Que el Real Zaragoza tiene mordida es tan evidente como queda completamente lastrado por su sangría defensiva. Los blanquillos han encajado siete goles en tres partidos, siendo capaces de anotar seis. Unas cifras sobrecogedoras en todos los sentidos, para bien y para mal, dejando claro que hay que enmendarse mucho atrás y mantener la eficacia mostrada hasta ahora.
Ante el Racing de Santander quedó muy claro que el Real Zaragoza, al 100%, puede con cualquiera. Remontó dos tantos en diez minutos e igualó la contienda para, después, encajar el tercero. Y salir de La Romareda con una derrota.
En Tenerife, todo salió cara. Y el Real Zaragoza, gracias mayoritariamente a Bazdar, terminó 2-3 un choque que perdía 2-0 en el minuto 73. Mostró, en su máximo esplendor, su colmillo, su capacidad goleadora, su mordiente. Pero también su fragilidad atrás encajando dos goles ante el colista.
Pero la cruz se ha vuelto a imponer este domingo en La Romareda. El Real Zaragoza, ante un Almería que llegaba en descenso, encajó dos tantos más con el sello de Luis Suárez. Y aunque Iván Azón hizo las tablas a los doce minutos, el 1-2 fue definitivo.
Vuelve a quedar claro que el Real Zaragoza, con una delantera notable, casi sobresaliente, sufre con una defensa más que limitada. Y esta cuestión es la que se debe llevar todos los focos. Los blanquillos han de acabar con los problemas atrás para pelear por algo ilusionante. Y con esa corrección, hay materia en la punta de la lanza.