Estos nuevos sistemas pueden multarte por varias infracciones a la vez: así funciona el radar medusa

Los radares forman parte de la estrategia para reducir accidentes
Estos radares marcan un cambio: no solo controlan la velocidad, también cómo se conduce, el ruido y el impacto en la seguridad urbana

Los radares medusa se han convertido en uno de los sistemas de control del tráfico que más interés y dudas están generando en España. Bajo esta denominación popular se agrupan nuevos dispositivos tecnológicos que amplían la vigilancia en carretera y en ciudad, y que ya están siendo probados o implantados de forma progresiva por las administraciones.

A diferencia de los radares tradicionales, centrados únicamente en la velocidad, estos equipos apuestan por un control más global del comportamiento de los conductores. La Dirección General de Tráfico (DGT) y varios ayuntamientos estudian su despliegue como parte de las estrategias para reducir accidentes y mejorar la convivencia en entornos urbanos.

  1. QUÉ SON LOS RADARES MEDUSA Y POR QUÉ RECIBEN ESE NOMBRE
  2. QUÉ INFRACCIONES PUEDEN DETECTAR ESTOS NUEVOS RADARES
  3. UNA TECNOLOGÍA EN EXPANSIÓN

QUÉ SON LOS RADARES MEDUSA Y POR QUÉ RECIBEN ESE NOMBRE

El apodo de “medusa” procede de su diseño exterior. Son dispositivos fijos que incorporan un cuerpo central y varios brazos o sensores que recuerdan a la forma de este animal marino. Esa estructura no es estética: permite captar información desde distintos ángulos y aumentar el campo de control.

Existen dos grandes tipos de radares medusa. Por un lado, los orientados al control de infracciones de tráfico, y por otro, los conocidos como radares de ruido, diseñados para medir la contaminación acústica generada por vehículos, especialmente motocicletas y coches con escapes modificados.

Entre las conductas que pueden identificar están el exceso de velocidad

QUÉ INFRACCIONES PUEDEN DETECTAR ESTOS NUEVOS RADARES

Los radares medusa más avanzados no solo miden la velocidad. Gracias a la combinación de cámaras de alta resolución y sensores inteligentes, pueden detectar de forma simultánea varias infracciones en un mismo vehículo.

Entre las conductas que pueden identificar están el exceso de velocidad, la no utilización del cinturón de seguridad, el uso del teléfono móvil al volante o maniobras consideradas peligrosas. Además, al leer la matrícula, el sistema puede comprobar automáticamente si el vehículo tiene la ITV en vigor y el seguro obligatorio activo.

Dentro de esta misma familia se encuentran los radares medusa de ruido, una tecnología pensada para combatir la contaminación acústica en zonas urbanas. Estos dispositivos incorporan varios micrófonos de alta sensibilidad que miden el nivel de decibelios que emite un vehículo en circulación.

Cuando se supera el límite fijado por la ordenanza municipal, el sistema activa la cámara y registra la matrícula. Las sanciones pueden variar según la ciudad y la gravedad del exceso, y forman parte de las políticas de movilidad sostenible y protección del descanso vecinal.

UNA TECNOLOGÍA EN EXPANSIÓN

Aunque su despliegue todavía es limitado, los radares medusa apuntan a un futuro en el que el control del tráfico será más automatizado y exhaustivo. Varias ciudades ya han mostrado interés en ampliar este tipo de dispositivos, mientras la DGT estudia su encaje dentro del sistema nacional de vigilancia vial.

Más allá de la polémica, estos radares reflejan un cambio de enfoque: ya no se trata solo de correr más o menos, sino de cómo se conduce, cuánto se molesta y qué impacto tiene cada vehículo en la seguridad y en la vida cotidiana de las ciudades. 


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