Asociación Deportiva Cierzo, un espacio LGTBIQ+ para jugar sin miedo
En un contexto deportivo que durante años ha sido terreno hostil para muchas personas del colectivo LGTBIQ+, existen proyectos que no solo desafían esa realidad, sino que la transforman desde dentro. Uno de ellos es la Asociación Deportiva Cierzo, un club nacido en Zaragoza con una idea muy clara: que nadie tenga que renunciar al deporte por ser quien es.
La historia de Cierzo comenzó en octubre de 2017, con una pequeña sección de voleibol y una ambición enorme. No se trataba únicamente de crear un equipo, sino de levantar un espacio seguro donde la orientación sexual o la identidad de género no fueran motivo de juicio, silencio o exclusión. Desde el principio, el objetivo fue practicar deporte desde la libertad, el respeto y la inclusión.
"Queremos transmitir que somos un colectivo real, que existimos, que nos visibilizamos y que también practicamos deporte", explica Javier Martínez, secretario de la asociación, coordinador de la sección de baloncesto y jugador. Sus palabras resumen el espíritu del club. Y es que Cierzo no es solo una entidad deportiva, es también un lugar de encuentro para quienes buscan competir, moverse y compartir sin miedo.
Con el paso de los años, el proyecto ha ido creciendo hasta convertirse en una asociación diversa y viva. Hoy, Cierzo cuenta con varias secciones deportivas. El voleibol es su pilar histórico, con cuatro equipos en competición. Se trata de dos masculinos que juegan en primera y segunda autonómica, un equipo femenino en esta misma categoría y un equipo de iniciación en una liga social mixta. Además, hay otro equipo adicional únicamente de iniciación de chicos y chicas.
Por su parte, el baloncesto se ha consolidado con un grupo mixto activo desde 2019 y un equipo flinta-femenino de reciente creación. El fútbol sala, incorporado en 2021, compite actualmente en la liga MLA, y desde septiembre de 2024 el pádel se ha sumado como una nueva vía de encuentro deportivo, reuniendo cada semana a decenas de personas.
UN ESPACIO LIBRE DE JUICIOS
En lo deportivo, la experiencia es "mayoritariamente positiva". Martínez señala que, al menos en el baloncesto, no han sufrido ataques LGTBIfóbicos, "una señal de que algo está cambiando en el entorno". Aun así, la realidad recuerda que los avances no son lineales.
El año pasado, el equipo femenino de fútbol sala tuvo que enfrentarse a una situación injusta cuando "una jugadora trans fue impedida de competir por decisión de la liga". La respuesta del club fue firme y reivindicaron su derecho a jugar. Finalmente, la razón se impuso y "la jugadora pudo terminar la temporada con su equipo".
Casos como este explican por qué fechas como el 19 de febrero, Día Internacional contra la LGTBIfobia en el Deporte, son tan importantes para asociaciones como esta. Visibilizar no es solo celebrar lo conseguido, sino también recordar por qué estos espacios siguen siendo necesarios.
MÁS DE 200 PERSONAS FORMAN YA PARTE DE CIERZO
Desde hace unos meses, la asociación además cuenta con un local propio que ha ampliado sus horizontes más allá de competición. Allí se desarrollan actividades como yoga, preparación física o baile, pero también propuestas sociales que fortalecen el tejido humano del club. Estas van desde talleres de pintura, cenas compartidas y encuentros pensados simplemente para estar, conocerse y sentirse parte de algo.
Ese algo tiene hoy nombre y cifras. En total, más de 200 personas socias forman parte de Cierzo. Personas de entre 18 y más de 60 años, hombres, mujeres, personas trans y no binarias, con trayectorias vitales distintas, pero una necesidad común: encontrar un espacio donde el deporte no sea una fuente de ansiedad, sino de bienestar.
Mirando al futuro, el horizonte de Cierzo es de crecimiento y apertura. El objetivo es llegar a más personas, especialmente a mujeres, indica Martínez, y seguir ampliando tanto las actividades sociales como las secciones deportivas. Porque no todo el mundo busca competir, pero muchas personas sí buscan pertenecer.