EN ZARAGOZA

Paloma Sánchez-Garnica: "El Planeta es el reconocimiento a años de tesón, de perseguir un sueño"

Paloma Sánchez-Garnica empezó a escribir con 43 años
La escritora, que vivió en Zaragoza durante su infancia y adolescencia, ha parado hoy en la capital aragonesa junto a la finalista del Planeta, Beatriz Serrano

A Paloma Sánchez-Garnica (Madrid,1962) las calles de Zaragoza le evocan algo especial, su niñez, su adolescencia y ese cierzo que soplaba, y sigue soplando, cuando la ganadora del Premio Planeta 2024 paseaba por ellas. Quizás muchos no lo sabían, pero la escritora vivió en la capital aragonesa junto a sus padres y sus dos hermanos hasta los 20. Este jueves volvía a la ciudad con un Planeta bajo el brazo y junto a la finalista, Beatriz Serrano, para encontrarse con sus lectores. "Victoria" es el nombre de la novela que, como en una premonición, le acabó dando la suya propia. Con el ajetreo en la agenda de aquellos que se han alzado con el mayor primero literario (al menos el de mayor cuantía), Sánchez-Garnica habla de un Berlín arrasado, una historia de amor y la violación de los derechos humanos en una novela de premio.

PREGUNTA.- "Victoria" al final le dio la victoria y se llevó el Planeta. ¿Se lo esperaba?
RESPUESTA.- Estoy muy feliz. Es como un reconocimiento a mucho trabajo, mucho esfuerzo, años de tesón, de perseguir un sueño, de trabajar por un proyecto y al final conseguir una meta. Eso puede ser un largo camino, siento que he conseguido un reconocimiento a mucho esfuerzo porque me ha costado mucho llegar hasta aquí. No es que el Planeta haya sido una meta, pero es verdad que en la escritura vas subiendo escalones y vas haciendo cada vez más lectores. En "Últimos días en Berlín" me presenté al Planeta porque sé que la promoción es brutal y entonces llegas y se te amplía el espectro de lectores de una manera impresionante.

Me quedé a muy poco de ganarlo y entonces dije: voy a volver a intentarlo. Hace unos años ni siquiera me lo planteaba, ni siquiera se me pasaba por la cabeza pero sigues el camino y sigues soñado. Al final, lo importante es escribir.

P.- El Planeta siempre es motivo de crítica...¿Cree que el lector prejuzga más a la hora de enfrentarse a la novela?
R.- Creo que cada escritor somos un mundo. El hecho del Planeta al ser una noticia a nivel mundial, sobre todo en el tema en el ámbito de lengua castellana, en España y en Latinoamérica, suscita también pues los odiadores de todo, ¿no? Gente que critica, gente que no, que dice que no lee los Planetas porque sí, porque son muy malos, pues bueno a lo mejor se pierden grandes historias. También está ese prejuicio, las mujeres que escribimos que, bueno, muchas veces hay hombres que dicen que no leen novelas escritas por mujeres porque no quieren y porque no les gusta. Creo que en las novelas hay que entrar porque te llaman, te atraen, porque has oído que están bien o simplemente pues esa sensación de querer leer y descubrir una historia que puede resultarte interesante. Que da igual que tenga el sello Planeta o que no lo tenga. Lo que sí que es verdad es que el Planeta tiene una promoción muy grande y entonces las críticas son muy evidentes.

"Creo que en las novelas hay que entrar porque te llaman o por esa sensación de querer leer"

P.- Dice que esta no es una novela histórica, pero sí que aparecen hechos como la construcción del Muro de Berlín.
R.- Por supuesto, no es novela histórica, porque yo no trato los hechos históricos ni a un personaje histórico como como elemento fundamental de la historia, como el bastión alrededor del cual ficciono sino al contrario. Yo pongo a mis personajes a vivir y a gestionar sus sentimientos en un momento histórico. Es que, ¿desde qué momento es una novela histórica? En las novelas tratamos los sentimientos universales del ser humano, cómo gestionan sus sentimientos, su capacidad de amar, el odio, la envidia que sufren, las traiciones, la capacidad de decidir, la capacidad de actuar en un espacio histórico determinado, con unas leyes determinadas...Nada tienen que ver los prejuicios de hace 40 años con los de ahora y cómo puede ser si éramos los mismos seres humanos. Lo que yo trato de hacer ver es que todo gira alrededor del momento en el que te toca vivir.

Y eso es lo que trato yo de entender, cómo vivieron personas como yo o como cualquiera de mi entorno en la sociedad en la que me muevo, cómo vivieron en esa época determinada para que el lector, igual que yo, cuando voy escribiéndolo pueda ir de la mano de esos personajes en su vida cotidiana. Cómo ellos afrontan sus decisiones, cómo asimilan las cosas que pasan. Digamos que es una novela costumbrista, una novela de amor, de espías, de thriller...Al final todas las novelas te enseñan algo.

P.- Vuelve a ese escenario que ya abordó en "Últimos días en Berlín". ¿Tenía claro que después venía "Victoria"?
R.- Sí, cuando terminé "Últimos días en Berlín" ya me surgió la curiosidad de cómo se vivió en esos 15 años anteriores al muro. Ese 13 de agosto de 1961 cuando se cierra la frontera y se empieza a construir el muro físico. Quería adentrarme en cómo se movían en ese Berlín después de la guerra sin muro. Sectorizado, dividido, ocupado, pero sin muro, o sea, que podían. No había restricciones para ir de un lado a otro. Después de salir de "Últimos días en Berlín" estaba muy concentrada en las consecuencias del nazismo. No solamente en el horror del Holocausto sino también en la violación de los derechos fundamentales a los judíos, a los eslavos y a todo el que se pusiera por delante de los nazis. Me di cuenta que al otro lado del Atlántico, en un país democrático, en un país que se define como el más justo, más rico y más poderoso del mundo resulta que había un atentado fragante de los derechos fundamentales.

P.- "Victoria" es también una novela de amor...
R.- Siempre hay amor, siempre hay amor. Al final, los seres humanos nos movemos por amor, por los lazos familiares, por las malas decisiones, por un malentendido que aparentemente parece olvidado pero que con el tiempo causa dolor. Pero sí, hay mucho amor. El de Victoria que se enamora de un norteamericano, Robert Norton. Es un amor que lo salva a ambos pero también los expone a todas las amenazas que lastran cada uno de ellos. Convirtiendo al otro en la parte más vulnerable. Esta violencia vicaria, ¿no? Es decir, no te hago daño a ti pero hago daño al que más quieres. Y eso es lo que les pasa a cada uno de ellos. Creo que es una historia de amor muy tierna y muy entrañable.

P.- Dio el salto a la literatura con 43 años y casi 20 años más tarde ya tiene un buen puñado de novelas y un Planeta...No ha perdido el tiempo.
R.- La verdad es que nunca pensé en escribir jamás hasta los 43 años, pero sí que es verdad que he tenido inquietud desde los 20. El mundo de los libros me ha fascinado siempre, o sea, las librerías, las bibliotecas, acumular libros, hacer mi biblioteca. Yo tengo una biblioteca con muchos libros. Porque para mí es como un patrimonio mío, los leídos y los no leídos, porque los no leídos son absolutamente agradecidos, no piden nada, solamente aguantan y esperan ahí sin reclamarte nada.

Siempre tuve una inquietud, sabía que había venido al mundo a hacer algo. Y en esa búsqueda hice dos carreras, me casé, tuve hijos y de repente me colocó en 43 y les dije a mis amigos que iba a escribir una novela. Pero sin ninguna ambición además de escribir, me dijeron que estaba muy bien, la presenté. La mandé a una agente literaria, me la publicaron y me fascinó de repente todo aquel mundo editorial. En ese momento fui consciente de que era donde quería estar. Seguramente si hubiera tenido esa certeza a los 20 años y me hubiese puesto a escribir, hubiera sido un fracaso porque yo era muy impaciente, muy vehemente. Pienso que tenía que ir formándome cultural y profesionalmente para formar unos personajes ciertos y creíbles y eso, en mi caso, solo lo da la experiencia.

P.- Firmas hoy en Zaragoza, quizás mucha gente no lo sepa pero es tu tierra...
R.- Claro. Llegué con cuatro años aquí con mis padres y mis hermanos, mi padre sacó la cátedra y fue el decano de la Facultad de Veterinaria hasta 1981 cuando murió y aquí están enterrados mis padres, viven mis dos hermanos, mis cuñadas y mis sobrinos. Aquí he pasado mi niñez y adolescencia hasta los 20 que me casé. Siempre vuelvo porque para mí las calles de Zaragoza tienen algo especial, hasta el cierzo.