La imagen clásica del radar ligado a la velocidad empieza a quedarse obsoleta. La Dirección General de Tráfico (DGT) ha activado un nuevo sistema de control automático que ya está cambiando la forma de conducir en las grandes ciudades. No mide kilómetros por hora, no lanza destellos y no perdona despistes muy habituales. Su objetivo es otro: vigilar conductas concretas que muchos conductores repiten a diario sin ser del todo conscientes del riesgo que implican.
La novedad ya funciona en varios accesos de alta densidad de tráfico y el mensaje es claro. Puedes circular a 80 kilómetros por hora y aun así recibir una multa. Basta con incorporarte antes de tiempo y pisar una línea continua. La sanción asciende a 200 euros y no depende de la velocidad, sino del respeto estricto a la señalización horizontal.
- QUÉ CONTROLAN REALMENTE ESTOS NUEVOS RADARES
- POR QUÉ LA DGT HA PUESTO EL FOCO EN ESTA INFRACCIÓN
- DÓNDE YA ESTÁN OPERATIVOS Y QUÉ PUEDE PASAR DESPUÉS
QUÉ CONTROLAN REALMENTE ESTOS NUEVOS RADARES
Estos dispositivos no son cinemómetros tradicionales. Se trata de sistemas de cámaras de alta definición que analizan la trayectoria del vehículo en zonas muy concretas: carriles de aceleración, accesos a autovías y enlaces donde la línea continua obliga a esperar antes de incorporarse al carril principal.
El funcionamiento es sencillo, pero preciso. El sistema detecta el vehículo al entrar en el tramo de incorporación y comprueba si aparece en la calzada principal antes de que termine la línea continua. Si ocurre, la maniobra queda registrada como infracción. No importa si el cruce es breve o si el conductor considera que “no molesta”. La norma es absoluta.
La DGT considera esta conducta especialmente peligrosa porque provoca frenazos, cambios bruscos de carril y colisiones laterales. De hecho, los datos de siniestralidad apuntan a miles de accidentes con víctimas relacionados con incorporaciones indebidas y cambios de carril mal ejecutados.
POR QUÉ LA DGT HA PUESTO EL FOCO EN ESTA INFRACCIÓN
Durante años, pisar la línea continua en una incorporación se ha percibido como una falta menor. Sin agentes cerca, muchos conductores adelantaban unos metros la maniobra para “ganar tiempo”. El Reglamento General de Circulación, sin embargo, siempre lo ha prohibido de forma expresa. La diferencia ahora es la vigilancia constante. Estas cámaras funcionan las 24 horas del día y en cualquier condición meteorológica. Incorporan software inteligente capaz de descartar errores puntuales y centrarse solo en infracciones claras, lo que refuerza la validez de la denuncia.
DÓNDE YA ESTÁN OPERATIVOS Y QUÉ PUEDE PASAR DESPUÉS
El despliegue inicial se ha concentrado en la Comunidad de Madrid, en autovías como la A-1, A-2, A-42 y A-6, todas ellas con accesos complejos y tráfico intenso. Son puntos donde este tipo de maniobras se repite a diario y donde la DGT quiere medir el efecto disuasorio del sistema.
Pero el alcance va más allá de ese mapa. Ciudades como Zaragoza, con una red de accesos muy utilizada y enlaces donde la prisa y la rutina mandan, encajan perfectamente en el perfil de vías donde estos controles podrían implantarse en el futuro. No se trata de poner más radares, sino de vigilar mejor los comportamientos que generan riesgo real.
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