Pleno de las Cortes

Las protestas de la Aljafería desde dentro: "Cualquiera sale, estamos sitiados"

Dentro del castillo, escenas de nerviosismo, esperas con tensión o una excursión escolar que ha tenido que salir por la puerta de atrás
Diputados del PP conversan antes del Pleno. Foto: Cortes de Aragón
photo_camera Diputados del PP y el socialista Villagrasa conversan antes del Pleno. Foto: Cortes de Aragón

Conversaciones en pasillos, caras de circunstancias, diputados devorando vídeos en sus móviles y la acción a tiempo real en las cámaras de seguridad, además de continuas llamadas de teléfono. “Cualquiera sale”. “Estamos sitiados”. Así se ha vivido desde dentro de las Cortes de Aragón las tensas protestas de los agricultores al otro lado de los muros del Palacio de la Aljafería, tratando que la segunda jornada del Pleno se desarrollase con normalidad. Toda la que se puede tener cuando están ausentes los portavoces y la presidenta de la cámara, reunidos durante buena parte de la mañana en una Junta Extraordinaria sobre la seguridad del parlamento aragonés, cerrado a cal y canto durante varias horas. Ni entrar, ni salir. Nunca tuvo tanto sentido que la Aljafería sea un castillo.

La bomba la ha soltado la propia Marta Fernández desde la Mesa cuando pasaban pocos minutos de las primeras cargas y antes de convocar a los portavoces de todas las formaciones con representación en la cámara y dejar al popular Ramón Celma al frente de la sesión. Primero en el pasillo y finalmente en la sala del Torreón, previo paso por el control de las cámaras de seguridad. Todo el tiempo en coordinación con la Delegación del Gobierno en Aragón y su representante, Fernando Beltrán, uno de los más mencionados en los pasillos.

Son conversaciones en las que el color político parecía quedar a un lado. Unos y otros coincidían en señalar que la situación había ido demasiado lejos, sin olvidar lo comprensible de las demandas que lleva repitiendo desde hace un mes un sector ahogado. “Han alimentado al monstruo” y a ver quién lo para, insinuaba una diputada. Mientras tanto el reloj corre. El Pleno terminará en pocas horas y alguno ya se ve pasando la noche en un palacio musulmán del siglo XI, que puede sonar apetecible pero está lejos de serlo con el sonido de petardos, tambores y gritos acechando. Para colmo, Celma va borrando por obligación y a plumazos preguntas e interpelaciones del orden del día que deberían estar defendiendo los portavoces en lugar de su propia integridad.

El tractor se va y vuelve. Las cargas regresan después del amago de desaparecer. La masa amarilla se desplaza ahora a la puerta de la Avenida de Madrid, junto al espacio que hace las veces de parking y donde descansan los coches oficiales. Las puertas de cristal igualan a los que con paciencia, venidos de la sala de prensa, la cafetería o el propio hemiciclo, esperan noticias. No importa rango salarial, ideología o profesión. Lo que deja entrever el “solo personal autorizado” que rezan los accesos es un agente de los antidisturbios atendiendo a otro tirado en el suelo. Entre cafés espera la columna vertebral de la DGA cuando el reloj marca las 13.07 horas. El delegado acaba de dar luz verde y los manifestantes se van.

Arranca entonces el goteo de altos cargos que abandonan el palacio. No saben que por esa misma puerta, apenas dos horas antes, ha salido también un grupo de unos veinte niños que se encontraba en una excursión del colegio.

Este viernes se ha debatido sobre memoria democrática, las tan ansiadas ayudas directas, inmigración, la bilateral Aragón-Estado, el decreto de escolarización o los objetivos de déficit. Dará cuenta de ello el diario de sesiones. Por una vez, no lo hará la crónica política local.
 

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