Beatriz Serrano: "Internet sigue siendo el refugio de los solitarios, pero ya no es tan amable"
Beatriz Serrano, periodista y escritora, ha vivido un despegue meteórico desde su incursión en la escritura. A solo un año de su primera novela “El descontento”, entremedias ganó el Premio Ondas al mejor pódcast conversacional con “Arsénico Caviar”, y ahora es la finalista del Premio Planeta 2024 con su segundo libro "Fuego en la garganta". Una novela generacional, que sigue el paso de la infancia a la madurez de su protagonista, Blanca, entre chats en foros de Internet y milagros obrados con su mente. Abandonada por su madre cuando era pequeña, emprenderá una aventura empujada por su fuego interno y sin olvidarse nunca de su pasado.
PREGUNTA.- ¿Cómo has afrontado todos estos cambios?
RESPUESTA.- Realmente el éxito de “El descontento” me pilló un poco por sorpresa, pero también fue una cosa bastante gradual, porque es un libro que publiqué en un sello más pequeño dentro de Planeta y que funcionó muy bien por el boca oreja. Fue poquito a poco y realmente mi vida no cambió porque yo seguía haciendo lo mismo, solo que de vez en cuando tenía que hacer entrevistas o iba firmas. Pero esto sí que es un cambio de la noche a la mañana, incluso me he cogido una excedencia [ríe]. Es un premio muy mediático, muy popular, que conoce todo el mundo. Aunque no leas libros, sabes lo que es el Premio Planeta. Entonces hay un cambio de todo: tanto económico, que a mí me permita tener unos años de tranquilidad dedicada única y exclusivamente a escribir libros, hasta que de repente la gente te reconozca. El día más raro fue cuando hicimos la firma en Madrid y luego me fui a tomar unos vinos con mis amigos y tres personas me pidieron una foto. Entonces ahí fue como “guau”, creo que algo ha cambiado en mi vida. Lo definiría como surrealista, la verdad.
P.- Estando en el foco mediático, ¿Has cambiado en algo?
R.- Yo lo que he dicho, lo que he opinado, lo que he comentado está en Internet. Hay muchas cosas que he dicho en el pódcast que tengo con Guillermo Alonso, que las sigo pensando exactamente igual y no voy a cambiar mi discurso por esto. Y tampoco noto que me esté censurando y espero no hacerlo, la verdad. Tenía un poco de miedo por si la editorial esperaba una versión descafeinada de mí, pero no he tenido esa sensación.
P.- ¿Cómo decidiste lanzarte a escribir novelas?
R.- En realidad he escrito toda mi vida. De hecho, la decisión de estudiar periodismo fue porque no tenía muy claro qué quería hacer en la vida, pero tenía claro que escribir me gustaba mucho. Entonces escogí una profesión que me permitiese escribir. Durante mi carrera he hecho cursos de guion, siempre ha estado picoteando de la ficción y he escrito ficciones. Lo que me sucedía era que nunca conseguía empezar y terminar una historia hasta que, de repente, me comprometí con “El descontento”. Me sucedió que escribí el principio y se me apareció el final de la historia, entonces tenía que ir de la A a la Z, pasando por todas las letras. Tenía muy claro y estaba muy comprometida con querer terminarla, con querer seguir explorando la psique de Marisa. Llegó un momento que se metió en mi cabeza y empecé a pensar en ella a la hora de acostarme, como si me estuviese sucediendo a mí. El momento en el que abrí esa puerta ya era más fácil entrar y salir. Una vez has hecho tu primera novela, es más fácil ponerte con las demás.
P.- ¿Hay algo de ti en Blanca?
R.- Hay bastante de mí porque, en primer lugar, la infancia que tiene Blanca es muy solitaria y la mía fue solitaria, por razones distintas. Mis padres eran de Madrid, pero por el trabajo de mi padre me criaron en Valencia y soy hija única. No tenía primos, ni tíos, ni abuelos alrededor y en esa época, en los 90, donde todo el mundo los domingos se iba a comer a casa de los abuelos, yo no tenía eso. Me sentía bastante sola porque no tenía esa red familiar que otros amigos míos sí que tenían y eso me hizo buscar esa red en lazos que no fueran de sangre. Al final es lo que hace Blanca también, buscar gente que la entienda o que la trate como parte de una familia sin ser de su familia. En ese sentido somos muy parecidas.
Luego la localización, el barrio, la infancia de clase. Nosotros no éramos pobres, pero al principio sí que éramos de una clase más humilde. Luego a mi padre le fue yendo bien en el trabajo y prosperó, pero al principio me crie en un barrio obrero. Esa infancia de extrarradio de ciudad creo que es distinta a haberte criado en el barrio Salamanca o incluso en el centro de la ciudad. Son experiencias distintas y en ese sentido sí que me parezco mucho a Blanca. Y luego ese periodo de adolescencia en el que descubres que eres mujer y que el mundo te trata distinto por ser mujer. También es similar al proceso que yo viví entonces. Aunque ella es bastante más guay de lo que yo era, porque escucha The Cure, es gótica… "Drácula", las Brönte y "Frankenstein" sí que los leí, pero ella es más “cool” que yo.
P.- La amistad y el paso a la madurez son temas clave en la novela, ¿Cuáles han sido tus referentes?
R.- Siempre me ha gustado mucho el género del “coming of age” (las novelas iniciáticas), porque esa experiencia es distinta siendo hombre o mujer. Cuando estaba en el Instituto me mandaron leer “El guardián entre el centeno”, que es una novela que está “guay”. Además, tiene mucha mística alrededor, porque se supone que el asesino de John Lennon, antes de pegarle un tiro en el edificio Dakota, estaba leyéndola. Pero de repente llego a la Universidad y leo "Nada", de Carmen Laforet; “Entre visillos”, de Carmen Martín Gaite; “La campana de cristal”, de Sylvia Plath; “Mujercitas”, descubro a Elena Ferrante, a Edna O'Brien… Cuando yo descubro a estas mujeres en la universidad hablando de ese periodo, ese salto de la infancia a la madurez, me da la sensación que en nuestro momento nos lo perdimos. Esa mirada cómplice en la literatura que nos podía decir “yo también he pasado por esto”.
En la adolescencia los hombres descubren que el mundo está hecho para ellos y se expanden, mientras que las mujeres nos encogemos. Nos empieza a incomodar nuestro propio cuerpo, porque empezamos a percibir la mirada masculina sobre nosotras. Empezamos a hacernos chiquititas, a saber que nuestro lugar en el mundo es secundario, al lado del hombre. Todo eso me inspiró mucho y era una parte que yo quería contar. Más recientemente Alana Portero, con “La mala costumbre”, demostró que el “coming of age” no estaba muerto, que todavía se podía contar. La experiencia del paso de la infancia a la madurez es desde muchísimas perspectivas, por ejemplo la perspectiva trans.
"En la adolescencia los hombres descubren que el mundo está hecho para ellos y se expanden, mientras que las mujeres nos encogemos"
P.- ¿Dirías que es una novela para los millennials o la generación Z?
R.- En realidad cuando escribo no estoy pensando en estos términos de marketing o dónde se coloca esto en la librería. No estaba escribiendo para millennials, lo que pasa que cuando empiezo a pensar en un “coming of age” tengo que ir a mi propia infancia y mi infancia es en los 90. Imagino que habrá mucha gente que ha vivido algo similar y podrá sentir cierta identificación con eso.
P.- Con este premio has ganado 200.000 euros. Dijiste que eso da ni para para comprar un piso, ¿Actualmente para que da ese dinero?
R.- Yo me quedo con un poquito más de la mitad, que sigue siendo muchísimo dinero. Estoy muy agradecida. Pero los pisos en Madrid, en Valencia, en Málaga o en Barcelona, pones 120.000 euros y tienes un zulo, o sea un bajo de 30 metros cuadrados, en donde Cristo perdió el mechero. Soy hija de la crisis y he tenido muchos trabajos precarios, he sido camarera, he envuelto regalos en El Corte Inglés, y he escrito artículos por 5 euros hasta que me empezaron a tomar en cuenta. Es verdad que no da para un piso y es terrible que el tema de la vivienda esté como esté. Y que incluso con uno de los premios más mediáticos y mejor pagados, tanto para la ganadora como para la finalista, una inyección económica brutal, aún así no da para muchas cosas.
P.- En el libro hay una frase que dice “Internet siempre ha sido el refugio de los más solitarios”, ¿Crees que sigue siendo así?
R.- Creo que lo era. Creo que lo puedes seguir siendo, que sigue habiendo comunidades, pero ahora hay mucha hostilidad. Si eras una persona que se sentía sola, entrabas en Internet para conectar con gente que se pareciese a ti. Blanca tiene poderes y no entiende lo que le pasa, pero si piensas en gente LGTBI, que en su entorno no podía comentar lo que pasaba, en Internet encontraban comunidades afines aunque estuviesen a kilómetros de distancia. Antes era un Internet bastante más amable que el que hay ahora. Era bastante más íntimo, hablamos de un Internet pre-redes sociales, un Internet de foros, de chats; un Internet que nos repetían constantemente que era muy peligroso, pero yo creo que es mucho más peligroso ahora. Entonces sí, creo que sigue siendo el refugio de los solitarios. Creo que gracias a Internet puedes encontrar a gente que por lo menos viva experiencias parecidas a las tuyas.