La Marea Roja engalana el Príncipe Felipe para alentar a España a más de 2.000 kilómetros

El pabellón zaragozano acogió a casi 7.000 personas que vibraron con la Selección y estallaron de alegría con el pitido final de la Eurocopa.
La afición vibró con la Selección Española
photo_camera La afición vibró con la Selección Española

2.123 kilómetros separan el Estadio Olímpico de Berlín con el pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza, pero seguro que el aliento y los rugidos de los casi 7.000 zaragozanos reunidos ha llegado hasta la capital alemana. Camisetas rojas, bufandas, caras pintadas, banderas y cánticos por España, también algo de nervios, acompañados de una confianza ciega. Zaragoza no defrauda y una auténtica Marea Roja ha teñido las gradas del pabellón, así como sus aledaños, en un 14 de julio de 2024 que pasará a la historia.

El mundo se paraba este domingo por la gran final de la Eurocopa entre España e Inglaterra. El pabellón Príncipe Felipe era la ubicación elegida para que los zaragozanos vibraran con la Selección Española a través de una pantalla gigante. Era la opción preferida para un elevado porcentaje y el miedo a quedarse sin entrar estaba patente. Desde antes de las 18.00 horas (dos antes de que abriera el recinto) ya se vislumbraran largas filas: “Llevamos desde las cinco de la tarde”, decían los más tempranos, aunque los impuntuales tendrían suerte para acceder, ya que el aforo de 10.500 personas no se completaría.

Zaragoza no falla en las citas únicas. Así se comprobaría más tarde, demostrando que estas iniciativas son siempre bien recibidas por la afición maña. “Me parece una buena idea porque anima a ver el partido gratuitamente y pasárselo bien, con buen ambiente”, decía una joven. “Está genial para que todos nos unamos apoyando a España”, completaba otra. Todos se mostraban satisfechos, aunque alguno defendía que hubiera preferido verlo en la Plaza del Pilar.

Poco a poco iba creciendo la marea, roja, claro. A las 19.00 horas las filas inundaban los alrededores del Felipe. Los aparcamientos comenzaban a llenarse, aunque también hay que decirlo, muchos esperaban en los bares para “ir entonando” y huir del calor. Unas altas temperaturas que no impedían que la energía fuera digna de la cita; eso sí, las colas buscaban la sombra. Los presentes preparaban las gargantas con un extenso repertorio: “yo soy español, español, español”, “Lamine, Yamal, cada día te quiero más”, “viva España” o mensajes para el rival: “Gibraltar español”.

Los que la tuvieran, aprovechaban para sacar del armario su camiseta de la Selección, con Morata o Lamine como los más presentes del combinado nacional actual, pero con nombres como Iniesta o David Villa como protagonistas en la espalda y en el recuerdo de muchos fans. El más nostálgico acudía con un pulpo que recuerda a ese famoso “Paul” del Mundial 2010.

Quienes no tenían su elástica de España lucían la de su club. Cómo no, el Real Zaragoza era el más presente, pero también se encontraban del Atlético de Madrid, Real Sociedad, Osasuna, Numancia, incluso del Ajax o de la Selección colombiana. De Inglaterra, ni rastro. Igualmente, numerosas banderas lucían el escudo del equipo maño, y además de las de España, con la cruz de San Jorge.

Durante la espera, más ilusión que nervios. Eso sí, los cautos señalaban que “en cuanto empiece el partido la cosa cambia”, reconociendo que les tocaría sufrir. No obstante, los seguidores demostraban que ponían la mano en el fuego por la Selección. Confianza como nunca antes. Absolutamente todos apostaban a España. “Vamos a ganar seguro”, “no me da miedo Inglaterra”, “tenemos el mejor equipo y con estos jugadores al fin del mundo”, aclamaban.

La afición se atrevía con el resultado. 3-1, 2-1, 1-0 o 2-0 eran los más repetidos, y Morata, Lamine o Dani Olmo, los goleadores de la noche.

Para otros el resultado cobraba un papel secundario y destacaban poder volver a vivir una jornada así. “Hacía mucho que no me ilusionaba por la Selección y este grupo ya lo ha conseguido”, contaba uno aragonés que sueña revivir lo del 2012. Desde luego, lo que nadie conseguía unir en el país, lo ha hecho el fútbol. “Ahora toca rematarlo”, expresaba otro sobre aquello.

En el caso de los más jóvenes, es la primera vez que viven una final de España en la Eurocopa. Un grupo de amigas, que tenían un año cuando España conquistó el Mundial, destacaba que era “muy emocionante”.

LA FIESTA SE TRASLADA DENTRO DEL PABELLÓN

Las puertas abrían antes de lo previsto. A las 19:45 comenzaban a entrar los aficionados. Con filas fluidas y sin incidentes, más allá de los objetos que debían quedarse en la puerta, afuera se despejaba y la fiesta se trasladaba dentro, donde un DJ ponía los temas justos para levantar a los aficionados de las butacas y la ola se hacía continuamente.

A falta de media hora para el inicio del duelo, el Príncipe Felipe lucía una lujosa apariencia, teñida de color rojo, con los asientos cada vez más ocupados por una diversidad de público. Los jóvenes eran mayoría, pero parejas, familias o ancianos no fallaban en la noche.

Como en los encuentros de Casademont Zaragoza, se ubicaba una pantalla en cada esquina del pabellón y otras cuatro en el marcador central. Cuando estas proyectaban la alineación de la Selección, la afición maña se encendía con la aparición de Lamine Yamal; sin duda, el más ovacionado. Cucurella era otro de los favoritos y se presenció un momento divertido cuando el speaker entrevistaba a “su primo”.
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La Potra Salvaje, Sweet Caroline o el imprescindible “Qué Viva España” ambientaban los minutos previos. A las 21.00 todavía entraba gente, pero los presentes se levantaban para escuchar el himno en un silencio sepulcral que dejaba entrever la emoción de algunos. Al finalizar, un ensordecedor aplauso.

De los aplausos a la Selección Española y a Luis de la Fuente, a los pitidos a Inglaterra y a Bellingham. Sin duda, la afición estaba entregada y con el comienzo del encuentro se celebraban hasta las recuperaciones o saques de esquina y se empujaban las carreras de Nico Williams. El “uy” sonó con claridad en el remate de Le Normand en el minuto 13.

Conforme avanzaba el reloj, las caras se volvían algo más serias y con nervios, aunque el “España, España” continuaba coreándose. Las imágenes principales dejaban curiosidades como el amigo “entendido” que explicaba las situaciones de juego a sus acompañantes o una discusión sobre Morata.

Emociones, todas. El gesto de lloros de Carvajal desataba las risas y la amarilla a Kane los aplausos. Iniesta en la pantalla provocaba una gran ovación, y el enfado saltaba cuando el colegiado señalaba faltas en contra. En la última jugada de la primera mitad se escuchaba un suspiro cuando Unai Simón atajaba el esférico.

La euforia se había rebajado tras una primera parte con pocas ocasiones, y los asistentes se iban en busca de más bebida o algo de cena durante el descanso. Algunos de ellos no habrían vuelto a su sitio cuando Nico Williams ponía por delante a la Selección en el 47’ y el pabellón se venía abajo. Saltos, gritos, abrazos y mucha emoción. El público animaba con más intensidad, pero el inesperado gol de Inglaterra les volvería a dejar mudos.

Cierre épico e inmejorable. Cuando ya se temía la prórroga, llegó el tanto de Oyarzábal. Los zaragozanos saltaron y gritaron con todo su ser el 2-1 de España en el 87'. El tanto tuvo que oírse desde el Olímpico. Porque el estallido fue digno de escuchar. Digno, ni más ni menos, de quien levanta el título de campeón de la Eurocopa.