La que fuera vicesecretaria de Movilización y Reto Digital del Partido Popular, Diputada por Madrid y concejala del Ayuntamiento de Fuenlabrada, Noelia Núñez, ha dimitido. Lo ha hecho tras verse obligada a ello por el tsunami mediático en el que se ha visto envuelta arrastrando a su partido político. Ha sido rápido para que la bola iniciada no se extendiera fuera de la llamada “Ayuso de Fuenlabrada” y esta, la original, no tuviera que aparecer en bucle en los medios junto a su mini réplica salpicada por otro caso irregular, y van unos cuantos.
La joven, aunque sobradamente preparada, como anunciaba aquel Renault Clio en 1995, reflejaba a toda una generación JASP que ha continuado a lo largo de las décadas formándose académicamente. Noelia Núñez, insultantemente joven para recordar ese spot publicitario, era la viva imagen de la lozanía, el esfuerzo y compromiso con sus ideales al que toda persona aspira, sin embargo, el globo de la meritocracia se ha pinchado de golpe al saber que tan solo había aprobado la PPPAU para acceder a puestos políticos relevantes con suculentas retribuciones. Tras el sofocón inicial y repasar la hemeroteca hemos caído en la cuenta de que esta señora ha concedido entrevistas, en las que repetía sin que se le moviera una pestaña, su impresionante currículum con tres carreras universitarias. Con una falsa modestia que raya en lo repulsivo, contaba a cámara que lo suyo no era nada especial que no hubieran hecho otros jóvenes de nuestro país. Me van a permitir que afirme rotundamente que la inmensa mayoría de estos no han falsificado sus atribuciones académicas ni han dado clase en la universidad sin estar habilitados para ello.
Como la experiencia es un grado entendemos que el señor Feijoó, con quien casualmente comparte primer apellido, ha decidido que no se repitiera un caso como el de Casado o el de Cristina Cifuentes, probablemente no tuvieran un vídeo de cremas para dimitirla en diferido, por lo que la opción menos lesiva para su partido era el sacrificio de un peón, emergente, pero un peón a fin de cuentas.
Lejos de reconocer sus artimañas, Noelia Núñez no ha pedido disculpas tras su dimisión, ha aludido a una situación de confusión y a la presentación de una información incorrecta que ella misma proporcionó y repitió a quien quisiera escucharla durante estos años de actividad política. No ha habido un mea culpa borbónico con rostro compungido sino un lamento a su familia por los años de ausencias. Años en los que ha manifestado haberse dedicado enteramente a sus obligaciones parlamentarias, motivo por el que no ha podido terminar sus estudios a pesar de haber realizado una única pregunta en la Asamblea de Madrid en 24 meses.
En el colmo de la insolencia ha arremetido en su comunicado contra aquellos a los que no permite lecciones de honestidad, ella que ha mentido en la cara a millones de españoles en la cámara que nos representa a todos, depositando allí sus falsos rendimientos académicos mientras cobraba la bonita cifra de 84.799,12 euros anuales. Cualquier camarero que atiende mesas en el Tubo zaragozano posee más conocimientos en idiomas, formación reglada y honestidad que esta política, percibiendo salarios inferiores a 1.400 euros mensuales y sin la posibilidad de ser recolocados en unos meses por la lealtad demostrada.
Habrá quien diga que en la política tenemos un reflejo de nuestra sociedad, puede que una parte lo sea, sobre todo el de aquellos a quienes solo les importa el dinero y la permanencia en el poder. A pesar de extenderse estos comportamientos como un cáncer metastásico, se hace imprescindible traer medidas de comprobación de méritos académicos en las instituciones públicas para que no vuelvan a repetirse hechos de este tipo. Probablemente seguirán engañándonos por otros medios pero al menos habremos taponado una de las heridas.
No hay nada de malo en no poseer estudios universitarios si la capacidad y el trabajo desempeñado es el correcto, lo que no perdonamos es la falta de escrúpulos a la hora de mentirnos con esa cara de no haber roto nunca un plato.