Rodrigo Cortés y Tomás Hijo: “Nuestro mensaje es que la moraleja mata al cuento”

El cineasta y el ilustrador presentan en Zaragoza su obra gráfica "La piedra blanda"
Rodrigo-Cortes-Tomas-Hijo
photo_camera Rodrigo Cortés y Tomás Hijo posan con su libro "La piedra blanda". Foto: JS

“La piedra blanda” no es el primer proyecto que realizan Rodrigo Cortés y Tomás Hijo conjuntamente. Ya habían trabajado en otras ocasiones, pero ambos tenían la sensación de que tenían un libro pendiente. El cineasta dio el primer paso y el ilustrador recogió el guante. El resultado es una “fábula gráfica” donde la picaresca, el realismo y el existencialismo se dan la mano para contar la historia de Pedro de Poco, un tipo que no expresa sus sentimientos y se enfrenta al mundo que le rodea.

PREGUNTA: La historia de “La piedra blanda” no deja indiferente a nadie.
RESPUESTA: (Rodrigo) Es la fábula de Pedro de Poco, un personaje que nació de milagro y a la segunda. Ha sido pastor, monje, ladrón, santo…, ha sido salvado por las sirenas, ha encontrado el amor, lo ha perdido y ha descubierto que los misterios del bosque ocupan el planeta. 

P: ¿Cómo ha sido trabajar junto de nuevo? Este es un proyecto que ambos tenían pendiente...
R: (Rodrigo) Así es. El libro nace de la voluntad de colaboración. Es la decisión de contar una historia juntos al 50 % en un proceso de ida y vuelta en el que yo hacía un primer bosquejo que Tomás convertía en bocetos, que a su vez modificaban el texto, hasta que llegábamos a un sitio en el que palabra e ilustración se fundía la una en la otra. 
R: (Tomás) Nosotros somos amigos desde hace tiempo. Hay un montón de lecturas, películas, conversaciones y referencias comunes que de alguna forma teníamos que poner en negro sobre blanco. Un día dando un paseo por una bonita isla fluvial, cerca de Salamanca, Rodrigo vino con una primera propuesta que era sumamente abierta, que no tenía una forma definida y a partir de ahí él generó un texto que empezó todo el proceso.  

P: Cine, música, literatura…, usted Rodrigo ha hecho muchas cosas en su carrera. ¿De dónde viene esta polivalencia artística y este interés por probar cosas nuevas? 
R: (Rodrigo) No hay forma de contestar algo así. Empecé a escribir antes que a rodar, aunque solo sea porque uno tiene acceso a una libreta por razones naturales antes que a una cámara. Pero antes aún de escribir lo que hacía era dibujar con mucha solvencia y de hecho de niño creía que algún día sería pintor. De alguna manera el cine se acaba convirtiendo en esa especie de amalgama de artes que engloba lo pictórico, lo musical y lo literario en una sola arte. En cualquier caso, para mí nunca ha habido cámaras sin pluma, ni plumas sin cámara y ninguna de las dos ocupaciones la considero menor, sino que me siento plenamente escritor y plenamente cineasta. 

P: Salvando las distancias, la historia de “La piedra blanda puede recordar a la del Lazarillo de Tormes por todo lo que le sucede a su protagonista. ¿Esta obra es un homenaje a la tradición de la historia picaresca?
R: (Rodrigo) Pues sí pero no lo hicimos conscientemente, es algo de lo que nos dimos cuenta después. Ambos nos hemos criado en Salamanca, como el Lazarillo, que es una ciudad hecha de piedra y frío, ambos elementos que nutren la piedra blanda.  

P: El título de “La piedra blanda” hace referencia al protagonista Pedro de Poco, un tipo que no expresa sus sentimientos pero que en el fondo sí que siente.
R: (Rodrigo) El lector lo decidirá. Ahora te hablará Tomás precisamente del desafío de la inexpresividad, pero creo que tienes razón con que no es lo mismo no expresar que no sentir. Sin duda, el personaje no expresa, y eso hace que el lector pueda atribuirle a menudo sus propias emociones a modo de proyección sobre un lienzo en blanco. Pero la intuición del lector es que hay dolor, hay risa, hay amor y hay abandono. Probablemente sintamos que debajo de esa superficie pétrea y aparentemente inaccesible del personaje, hay una sustancia que palpita. 

P: ¿El mundo es demasiado cruel con el protagonista?
R: (Rodrigo). El mundo es. La fábula de Pedro de Poco no juzga al mundo. Es un mundo implacable como lo es la naturaleza y como lo es la ley de la gravedad. Eso implica desde el punto de vista humano unas determinadas dosis de lo que podríamos llamar crueldad. Pero el mundo simplemente es, no es cruel, ni es amoroso, sino que sigue sus propias reglas. 

P: Nos centramos en la parte gráfica, Tomás. Llaman mucho la atención las caras de los personajes, ¿qué buscabas dotándolos de esa expresión tan fría y seca?
R: (Tomás) El personaje principal requería de esa inexpresividad porque era una parte sustancial de la narrativa. Supuso un enorme desafío porque uno en su carrera de ilustrador lo que pretende es justamente conseguir lo contrario. Uno de los objetivos de cualquier persona que se dedique a la gráfica es que es los personajes estén llenos de acción y de emoción. En este caso, tenía que despojarme de todas esas herramientas para crear un personaje absolutamente inexpresivo. Esto es muy difícil de hacer en cualquier técnica, pero en el caso del grabado, al ser una técnica construida con elementos tan básicos, cualquier mínima alteración crea un efecto enorme. La inexpresividad latente es un reflejo de ese mundo que acaba de definir Rodrigo, un mundo que no que no es amable, tampoco es manifiestamente hostil, simplemente está y existe.  

P: También destaca la falta de color. Es evidente que esta historia también necesita estar representada desde la oscuridad y la sencillez.
R: (Tomás) Efectivamente. Más que oscura lo que pretendíamos en todo momento era que fuera lo más desnudo posible. Esa sencillez de la que hablas. Tengo que decir que en algún momento tuve mis dudas y manejamos la idea de meter códigos de color muy básicos para contar cosas. Hicimos algunas pruebas pero no funcionaron en ningún momento. Al final lo que decidimos fue quitar todo lo que se pudiera quitar para dejar el libro reducido a su expresión más esencial, que es esa línea negra sobre ese papel blanco, que yo creo que transmite una desnudez y una potencia que no se puede conseguir de ninguna otra manera. 

P: ¿Hay algún mensaje que hayan querido transmitir con “La piedra blanda”? 
R: (Tomás) Una de las cosas más interesantes del libro es que carece totalmente de cualquier intención dogmática, de cualquier mensaje. De hecho, uno de nuestros editores bautizó el libro como fábula gráfica, que yo creo que es un concepto acertadísimo, salvo por un matiz, que es que las fábulas suelen tener una moraleja. 
R: (Rodrigo) El libro va a ser tantos como lectores lo atraviesen. Y si hay una única conclusión en el libro, que en el fondo es nuestro mensaje, es que la moraleja mata el cuento. 

Más en CULTURA