La CHE se muestra optimista para la campaña de riego tras un buen inicio del año hidrológico

Los indicadores de diciembre no registran ninguna unidad en situación de sequía o escasez y los embalses rozan el 76% de su capacidad
Foto de archivo de un sistema de riego
photo_camera Foto de archivo de un sistema de riego

Después de la dura sequía que ha azotado durante los últimos años varias zonas de la cuenca del Ebro y que incluso obligó a establecer medidas en varios territorios, este año hidrológico arranca con más optimismo. La Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) ha publicado los indicadores de diciembre y no registra ninguna unidad ni en situación de sequía ni en escasez, un hito propiciado por las lluvias que se han sucedido desde octubre y que han dejado los embalses en una buena situación al cierre de 2024, al 75,6% de su capacidad.

Por ello, desde el organismo regulador se han mostrado "positivos" de cara al inicio de año y, sobre todo, para la campaña de riego que comienza en el mes de marzo, que será cuando aumente la demanda de uso. En este sentido, atendiendo a las reservas actuales, vaticinan que ambas márgenes en Aragón podrán disponer de los recursos hídricos necesarios sin dificultades, aunque siempre condicionado a su evolución.

Según los índices mensuales reportados por la CHE, en diciembre ninguna de las unidades territoriales (UTE) de la cuenca estaba en sequía o escasez, después de que en noviembre saliera de la situación de prealerta por escasez las cuencas afluentes al Ebro desde Leza hasta Huecha, y en octubre lo hiciera el Matarraña y el Guadalope, alto, medio y bajo. Para encontrar un mes de diciembre similar en la serie histórica, que va desde 2018 con la inclusión de los parámetros actuales, hay que remontarse a diciembre de 2019, aunque estaban en escasez el Matarraña y el Guadalope.

Índices de sequía de diciembre. Fuente: CHE
Índices de sequía de diciembre. Fuente: CHE

LA PRECIPITACIÓN HA SIDO DE 208 L/M2, UNA CANTIDAD SUPERIOR A LA MEDIA DE LOS ÚLTIMOS 20 AÑOS 

Una situación propicia que se da a pesar de que el promedio de precipitación en la cuenca del Ebro durante el último mes del año ha sido inferior a la media, de 36 litros/metro cuadrado frente a los 40 l/m2 de los anteriores meses de diciembre de 2004 a 2023, pero que se ve reforzada con las abundantes lluvias que se han producido desde el inicio del año hidrológico en curso. Así, del 1 de octubre al 31 de diciembre, la precipitación ha sido de 208 l/m2 frente a los 160 l/m2 del mismo periodo en los 20 años previos.

Un registro de precipitaciones que se refleja en la situación e los embalses, que están al 75,9% de su capacidad atendiendo al último parte emitido por la CHE el 6 de enero, tres décimas más que la semana anterior. En la región aragonesa, la margen izquierda continúa con las reservas más abundantes. El Grado está al 97,7% rozando el lleno y Mediano al 77,1%; Sotonera al 92,8%, Búbal al 73,6% y Lanuza al 62,7%; Barasona al 89,11% y Yesa al 88,8%.

Por otro lado, en la margen derecha, los embalses se recuperaron después de sufrir un verano de sequía donde disminuyó considerablemente su capacidad. Es el caso de Calanda, que alcanza el 75,2%. Además, el embalse de Cueva Foradada está al 73,3% y el de Pena al 73,5%, mientras el de Caspe registra el 39,4%.

OPTIMISMO PARA LA CAMPAÑA DE RIEGO

Durante el inicio del año es habitual mantener unos registros positivos y será en el mes de marzo cuando aumente la demanda hídrica ante el comienzo de la temporada de riego. Con los datos actuales, la Confederación espera que ambas márgenes puedan desarrollar la campaña con normalidad, algo que será más probable en los sistemas del Alto Aragón y Bardenas mientras se mantendrán “más cautos” con la margen derecha.

El último año hidrológico que finalizó en octubre de 2024 fue un periodo de recuperación marcado por el fin de una sequía muy dura, como reportaron desde la CHE, a pesar de que a lo largo del año pasado la falta de lluvias mermó territorios de Teruel y algunas zonas de Huesca y Zaragoza. Una falta de agua acuciante que golpeó al sector primario e impulsó la puesta en marcha de mecanismos institucionales como ayudas directas con el objetivo de paliar sus efectos.

Como detectó el organismo analizando la serie histórica, los episodios de sequía se producen cada seis años desde 1980, con una duración aproximada de dos años hasta darla por superada. Además, esperan una reducción progresiva del agua disponible, que habrá disminuido un 20% para el año 2.100 atendiendo a las informaciones acerca del cambio climático.

Por ello, se han comenzado a plantear medidas como acelerar la modernización de los regadíos para garantizar una mayor resiliencia en los momentos de escasez hídrica. Así, calculan que en los próximos años más de la mitad de los sistemas estarán modernizados, lo que conllevará reducir las dotaciones de agua que llegan a los mismos. Para realizarlo, la CHE ha desarrollado una primera propuesta para el Plan de Sequía que entrará en vigor en 2028, con un recorte del suministro de entre el 12% y el 15% en los distintos sistemas de riego de la cuenca, lo que ha provocado la indignación del sector.