Luto en La Galliguera
Se ha ido la sonrisa más entrañable de La Galliguera. Nos ha dejado Leonor, la que recibía con los brazos abiertos en su casa de Erés, la que siempre defendió el río Gállego frente a la amenaza del pantano de Biscarrués, la que jamás rebló por difíciles que se pusieran las cosas. Se ha marchado la mujer entrañable, la que regalaba afecto a quienes acudíamos por allí, la que nos atendía a todos con la disposición propia de las personas buenas.
Porque Leonor fue visceralmente una persona buena, alguien que acogía sin esperar nada a cambio, alguien que apenas que se asomaba a la ventana, llenaba la plaza de luz. Y por eso, junto a la tristeza de perderla, nos cabe el consuelo de que llegó a conocer el final de la pesadilla de ese proyecto que hubiera anegado Erés y destrozado el Gállego.
Conocer a Leonor supuso para mí un premio de la vida. Era una satisfacción conversar con ella en la cocina, mirar fotos, pasear por la plaza, acompañarla a la iglesia de Erés. Era también un privilegio caminar junto a ella al cementerio, a pocos metros de su vivienda, donde reposan su marido y su malogrado hijo Mariano, a compartir y aliviar su dolor por esas pérdidas. ¡Y cómo nos reíamos cuando le llamaba por teléfono para preguntar si allí vivía la señora más guapa del Reino de los Mallos! ¡Cuánta alegría y cuánto cariño en su respuesta!
Que el Gállego rinda homenaje a esta mujer que jamás lo abandonó.
Nos quedamos huérfanos de la generosidad y de la entereza de Leonor. Recordarla nos consolará.
Gracias por ser un ejemplo de lucha y amistad.