Los vecinos y comerciantes de la plaza Santa Clara de Huesca cumplen este jueves una semana desde el desalojo. Más de 200 personas afectadas, cerca de la mitad reubicadas en recursos municipales, y un manojo de dudas a la espera de que el Ayuntamiento dirigido por Lorena Orduna reciba los informes técnicos que determinen los siguientes pasos en los cuatro inmuebles afectados, cada uno con sus particularidades y un nivel distinto de riesgo, pero todos ellos abocados a una situación de excepcionalidad que, como se avanzó en un inicio, no se resolverá a corto plazo.
Según informan fuentes del consistorio, son 90 las personas realojadas, que tienen garantizada su estancia hasta después de Navidad. Insisten asimismo en la puesta en marcha de mecanismos para agilizar la compra o alquiler de nuevas viviendas fuera del mercado llegado el caso.
De este grupo, como ya avanzó la propia alcaldesa, los vecinos del número uno serán los primeros en volver a sus casas, pues el inmueble, junto a la calle Padre Huesca y en el extremo opuesto al foco de las afecciones, está “de entrada” menos dañado. Las conclusiones de los informes encargados permitirán dar luz verde tanto a este regreso como al resto de decisiones, si bien todavía no se han entregado.
Es el clima de espera en el que viven las personas de la zona, vecinos y trabajadores. En la esquina del número cuatro, junto al taller que dejó al descubierto los defectos del hormigón, la Autoescuela Goya ha retirado casi todos sus enseres, con la suerte de contar con otro local en la ciudad. Desirée Pueyo, una trabajadora, resume esta primera semana en pasar de “los primeros días de nerviosismo a la resignación”. “No te queda otra que tirar para delante”, cuenta.
Su caso no es de “cierre total”, pero continúan a expensas de obtener la licencia de apertura del local que han alquilado, sorprendidos cuando la alcaldesa avanzó que ya se habían concedido dos permisos. En su caso, sin haber pasado esta semana por la ventanilla única habilitada en el centro cívico Manuel Benito Moliner, decidieron “ser rápidos” y actuar por su cuenta. “Sabemos cómo funcionan estas cosas y no puedes delegar”, señala.
La administración de lotería se encuentra en una situación similar, continúa, y el taller Carglass decidió moverse a uno de los polígonos de la ciudad antes incluso del desalojo, al igual que otro de los negocios, que opera desde el parque tecnológico Walqa. Critica por tanto las supuestas “facilidades” a los afectados por parte del consistorio. “Todos han buscado sus recursos en algún sitio”, subraya, desde acudir a las inmobiliarias hasta las administradoras de fincas. También lamenta no haber podido colocar carteles o indicaciones en una de las vallas junto a la autoescuela, que perimetran la zona afectada, para informar sobre la situación del negocio.
Los edificios y la propia plaza siguen cerrados a cal y canto, a expensas de los estudios técnicos. Se ha restablecido el tráfico a través de la calle Cabestany.
El operativo de desalojo se gestó mucho antes del pasado jueves. La comunidad de propietarios del número cuatro ya contactó con un arquitecto a principios de noviembre y posteriormente se encargaron sendos proyectos por parte de los vecinos y el consistorio.


