Una mujer, víctima de violencia de género: “Conocí al mismísimo demonio con 17 años”
“Conocí, aquí en la tierra, al mismísimo demonio con tal solo 17 años”. Con estas duras palabras comienza su relato Paula (nombre ficticio), una mujer de alrededor de 50 años y víctima de violencia de género. Este jueves, Paula ha compartido su historia a todo el mundo en un acto de la campaña “Mujeres sin hogar por violencia, sin voz por indiferencia” celebrado en la plaza de España de Zaragoza. “Hay que concienciar al mundo entero sobre el maltrato”, asegura.
Todo comenzó cuando se casó a los 17 años con un hombre “guapo, alto y que parecía un modelo por fuera, pero que en su interior era todo lo contrario”. Reconoce que antes de él no conocía la palabra “maltrato”, pues entre sus padres y su familia solo había conocido el “amor”. Su propia madre se interpuso entre ellos y llegó a decirle a su hija que “prefería verme muerta, antes que casada con él”. “Supongo que ella veía cosas que yo no vi”, añade.
Fue en ese momento cuando el infierno empezó en la vida Paula. “Nada de salir, nada de arreglarme, nada de zapatos altos… parecía un desecho humano” fueron las primeras imposiciones que le puso su marido. “Yo trabajaba con mi padre y según mi marido, todos los clientes se habían acostado conmigo”, explica Paula, quien adelanta que los siguientes pasos a los celos fueron “insultos y golpes”. “Era solamente una niña y pedía todos los días mi muerte”, confiesa.
Paula se sentía como una “prisionera” en su propia casa y, a pesar de que deseaba salir de esa situación, le daba muchísima vergüenza hablar con su familia. Así que decidió acudir a la comisaria para denunciar lo que estaba viviendo, pero fue “aún peor”. “Me decían que seguramente era yo la que provocaba, la que incitaba y la que no cumplía como mujer”, cuenta.
Todos los días, al llegar su marido a casa, ella pensaba en lo peor: “¿Qué será hoy? ¿La cena estará fría o caliente?”. Cualquiera excusa era válida para que su agresor la llenara de moratones y la insultara. “Ya no sabía qué excusa poner para justificar mis golpes al resto… decía que me había caído o que me había tropezado”, manifiesta.
Aquel infierno de “maltratos y vejaciones” duró ocho meses hasta que Paula decidió acogerse a la que por aquel entonces era “la nueva ley del divorcio”, “fui de las primeras en divorciarme”, recuerda. El punto de inflexión para ella fue cuando se clavó un cuchillo a sí misma porque no podía más con la situación, a lo que su marido respondió: “Te quedas aquí. No pienses que esto te lo he hecho yo”.
A día de hoy, Paula asegura haberlo perdonado, aunque desea con todo su corazón que ninguna otra mujer haya tenido que vivir el mismo infierno que ella sufrió. Asimismo, se muestra agradecida de que él ya no forme parte de su vida, pues —como confiesa— “destrozó mi mente, parte de mi vida y mi cuerpo”. Agradece haber logrado salir de ese infierno y poder contar su historia como un homenaje a todas las mujeres, “a las que estamos aquí y a las que ya no pueden contarlo”.