas de protección activas. La violencia más peligrosa, concluye el informe, es la que permanece invisible hasta el final. La que no deja rastro administrativo, pero sí señales en el entorno más cercano.
En ese punto, los informes dejan de ser cifras y se convierten en nombres. Como el de Silvia, asesinada en Zaragoza. Su expareja la esperó a primera hora de la mañana y le disparó a plena luz del día antes de suicidarse. Horas antes, su familia había alertado de la situación. No había denuncias previas. Un caso que encaja, casi milimétricamente, con el patrón que describe el CGPJ, violencia sin rastro previo, escalada rápida y un desenlace en el que el agresor también decide morir.
El informe también alerta de las consecuencias que trascienden a la víctima directa. En 2025, tres menores han sido asesinados en este contexto y decenas han quedado huérfanos. Una cifra que ya se ha igualado en lo que va de año. La violencia no termina con el crimen, se expande y deja un impacto duradero en familias enteras. Además, se constata una sobrerrepresentación de mujeres extranjeras entre las víctimas, lo que apunta a factores de vulnerabilidad añadidos como el aislamiento, la dependencia económica o la falta de redes de apoyo.
Con todo, el informe no señala una evolución clara hacia la reducción del problema, sino una persistencia que obliga a replantear el enfoque. Porque si después de más de 20 años el patrón sigue siendo el mismo (relaciones en curso, ausencia de denuncia, desenlaces extremos) la pregunta ya no es solo cuántas víctimas hay, sino por qué el sistema sigue llegando tarde en la mayoría de los casos.