La tenista aragonesa Irene Burillo (Caspe, 1997) cerró este lunes su segunda participación en el Open de Australia tras caer derrotada en tres sets por la suiza Rebeka Masarova (144 en el ranking mundial). Profesional desde hace ya varios años, esta es la séptima presencia de Burillo en uno de los cuatro Grand Slam del circuito internacional, correspondientes con las cuatro principales competiciones del año en el tenis profesional.
En declaraciones a este diario, la tenista ha expresado que vuelve de las antípodas muy contenta “en líneas generales” pero con la espinita clavada al haber caído a las primeras de cambio. “Estuve en un torneo preparatorio en Nueva Zelanda y luego en el Australian Open. He estado arropada por mi novio y mi padre. Ha sido una experiencia positiva”, ha asegurado.
La caspolina, ubicada actualmente la 221 en el ranking WTA, ha vivido en el inicio de este 2025 su segunda andadura en el Open de Australia. Además, ha jugado también en dos ocasiones sobre la hierba londinense de Wimbledon y otras dos en el Abierto de Estados Unidos (US Open).
Sin embargo, su mejor recuerdo como profesional está, sin duda, sobre la icónica arcilla de Roland Garros en París en la pasada primavera. Como pez en el agua, la aragonesa logró avanzar sin ceder un solo set en las tres rondas clasificatorias del prestigioso certamen galo y pudo así alcanzar incluso el cuadro final del torneo. “Por ahora es el recuerdo más bonito de mi carrera, me sentí muy competitiva”, ha sostenido Burillo. Anteriormente, también había logrado una victoria en Grand Slam en Wimbledon.
Ahora, viaja a Estados Unidos a disputar varios torneos y de ahí se trasladará a Cancún (México) antes de regresa a Europa. Al 2025 le pide “disfrutar del proceso” y ser más regular, algo que quizás le ha faltado en los últimos tiempos. Eso sí, no pierde el foco y tiene claro que quiere cerrar el año en el top 200 a nivel mundial.