Poco antes de las 8.45 horas de la mañana, el campus San Francisco de la Universidad de Zaragoza se encontraba a rebosar de estudiantes con los apuntes en la mano y recitando en voz alta la teoría para dar un último repaso a la materia de Lengua Castellana y Literatura. Y es que un total de 6.939 de estudiantes, récord de matriculados en Aragón, se enfrentan a la Prueba de acceso a la Universidad (PAU) que ha arrancado este martes.
Los nervios ya se podían palpar en esos minutos previos antes de comenzar los exámenes que marcarán el camino de los jóvenes. “Llevo algo de nervios en el cuerpo, pero se pueden llevar”, ha asegurado Irene del Colegio Sagrado Corazón, a lo que su compañera ha añadido que ver a la gente “tensa con sus apuntes” provoca que esa sensación se transmita al resto. Otros se sentían “más confiados” por todo el trabajo previo realizado durante todo el curso y otros expresaban que la suerte “está echada”.
La “presión” por llegar a una nota de corte o el “extenso” temario han sido los principales motivos de agobio de los estudiantes aragoneses que se enfrentan a un nuevo modelo de examen que deja atrás el que se impuso durante la pandemia. “El hecho de que hicieran cambios a estas alturas ha sido perjudicial para nosotros y no debería hacerse así”, ha explicado un joven del IES Valdespartera. Su amigo ha coincidido en el mismo punto, pero también consideraba que el modelo anterior “era demasiado fácil”.
Lengua Castellana y Literatura, el examen que marca el inicio de la PAU, es uno de los “más fáciles” para los estudiantes porque llevan estudiándolo “durante más tiempo”. Historia de la Filosofía, Economía e Inglés surgen como otras de las asignaturas en los que ven posibilidades de sacar notas altas. Sin embargo, Matemáticas y Física son la respuesta unánime cuando les preguntas a los estudiantes cuáles llevan peor. “Falta de tiempo” para estudiar todo el temario o el carácter “competencial” son las razones que dan los futuros universitarios.
Aunque para desviar los pensamientos negativos, resolver las dudas de última hora y mostrar todo su apoyo, han estado presentes muchos profesores de los institutos y colegios aragoneses. José Antonio Molina, profesor de Historia de España del Colegio San Ana, ha asegurado que su “nerviosismo” es similar al de los alumnos porque preparan todo el año para llegar a ese momento, pero confían “plenamente” en ellos. “Intentamos darles cierta seguridad… les entran todas las dudas del mundo, incluso empiezan a dudar de su valía y ahí estamos nosotros para decirles “no pasa nada, os va a salir genial y va a ser el mejor examen de vuestra vida”, ha expresado.
NUEVO MODELO DE EXAMEN
La prueba presenta este año cambios respecto a las convocatorias anteriores. Desaparece la amplia opcionalidad que había en esta prueba desde la pandemia. Así, los estudiantes se enfrentan a exámenes que cuentan con unas preguntas de obligada respuesta y otras con posibilidad de elegir entre varias tareas. “Este cambio que disminuye la opcionalidad y obliga a estudiar el temario completo”, ha indicado la vicerrectora de Estudiantes de la Universidad de Zaragoza, Ángela Alcalá.
Además, los ejercicios son “menos memorísticos y más competenciales”. Es decir, los estudiantes tendrán que desarrollar las cuestiones por las que les pregunten, no podrán solo "volcar" lo aprendido de memoria.
Las faltas de ortografía penalizan, pero no afectan por igual en todas las asignaturas. Se podrán restar hasta dos puntos (el máximo) en Lengua Castellana y Literatura II. En Lengua Extranjera, hasta un punto y medio y en el resto de materias la penalización solo puede ser de un máximo de un punto. Asimismo, la nota de la fase voluntaria servirá para tres cursos académicos, en vez de dos, como ocurría hasta el año pasado.

