La crisis venezolana, entre la resignación y Trump

victor manuel perez martinez
La población venezolana, en el país y fuera de él, está dividida entre quienes celebran el arresto, según la versión oficial de Estados Unidos, de Nicolás Maduro, y quienes aún respaldan su figura presidencial.

La población venezolana, en el país y fuera de él, está dividida entre quienes celebran el arresto, según la versión oficial de Estados Unidos, de Nicolás Maduro, y quienes aún respaldan su figura presidencial. Como suele ocurrir en todos los conflictos, hay diversas lecturas y puntos de vista ante un acontecimiento. 

La política en Venezuela se vive desde las emociones con una intensidad que refleja tanto la esperanza como la frustración colectiva. La figura del «mesías político» ha estado presente en el imaginario colectivo: un líder capaz de resolver o al menos aliviar la compleja crisis del país. 

Donald Trump, ha reafirmado su intención de asumir el futuro de Venezuela y de su petróleo: «Dirigiremos el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y sensata». ¿Una nueva versión de la doctrina Monroe en la región, «América para los americanos»? Todo bajo la mirada de China, Rusia y de otros países, antes aliados estratégicos y comerciales de Venezuela, a pesar de su poca capacidad de producción petrolera.

Por lo pronto Trump desea alcanzar un primer objetivo: asegurar de 30 a 50 millones de barriles de petróleo para Estados Unidos. En un segundo plano, el debate sobre la legitimidad de acciones militares con bombardeos, ruedas de prensa destinadas a justificar los hechos, declaraciones contradictorias y una escenificación televisiva del arresto y procesamiento judicial a Maduro. 

¿Hay razones para quienes celebran la ausencia de Maduro? Él asumió la presidencia en 2013 tras la muerte de Hugo Chávez quien le había designado como su sucesor. Las elecciones de 2024, que le otorgaron un tercer mandato, fueron cuestionadas. El Consejo Nacional Electoral lo proclamó ganador sin publicar las actas oficiales, lo que detonó protestas, rechazo internacional y acusaciones de autoritarismo. 

Más de siete millones de venezolanos han dejado el país en los últimos años en búsqueda de mejores condiciones de vida o por razones políticas. En un reciente informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos documenta con precisión: represión de manifestaciones, detenciones arbitrarias, persecución a opositores, periodistas y defensores de los derechos humanos. Huida forzosa de decenas de líderes opositores, entre otras evidencias, reflejan un clima de intimidación política. 

¿A quién apoya Trump? Hay decepción entre sectores de la oposición venezolana, concretamente entre los partidarios de Edmundo González (reconocido por varios países como presidente legítimo de Venezuela) y María Corina Machado (premio Nobel de la Paz) ante la expectativa de liderar una transición en el país. 

En contraste, el gobierno venezolano está obligado a reformular su estrategia política. Una nueva etapa en la cual se plantea dónde han quedado las ideas antiimperialistas y bolivarianas que durante años definieron el discurso del chavismo.

¿El ejército venezolano? Históricamente clave en Venezuela, el sector militar cobró protagonismo con el golpe de Estado de Chávez en 1992. Desde entonces, ha ocupado un lugar determinante en las decisiones del Estado, incluso cuando el discurso oficial habla de un movimiento civil. 

Diosdado Cabello, figura clave, también en la lista de Trump y compañero de armas de Hugo Chávez, es un referente indispensable en la política venezolana. La influencia militar en sectores sociales y estratégicos sigue siendo palpable. 

Por el momento, el apoyo de Vladimir Padrino López a Delcy Rodríguez se circunscribe a su papel como presidenta encargada, a la espera de definiciones políticas que, en las próximas semanas, deberían conducir a la convocatoria de elecciones presidenciales.

En este contexto, la oposición busca reorganizarse después de un prolongado periodo de fragmentación y desgaste. Pese a persistir tensiones internas, los últimos procesos electorales evidencian un avance hacia una mayor cohesión. A ello se suman las negociaciones con el oficialismo y la presión internacional, que configuran una posible ventana de oportunidad.

Venezuela se encuentra, una vez más, ante una encrucijada. La ausencia de Maduro puede marcar un punto de inflexión, pero los factores estructurales (militares, económicos, sociales) serán determinantes. La pregunta ya no es solo quién gobierna, sino cómo y para qué.