Elvira Navarro admite que con el cuento se siente más cómoda que con la novela. Después de un tiempo alejada de este género literario, la escritora andaluza vuelve a publicar donde nueve historias independientes se abren camino y se centran en un mismo punto: el escalafón bajo de la sociedad. No sabe el motivo por el que cuando se pone a escribir siempre acaba contando historias sobre personajes que no están acomodados. "La sangre está cayendo al patio" es una representación de una crisis enquistada a través de personajes muy solitarios que viven en paisajes desoladores.
PREGUNTA: Como buen libro de cuentos, “La sangre está cayendo al patio” reúne varias historias en una misma obra.
RESPUESTA: En concreto estamos ante nueve cuentos. Hay uno que yo lo considero el disparador de todos ellos, que es “El recogedor de animales”. Lo protagoniza un hombre que trabaja limpiando carreteras por la noche y que al acabar su jornada, se lleva a casa a todos los animales que se va encontrando. Cuando yo tuve este cuento me di cuenta de que tenía un libro, porque en definitiva ese cuento abre la puerta a otros. Tenemos “El vigilante”, donde un hombre que trabaja y vive en un bloque de viviendas empieza a tener unas extrañas alucinaciones acústicas. Hay otro cuento donde hay una chica que pierde a su familia y tiene que sobrevivir con apenas dinero. Se pueden leer tres cuentos relacionados sobre las periferias urbanas que beben de una experiencia mía cuando fui de Erasmus hace muchísimo tiempo. Todos los cuentos tienen de fondo el tema de una crisis enquistada con personajes muy solitarios que viven en paisajes que reflejan mucho esa crisis.
P: Producto de esos paisajes, la mayoría de los personajes no tienen buenos trabajos o viven en mitad de la nada. Forman parte de un escalafón bajo de la sociedad. ¿Te interesaba visibilizar esa parte de la población?
R: Por algún motivo, a mí todo me lleva a escribir sobre situaciones de precariedad en general, ya sea material, mental, física y de todas las declinaciones que se te puedan ocurrir. En definitiva, en situación de vulnerabilidad. No me lo planteo de manera fría, sino que creo que cada uno escribe sobre las cosas que le asaltan,y esto es lo que me asalta a mí. Tú no eliges sobre qué escribes, son las historias las que te encuentran. En mi caso, jamás he escrito sobre un personaje acomodado. Mi escritura no se nutre de ahí. Siempre digo que escribo sobre ese tipo de personaje que siento cercano. Si alguna vez algo me va mal en la vida, ¿cómo acabaré? Como un personaje mío seguro.
P: A estas historias les dotas de una serie de elementos donde los protagonistas viven auténticas pesadillas. Llama la atención especialmente en el que la protagonista sufre acoso.
R: Lo que quería contar en ese cuento es que a veces estamos en un lugar que no es el nuestro. Le pasa a la protagonista de la historia. Esta chica no hablaba el idioma de la región en la que se encuentra y además es muy diferente al resto, pues ella es blanca en un sitio donde es extraño. De repente, siente que hay un chico que quiere ligar con ella de un modo muy agresivo. Esto le hace dudar en si está siendo acosada o si son solo prejuicios de ella. Quería moverme en esa línea en la que los acosados por la sociedad empiezan a practicar ese acoso, haciendo que una víctima acaba atacando a otra víctima.
P: ¿Qué buscabas incluyendo esa parte más intimidante precisamente a estos pobres personajes?
R: Creo que la vida se experimenta como algo intimidante, sobre todo cuando estamos mal. En esos momentos, la vida se puede convertir en una especie de monstruo. Todas las personas y circunstancias que creemos que nos esperan las vivimos como algo amenazante. Yo trato de hacer el dibujo de esos personajes que viven la vida como si todo fuera un peligro potencial.
P: Hace poco hablamos con Cristina Fernández Cubas y nos dijo que a ella le aburre lo cotidiano y que por eso en sus historias introduce elementos extraños. ¿Te identificas con esta afirmación?
R: La realidad cotidiana en sí misma no es nada. De hecho, casi todos los días son bastante iguales en una vida normal. Pero en realidad si tú te paras a mirar detenidamente esa vida cotidiana, se empieza a colar lo extraño porque tiene infinitos matices. Toda esa peculiaridad puede enfocarse bien en la literatura con los efectos extraños. A mí no me aburre esa realidad, sino que la observo con atención. Por ejemplo, hay sitios muy feos que a la mayor parte de la gente no le dice nada, pero a mí me dicen un montón de cosas.
P: ¿De dónde viene este interés por los elementos y situaciones que se salen un poco de la lógica?
R: Uno lee porque la literatura le ofrece historias que se salen de la lógica. Muchos de esos buenos libros son desvíos hacia lo interior y lo absurdo. Son retorcimientos de la mirada con análisis muy profundos. Mi interés viene de mi ser lector y de querer la posición del observador.
P: Llevabas tiempo sin publicar el género del cuento.
R: Los cuentos me gustan mucho como lectora pero también como escritora. Así como la novela llega un momento que empiezo a sufrirla, con los cuentos no me pasa. Tengo como mucha naturalidad con este género y siento que hay cosas que solo puedo contar a través de él. Y si se te da bien, es muy gozoso escribir cuento.
P: ¿Crees que el cuento morirá en algún momento o siempre formará parte de la sociedad?
R: Los cuentos son historias, y las historias no mueren. Mucho tendríamos que cambiar como sociedad para que se dejaran de contar historias. Si mueren los cuentos, muere nuestra necesidad de contar y que nos cuenten relatos. En definitiva, nos convertiríamos en otra especie.


