La contracrónica del Pleno: cerrados a cal y canto
Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Suma otro dentro, ya son seis. Los furgones de la Policía Nacional se destapan a lo largo de la calle Diputados, el principal acceso al Palacio de la Aljafería, conforme se avanza por el pasaje desde el paseo de María Agustín, en hora punta y ajeno al despliegue de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, públicos y privadas, con el que se pretende evitar las escenas de tal día como este sábado pero de hace un año. El recuerdo de los disturbios del 1 de marzo de 2024, conocido como el “Asalto a la Aljafería”, pesa tanto que obliga a blindar la sede de las Cortes de Aragón ante una nueva manifestación de la asociación AEGA.
Aunque con menos personas que en aquel ruidoso precedente a las puertas del cordón policial, entre petardos y consignas contra los acuerdos Mercosur, la situación del campo o las políticas europeas, el dispositivo ha evitado las escenas de tensión que se venían a la cabeza de más de uno al inicio de la jornada. Por si acaso, la fortaleza del siglo XI ha cerrado su entrada habitual y el personal de palacio, los medios de comunicación y sus señorías han tenido que alterar ligeramente su recorrido para entrar y salir por la puerta de emergencia junto a la avenida de Madrid, uno de los puntos de choque entre antidisturbios y manifestantes en 2024.
La situación del sector y las protestas se han hecho sentir desde primera hora en las intervenciones de los propios grupos políticos. El orden del día, caprichoso, se abrió con el debate sobre la creación de dos comisiones de estudio para abordar el futuro de la agricultura y la ganadería aragonesa y su adaptación a los nuevos tiempos, rechazadas ambas por PP y Vox, entre menciones a los aranceles que promete imponer Donald Trump desde Estados Unidos, los efectos del cambio climático, el choque de la “uberización” contra el modelo familiar o la acuciante falta de relevo generacional.
Hablan los ponentes. “No les faltan razones para protestar. La gente pretende ganarse la vida lo mejor posible y los tenemos que escuchar”, asegura Marcel Iglesias (PSOE). “Es una evidencia lo que tenemos en la puerta de las Cortes”, añade Pilar Buj (Aragón-Teruel Existe).
El avance del Pleno, con la votación de la Ley de Vivienda como principal atractivo, convierte a los agentes de Policía en uno más. Por la cafetería, los pasillos y a las puertas de la sala de prensa, en corrillos. “Estáis como sitiados”, comentan en una conversación con personal de los partidos. Pero sin el como.
Fuera, el puente respira tranquilo. No corre peligro por el peso de un tractor y cientos de personas, una de las razones que motivaron la intervención policial de aquel 1 de marzo, y lo custodia desde primera hora un furgón. Las comparecencias y la sesión de impulso transcurren esta vez sin sobresaltos. No hay reuniones de portavoces improvisadas, ningún diputado mira las cámaras de seguridad en la pequeña sala tras el mostrador de recepción. Tampoco suenan quejas en voz alta sobre los peligros del populismo, como grabaron los pasillos hace un año. La hoja de ruta de la mañana, casi una más, está lejos de comprometer la seguridad de nadie.
Hacia las 15.00 horas, coincidiendo con el receso, Vox sale al encuentro de los manifestantes, quienes explicarán después que han invitado a todas las formaciones con representación parlamentaria. Los de Alejandro Nolasco son la oposición. Los carteles de “se busca” apuntan hoy al consejero Javier Rincón. Hace casi una vuelta al sol, al suyo, Ángel Samper, borrado de la primera línea política y del ámbito sindical agrario cuando el Gobierno de coalición estalló por los aires.