El párroco zaragozano retenido en Jerusalén por la guerra en Irán: "Sea como sea, hay que salir"

César Miravete, clérigo en Villanueva de Gállego, permanece con 29 peregrinos en un hotel del centro de Jerusalén tras el cierre del aeropuerto
El párroco zaragozano, César Miravetes, junto al resto de peregrinos, la semana pasada en la Capilla de la Inmaculada del llamado Campo de los Pastores, a las afueras de Belén. Foto cedida a Aragón Digital.
photo_camera El párroco zaragozano, César Miravetes, junto al resto de peregrinos, la semana pasada en la Capilla de la Inmaculada del llamado Campo de los Pastores, a las afueras de Belén. Foto cedida a Aragón Digital.

Lo que comenzó como una peregrinación prevista desde el 22 de febrero por Tierra Santa se ha convertido en una espera que, pese a las sirenas antiaéreas continuas, el sosiego y la templanza de algunos la hace más amena y llevadera. César Miravete, párroco de Villanueva de Gállego (Zaragoza), acompaña a un grupo de 29 personas en Jerusalén que ha quedado atrapado tras el estallido del conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos. “Cuando nos dirigíamos al autobús empezaron a sonar las primeras sirenas y las alarmas en nuestros móviles”, relata desde un hotel en el centro de la capital hebrea.

El sábado por la mañana, el grupo se encontraba celebrando su última misa en el Santo Sepulcro. “Teníamos la misa a las 7.15 horas y todo estaba previsto para regresar al hotel a desayunar”, explica. Pero fue al salir de la ciudad vieja, tras recorrer el Vía Crucis desde la puerta de San Esteban hasta el Santo Sepulcro, cuando el peregrinaje llegó a su fin. “Estuvimos cinco minutos en un refugio, que es el protocolo, y no pasó nada, pero ya empezaron los bombardeos”, señala este párroco. Desde entonces, permanecen en el hotel, donde el propio Miravete ha aconsejado no salir. “La única recomendación es no salir mucho porque no conocemos el resto de refugios. Aquí lo tenemos en el sótano del hotel y es más seguro concentrarnos”, explica en declaraciones a ARAGÓN DIGITAL

El ambiente en Jerusalén, asegura, es una mezcla normalidad y alerta a bombardeos muy sabida. “La gente opera con gran normalidad. Hay tráfico, cafeterías llenas, pero cuando suenan las sirenas todos se van a sus refugios”, subraya Miravetes. Y es que el escudo antimisiles, bien conocido por muchos, intercepta la mayoría de los proyectiles, aunque el párroco reconoce que “anoche hubo varias explosiones fuertes a unos tres kilómetros” y que en otros puntos del país sí ha habido víctimas.

El aeropuerto Ben Gurion permanece cerrado al menos hasta el 6 de marzo, por lo que la salida aérea directa es imposible. Las últimas informaciones apuntan a que el aeródromo israelí ampliará gradualmente los vuelos a partir de mañana. La agencia de viajes y el consulado trabajan en una alternativa para la treintena de personas españolas que por el momento se encuentran en la ciudad vieja de Jerusalén. “Aquí todo funciona minuto a minuto”, explica el sacerdote, que mantiene contacto constante con la agencia y con el consulado español. Finalmente, la opción elegida, según lo previsto, será viajar mañana en autobús hasta El Cairo, un trayecto de unas nueve horas, para desde allí volar a Madrid-Barajas. “Sea como sea, hay que salir”, afirma, descartando riesgos añadidos en la Franja de Gaza y señalando que “ahora lo problemático es Irán”.

Pese a la preocupación, el grupo mantiene la serenidad, algo que no siempre sucede pero bien es primordial. “Estamos todos muy preocupados, pero muy serenos”, explica. Allí ahora es la hora de comer, momento que aprovechan para estar todos juntos y contagiarse de la tranquilidad que buenamente se pueda. “A mal tiempo buena cara. Estamos viviendo la situación con unidad”, aseguran. Miravete afirma haber recibido “mucho cariño desde Villanueva” y mantiene comunicación con la Archidiócesis de Zaragoza. “Estamos en las manos de Dios”, dice, mientras aguardan la confirmación definitiva del plan de evacuación

La entrada de Hezbolá en el conflicto y la intensificación de los bombardeos mantienen la incertidumbre. Sin embargo, el párroco insiste en declaraciones a este medio en que la prioridad es actuar con prudencia. “Hay un ambiente normal, pero hay que actuar con prudencia”. Con la vista puesta en el viaje hacia Egipto, el grupo confía en que en las próximas horas puedan dejar atrás Jerusalén y regresar a casa.


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