Opinión

Otro reto al comercio

Desde que en noviembre de 2011 Mariano Rajoy accediera al Gobierno de la nación, el presidente, condicionado por la losa de la herencia recibida y en contra de lo marcado en su programa electoral, ha afrontado una serie de reformas dirigidas a financiar una deuda pública que se ha disparado por el desmesurado incremento del déficit. Unas medidas que, básicamente, se han traducido en una subida de impuestos que está haciendo que, día a día, la ciudadanía pierda poder adquisitivo, en vez de profundizar en el más que necesario recorte del gasto público generado por unas Administraciones hipertrofiadas y mal gestionadas.

Desde que en noviembre de 2011 Mariano Rajoy accediera al Gobierno de la nación, el presidente, condicionado por la losa de la herencia recibida y en contra de lo marcado en su programa electoral, ha afrontado una serie de reformas dirigidas a financiar una deuda pública que se ha disparado por el desmesurado incremento del déficit. Unas medidas que, básicamente, se han traducido en una subida de impuestos que está haciendo que, día a día, la ciudadanía pierda poder adquisitivo, en vez de profundizar en el más que necesario recorte del gasto público generado por unas Administraciones hipertrofiadas y mal gestionadas.

En esta línea de actuación, ha incorporado una medida relativa a la liberalización de los horarios comerciales que nada tiene que ver con los actuales problemas de España. Una medida que sólo beneficia a la gran distribución, mayoritariamente de capital extranjero, que no sólo no produce avance alguno en la necesidad de incrementar los ingresos del Estado ni de crear empleo, sino que por el contrario, actúa en detrimento del comercio español, integrado por 600.000 pymes, con 3,2 millones de autónomos y trabajadores por cuenta ajena.

Tampoco se va a generar el efecto de dar más y mejor servicio al consumidor. Pretender abrir todos los domingos únicamente persigue un deslizamiento del consumo desde el pequeño comercio a las grandes superficies. Así, mientras los nuestros se vayan quedando por el camino, las cuentas de resultados de la gran distribución se irán engordando para que al final acabe predominando un modelo de comercio impersonal, sin alma, y sin las aportaciones sociales que hace el pequeño comercio: atención personalizada, calidad, proximidad, revitalización y dinamización de nuestras calles…

En ocasiones me pregunto por qué determinados políticos muestran esta insensibilidad hacia nuestro sector; sabiendo que en las próximas elecciones entre sus posibles votantes se encuentran esos 3,2 millones de pequeños y medianos empresarios y trabajadores que aspiran a mantener su empresa familiar y un empleo estable. Cargos públicos que acuden a inauguraciones de grandes centros privados donde les agradecen las facilidades dadas mientras que nunca se aproximan al pequeño comercio, a empresarios que se juegan su patrimonio y que tributan en el territorio, por lo que deberían tener un especial tratamiento y reconocimiento por parte de las instancias públicas.

Ante esta alteración por parte del Gobierno del marco de la actividad comercial en España, ECOS y CEMCA hemos reclamado la interposición de recurso de inconstitucionalidad “ad cautelam” contra la norma estatal, por entender que se vulneran las competencias exclusivas en materia de comercio y horarios comerciales que recoge nuestro Estatuto de Autonomía.

Además, hemos reclamado al Gobierno de Aragón que se apliquen los mínimos previstos en la normativa estatal, diez domingos de apertura y noventa horas semanales; así como que la norma aragonesa establezca mecanismos para evitar que prosperen propuestas poco objetivas e injustificadas de declaración de zonas de gran afluencia turística en materia comercial.

En este sentido, hemos reclamado al Ayuntamiento que en Zaragoza se declare una única zona de gran afluencia turística en materia comercial; la que coincide con las calles que rodean a la Basílica del Pilar dentro de lo que es considerado como casco romano; por ser el lugar donde acuden los escasos turistas que se acercan a nuestra ciudad.

Nuestra Federación, que este año cumple 35 años, seguirá trasladando a las instancias políticas y públicas competentes en la materia nuestras reivindicaciones para defender un modelo equilibrado de comercio en nuestra ciudad y en Aragón; y conseguir que en las decisiones políticas que se van a tener que adoptar reine la objetividad, la cordura y la sensibilidad hacia nuestro modelo comercial aragonés a pesar de las presiones que tienen que sufrir por parte de la gran distribución.

Estamos confiados de afrontar este nuevo reto al comercio zaragozano y aragonés con éxito. Éxito que redundará en beneficio de nuestros empresarios, trabajadores y de los consumidores.