Navidad... ¿Diversa? ¿Igualitaria? ¿Aconfesional?
A pesar de esa heterogeneidad religiosa que nutre las conciencias de las personas, y de la pluralidad ideológica que sostiene sus mentes, no cabe duda de que el legítimo y evidente sentido de la Navidad hunde sus raíces en la celebración del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. En España, en Aragón, en Zaragoza aún se mantienen los tradicionales belenes y el desfile de las cabalgatas, aunque eso sí, de una forma un tanto sesgada.
En la actualidad no existe ámbito social, cultural, educativo o religioso en el que no se apliquen las directrices de lo políticamente correcto en loor de relativizarlo todo. En el caso que nos ocupa, la Navidad (Natividad), las tendencias a revolverlo todo inciden en la falta de respeto por observar lo que la tradición marca como veraz. Que la libertad religiosa implique no acatar una misma confesión como la "oficial" es una cosa, pero pretender desvirtuar la esencia que anima una creencia concreta es otra muy diferente.
Con respecto a Zaragoza, el Belén de la plaza del Pilar aún conserva su integridad que da sentido a su organización arquitectónica. Es cierto que desde que gobierna ZeC en el Consistorio zaragozano el nacimiento está de espaldas al edificio del Ayuntamiento; será casualidad. En cuanto a la Cabalgata de Reyes, indicar que como tal solo quedan los Magos, pues el resto del montaje adolece de representatividad tradicional, la cual da paso a un paganismo brutal, vulgar. Y suerte que no son reinas magas las que se ubican en las carrozas, por ahora.
Para ver hasta dónde llega el descaro y el dolo en la acción, en ciudades españolas se montan belenes paritarios, inclusivos o sin referencias religiosas. Se realizan desfiles en cuyas Cabalgatas aparecen reyes magos sin barba, entre otras cosas porque son mujeres. Esta es la locura que gravita en la sociedad, rizando el rizo no se sabe muy bien si por escarnecer o por una profunda falta de sensibilidad. No obstante, tanto el nacimiento de Jesucristo, este innegable hecho histórico narrado en los Evangelios, como el contenido de estos, y en general la doctrina de la Iglesia católica, son sempiternamente cuestionados, perseguidos y ultrajados inquinosamente por quienes derrochan encomios a la libertad, ¿o más bien por quienes desean la imposición de su libre albedrío?
Con todo, ¿se imaginan una representación de la obra de Federico García Loca “La Casa de Bernarda Alba”, encarnada por hombres en vez de por mujeres? O sin ir más lejos, en alusión a los Sitios de Zaragoza en la Guerra de la independencia, ¿que a Agustina de Aragón le diera vida un hombre en algún acto conmemorativo de aquella contienda, y en vez de llevar trajes de época vistiesen atuendos interplanetarios? Ridículo ¿verdad?
Se sabe que la civilización europea se apoya en cimientos cristianos. Se sabe, mucho antes de que existiera el Estado, que la Iglesia dio de comer al hambriento, enseñó al ignorante, acogió al proscrito e hizo tolerable la vida a los desdichados. Se sabe que se está quebrando la rama que sostiene al ser humano. Advertíamos antes que la Iglesia se ve amenazada por los mismos a los que trata de llevar consuelo y salvación. La manipulación navideña es inquietante, sí, sobre todo por dirigirse hacia una laicidad materialista en la que no sobrevive la esperanza sino la toxicidad de un frugal consumismo.
Que cada cual interprete la Navidad como mejor le convenga, pero sepa la humanidad entera que en aquella se celebra un acontecimiento que estremeció a toda la creación: Dios se hizo hombre, se anonadó, y en un canto a la humildad nació de mujer en un muladar entre paja y estiércol, en una noche corriente, de un día ordinario, en medio del mundo. En estas fechas, ¿le podremos preparar la mejor sala de nuestro corazón para recibirlo? Intentarlo, cuanto menos, merece la pena.