La contracrónica del último Pleno de 2024: cosas que hacer un jueves por la mañana
Hasta la puntualidad parlamentaria tiene márgenes de cortesía. Algo tenían que resolver los portavoces de todos los partidos menos Alejandro Nolasco, de Vox, cuando improvisaron una junta sobre la moqueta, en el ala izquierda del hemiciclo, a la que se asomaron el presidente Jorge Azcón y los miembros de la Mesa de las Cortes, Ramón Celma (PP) y Carlos Pérez Anadón (PSOE). A la vista de todos, minutos antes de que el Grupo Parlamentario voxista abandonase la sesión en protesta por la designación de los posibles jueces para el Tribunal Superior de Justicia de Aragón, aunque eso es otra historia.
Varias cámaras rodean la escena pero faltan micrófonos para conocer en detalle el contenido de la conversación. Quizá los Presupuestos o cómo se ha tomado el arco parlamentario la cuarta salida de Víctor Fernández del Real Zaragoza, un asunto que ha entrado de lleno en la vida interna de la cámara, donde por cierto también hay una nutrida representación de diputados del Huesca. Puestos a especular, lo mismo sus señorías se preguntaban si no había otra forma de sustanciar la Ley de Energía que “dándole una hora al botón”, como lamentaba un diputado en los pasillos.
Vox formaba parte del ramillete de partidos con la mosca detrás de la oreja después de tramitar la norma por la vía rápida. “Una cacicada”, dijo Nolasco, que se plantó. Su grupo no accedió a agrupar las enmiendas, como es habitual, y las 327 se votaron casi una a una. “Es filibusterismo. Los ciudadanos no nos pagan para esto”, sentenciaban desde el PP de puertas para dentro. En la tribuna, Fernando Ledesma lo tildaba de “pataleta”. Fueron dos horas y un minuto, lo que dura un partido de fútbol. Tiempo suficiente para “pintar cien mil mandalas, domesticar la rabia, hacerla de fogueo y afiliarnos al partido del quizás”, como propone Vetusta Morla en “Cosas que hacer un domingo por la tarde”. Esta vez, un tedioso jueves por la mañana, el último de Pleno en 2024.
Son las 11.49 horas. El sistema de votación sufre un fallo técnico y tiene lugar el único receso, de dos minutos que terminan siendo diez. La única ventana para abandonar por unos momentos el hemiciclo, que los ujieres cierran a cal y canto cuando se deciden las leyes. Ni entrar ni salir. “Yo me voy a fumar, no seré la única”, comenta una diputada. “Yo no fumo porque el tabaco es muy malo. Si no, me los fumaría todos”, le contesta otro. No importa estar a pocos metros del consejero de Sanidad, José Luis Bancalero, pendiente de su teléfono. “Estoy jodido, tú”, añade otro antes de volver, aquejado por un virus estacional. Durante el debate se oyeron tosidos, no precisamente pocos, aunque afortunadamente también hay médicos en la sala.
Más de 237 motivos tenían los diputados, por tanto, para salir en estampida pasadas las 13.00. Su encierro dejó la cafetería libre para una visita desde Alcañiz, guiada por un ilustre exparlamentario. El efecto dominó de anomalías convirtió la comparecencia del presidente Azcón en el postre de la tarde, casi con eco y, por momentos a un ritmo pesado, de digestión o siesta.
La foto recordaba más al Pleno de los Presupuestos, el siempre extenso cierre por antonomasia (casi tradición) del año político y por ende el gran ausente este 2024. Mayte Pérez (PSOE) no lo pasó por alto. La brecha de siete votos y 87 millones de euros seguirá ahí tras los turrones.