Huesca.- Memorable, majestuosa, épica, increíble, emocionante... Imposible agotar los calificativos para definir la tarde de fútbol vivida en el estadio del Alcoraz entre la SD Huesca y el Cádiz. Los hombres de Antonio Calderón se impusieron al conjunto andaluz por dos tantos a uno después de una remontada espectacular, pese a que el equipo oscense llegó a tener dos jugadores menos sobre el césped.
Gracias a este resultado, los azulgranas se sitúan en el puesto 15 de la Segunda División con un punto por encima del descenso. Ahora tocará jugárselo todo la próxima jornada en Vigo ante el Celta. La buena noticia es que el Huesca sale de la zona roja de la tabla y que depende de sí mismo para obtener la salvación.
El encuentro será difícilmente olvidado por los aficionados oscenses, que abarrotaron las 5.000 butacas de la grada. No salió muy entonado el Huesca, que encajó el primer tanto a los primeros minutos de juego. Un fuera de juego más que dudoso no pitado por el asistente propició una internada en el área que Enrique supo definir perfectamente. A partir de ese momento todo el mundo comenzó a temer lo peor. Los resultados en otros partidos no eran, para nada, esperanzadores.
El miedo comenzaba a invadir el sentimiento de la afición, que no dejó de animar durante todo el encuentro y que dio un auténtico recital de cánticos y gritos de ánimo que se rompieron en un momento de éxtasis, cuando Luis Helguera marcó uno de los goles más bellos que se han visto en el Alcoraz. A pocos metros del borde del área, el cántabro “enganchó” un balón al aire y, gracias a una perfecta “folha seca” empató el partido.
La gente comenzaba a creer. La afición mantenía viva la esperanza. Sólo faltaba un gol. El tanto materializado por Helguera a pocos minutos del descanso conseguía hacer creer a la grada.
Segundo tiempo
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La afición ha estado con el equipo en todo momento |
El Huesca saltó al campo un poco más entonado tras el descanso. Todo parecía que marchaba correctamente, y que el gol no tardaría en llegar. Pero Luis Helguera era expulsado tras propinarle una patada a un jugador del Cádiz. Con un hombre menos, el milagro parecía imposible. A partir de ese momento, el Cádiz tenía a los locales atrincherados, con un sentimiento de impotencia imposible de quitar. Pero llegó Camacho, aquel que la semana pasada en Villarreal supo abrir el cofre de los sueños, el experto en marcar los goles decisivos, el talismán. Al borde del área, con un disparo ajustado al palo, Juanjo Camacho marcaba el segundo y definitivo gol.
El público se volvía loco a 10 minutos para el final. Las notas negativas del encuentro fueron las expulsiones de Helguera y Gilvan Gomes, que se perderán el partido de Vigo. Pero ahora eso da igual. Lo que toca es pensar en dicho encuentro y tratar de mantener la categoría.
Al final, el Alcoraz aplaudió a rabiar a sus futbolistas, que saludaron desde el centro del campo. Camacho y Doblas, acompañados de sus hijos, agradecieron el esfuerzo a la grada. También el entrenador, Antonio Calderón, que se saltó el guión que impone su seriedad, saltó para estallar en un estado de júbilo inédito en él.