Aragón es tierra de contrastes y de paisajes que sorprenden a quienes se atreven a descubrirlos. Desde cañones infinitos y valles glaciares hasta pueblos medievales detenidos en el tiempo, la comunidad cuenta con algunos de los rincones más bellos de España. Tanto es así que National Geographic ha incluido uno de esos tesoros naturales en su lista de las siete maravillas naturales que merece la pena visitar en septiembre, situándolo al nivel de destinos de gran renombre y consolidándolo como una joya imprescindible para los amantes de la naturaleza.
Hablamos de los Ibones de Anayet, un conjunto de lagos glaciares situados en el Pirineo de Huesca, en pleno valle de Tena. Este enclave, de aguas cristalinas y rodeado de praderas alpinas, ofrece una de las estampas más impactantes de la montaña aragonesa.
UNA MARAVILLA CON HISTORIA Y LEYENDA
Los Ibones de Anayet no solo son un espectáculo visual, sino también un lugar cargado de historia geológica. El imponente Pico Anayet es en realidad el vestigio de un antiguo volcán, cuyos restos conforman un paisaje singular en todo el Pirineo. Los lagos, conocidos en Aragón como “ibones”, se formaron por el deshielo de los glaciares hace miles de años, dando lugar a este conjunto natural de gran valor ecológico.
Caminar hasta ellos es como viajar atrás en el tiempo. Durante la ruta, los visitantes atraviesan praderas salpicadas de flores silvestres, pequeños arroyos y miradores naturales desde los que se divisa la frontera con Francia. Una vez en los ibones, la panorámica resulta inolvidable: frente a ti, el majestuoso Pico Anayet; detrás, el inconfundible Midi d’Ossau, ya en territorio francés, creando un escenario perfecto para la fotografía y la contemplación.
EL MOMENTO PERFECTO PARA VISITARLOS
Septiembre es uno de los mejores meses para conocer este lugar. El clima todavía es agradable, los días mantienen buenas horas de luz y la afluencia de excursionistas disminuye respecto al verano, lo que permite disfrutar de una experiencia más tranquila. Además, en esta época el paisaje comienza a transformarse con los primeros colores otoñales, añadiendo un encanto especial a la ruta.
Una de las rutas más bonitas hacia los Ibones de Anayet parte de la zona de Formigal. El camino asciende suavemente entre praderas hasta el Collado de Batallero, con vistas espectaculares, y continúa por un entorno de crestas y verdes laderas hasta llegar a los lagos, donde el Pico Anayet se refleja en el agua. El regreso se hace por el valle de Culivillas, creando un recorrido circular variado y muy atractivo.



