Formigal.- La llegada de la noche en el Pirineo ha traído consigo uno de los momentos más espectaculares del invierno: el descenso de antorchas de Formigal. Alrededor de noventa esquiadores de todas las edades han iluminado las pistas en un acto que ya es toda una tradición, ya que se viene realizando desde los comienzos de la estación en los setenta.
En esta ocasión, el desfile de luz ha sido especialmente emotivo ya que era una de las últimas actividades que coordinó Miguel Ángel Rodríguez “Chusky”, el trabajador que falleció el viernes al ser sepultado por un alud, junto a la llegada de los Reyes Magos y la cabalgata en Sallent de Gállego, actos que se han suspendido.
Con su recuerdo aún vivo, tras el minuto de silencio guardado por la mañana, la estación se ha volcado por la tarde en el descenso y cientos de visitantes aguardaban desde el edificio de Sextas para contemplar cómo una serpiente de fuego desaparecía y emergía por el valle.
Unos veinte minutos después de la salida, los esquiadores han finalizado el descenso y han dejado que las antorchas se consumiesen en una hoguera ante los aplausos del público.